Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

España desolada y los políticos a palos

La imagen de la salida de la cárcel del criminal etarra Troitiño, el autor del atentado de Hipercor en Barcelona donde murieron 21 personas, ha vuelto a remover la indignación y los sentimientos de millones de españoles que ven, a su pesar pero de acuerdo con la ley, cómo semejante personaje se beneficia de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo que suspendió la doctrina Parot. No hay consuelo para las víctimas del terror, como tampoco existe un halo de esperanza para los millones de españoles que hoy sufren desde el paro o la desolación familiar y personal los efectos de la crisis económica que atenaza todo el país.

Y no perder de vista el intolerable desafío catalán que ha querido hurgar en las heridas de una España enferma, intentando sacar provecho de la postración en pos de la independencia catalana que desde luego no van a lograr. Y ¿qué podemos decir del enorme barrizal de la corrupción del que no para de salir a la luz pública con alarmantes noticias?

Y ¿qué hacen ante todo esto los primeros gobernantes y dirigentes políticos de nuestro país? Pues poca cosa, pero desde luego nada que garantice la presencia de los mejores al frente del Gobierno del PP, que está pidiendo a gritos una crisis de Gabinete a la que -como a toda decisión importante- se resiste Rajoy, por más que estemos asistiendo a espectáculos tan lamentables como el que ha protagonizado el ministro Wert, a propósito de las becas Erasmus, en esta semana que termina.

El Gobierno de Rajoy está agotado, la cúpula del PP está tocada por la corrupción de los casos Gürtel y Bárcenas y, por si algo les faltara, se acaban de pelear en público y a cara de perro los dos máximos líderes del PP, el presidente del Gobierno y del partido Mariano Rajoy y el presidente de honor del PP y expresidente del Gobierno, José María Aznar. Sobre todo después de que Rajoy haya dado órdenes a sus ministros y altos cargos del PP para que no acudan a las continuas reapariciones de Aznar, en las que el expresidente se entromete en la política del Gobierno con directas y aceradas críticas en contra de Rajoy. Un vacío oficial del PP y del Gobierno contra Aznar sobre el que, el ahora presidente de FAES, ha dicho con tono amenazante que él “toma nota” de ello y de la intención de ruptura personal con él que esto encierra.

Y si pasamos al campo de la oposición ahí está el PSOE en su Conferencia programática, con el liderazgo de Rubalcaba por los suelos, los barones aspirantes al liderazgo luchando entre sí entre  los bastidores de la reunión, y sin una fecha para celebrar unas primarias para elegir candidato. Aunque en realidad lo que deben es celebrar un Congreso para que el candidato sea el secretario general del PSOE y evitar así bicefalia. Y para que el nuevo líder pilote la redacción de su programa y no sea al revés tal y como pretende la Conferencia -’primero programa y luego primarias’, dice el aparato-, un falso discurso con el que Rubalcaba espera ganar tiempo a ver si logra permanecer al frente del poder.

Como en el PP, los primeros dirigentes del PSOE están a palos y enfrentados -González y Guerra vuelven a discrepar, esta vez a propósito del PSC-, no consienten la renovación del liderazgo y se niegan a hablar a fondo de la crisis de Cataluña y del PSC porque saben que no tiene más salida que la ruptura y la presentación en Cataluña de las siglas españolistas del PSOE. Y a no perder ahora de vista otras peleas internas en IU -entre Lara y Llamazares-, o en CiU, entre Mas y Duran.

Y si en plena crisis nacional, los primeros dirigentes del país están a palos entre sí, y además entre los grandes partidos no hayvisos de lograr un gran acuerdo nacional contra la crisis y por la unidad de España, entonces entenderemos el nivel de la desolación que invade a millones de españoles, frente al rostro impenetrable e irresponsable de quienes hoy se pelean en sus propias ‘familias’ por sus poltronas respectivas de poder, haciendo alarde de una irresponsabilidad manifiesta que daña la vida política nacional.

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