Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

Rajoy endurece su discurso

Los malos resultados que las encuestas electorales le ofrecen al PP (el diario El Mundo anunciaba ayer, la pérdida del 33 % de su electorado, de un 44,4 % en 2011 al 30, 6 %), la presión del sector conservador que lidera Aznar y la crisis del PP en Madrid, Cataluña, Andalucía y Valencia, le obligan a Rajoy a actuar y endurecer su discurso. Especialmente ante el desafío secesionista catalán, del que acaba de decir ‘no voy a aceptar que nadie juegue con la soberanía nacional’.

Asimismo, Rajoy ha insistido en que ‘se ve luz’ en la salida del túnel de la crisis económica, lo que sin duda es su mayor y casi única apuesta, frente a la ausencia de acción e iniciativa en un Gobierno abrasado por su mala gestión y escaso liderazgo. Un Gabinete que Rajoy, por el momento, se niega a reformar pero que tendrá que cambiar antes de las elecciones europeas de junio de 2014. El año en el que CiU y ERC han prometido una consulta de autodeterminación de la que parece descolgarse el PSC, lo que les acarreará una nueva escisión interna como se ha visto en el pasado fin de semana.

Dos años después de la victoria de 2011 el balance de Rajoy no es positivo por más que la herencia recibida de Zapatero fuera muy mala. En la economía Rajoy ha practicado una política defensiva de recorte fácil en pensiones, funcionarios, sanidad, educación y con subida de impuestos de austeridad y ajustes. Y así sin un plan de choque por el empleo y el crecimiento el paro aumentó y dejó tras de sí amplias zonas de pobreza y desamparo social. A su vez las reformas administrativas se quedaron en poca cosa y las de mejora democrática quedaron suspendidas. El desafío catalán y la corrupción aumentaron, incluso dentro del PP por el caso Bárcenas. Al tiempo que dejaban en evidencia la credibilidad de la Justicia (véase a la fiscalía actuando de abogado de la infanta Cristina), y aparecían tocadas instituciones como la Corona y los primeros partidos nacionales PP y PSOE, por la escasez de liderazgos de Rajoy y Rubalcaba, que sufren el rechazo de los ciudadanos.

En el lado positivo de la balanza de Rajoy figura una mejora de los desequilibrios estructurales del país, del déficit y del sistema financiero (tras rescate de 40.0000 millones de la UE), la prima de riesgo y la confianza país (se dice que regresan los inversores extranjeros). Pero también con aumento de la deuda del Estado (que se acerca al 95 %) y de la privada, con unas expectativas de crecimiento muy débiles por causa de la ausencia de crédito, de la deflación imperante y por los problemas de las naciones líderes europeas, Francia, Alemania y Gran Bretaña.

El consuelo de Rajoy y del PP es que los demás no están mejor. El PSOE no consigue remontar su pésimo resultado de 2011 (del 28,8 %) y ahora está n el 27 % y con problemas de liderazgo y de unidad. Y CiU también retrocede por su deriva secesionista y se encuentra amenazada de su ruptura con Unió, o de la pérdida del apoyo al gobierno de Artur Mas que da ERC si frena el proceso hacia la independencia.

En realidad lo que preocupa a Rajoy electoralmente, a parte de perder la mayoría absoluta, es el ascenso de UPyD en toda España y de Ciudadanos en Cataluña. Dos partidos que de unirse podrían convertirse en la tercera fuerza política del país (en la encuesta de El Mundo se dice que el 47 % de votantes de UPyD quieren un acuerdo con Ciudadanos), lo que cambiaría el modelo bipartidista español. Mientras, IU sigue siendo la primera preocupación por la izquierda del PSOE, que se enfrentan por el centro con UPyD.

Naturalmente en estos dos pasados años ‘las cosas’ -de las que tanto habla Rajoy- se pudieron haber hecho mejor y de manera distinta. Pero al día de hoy esto es lo que hay. Rajoy, en el curso electoral que se aproxima, se juega todo a la recuperación de la economía, de la macro y de la cotidiana y familiar. Pero no solo depende de la economía porque esta vez deberá hacer política, (empezando en Cataluña) comunicar, y cambiar el Gobierno. Una profunda transformación de su estilo que es difícil de imaginar.

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