La reforma de la Administración

La reforma de la Administración del Estado avanza sin pausa y en medio de las dificultades que incluye tan ambicioso desafío. El que para muchos observadores y ciudadanos es escaso porque se evita el ajuste del llamado gasto político, o la reducción e incluso eliminación de organismos y puestos que incluyen duplicidades y elevan hasta seis, o más, los escalones de todas y cada una de las administraciones públicas. El ejemplo de varios de los miles de ayuntamientos, o incluso de la Diputaciones, o de la magnitud y exceso de cargos y organismos de las Comunidades Autónomas son cuestiones que indignan a los ciudadanos, una vez que existe la sospecha de que en muchos de esos organismos y sus distintos departamentos se ha instalado una ‘agencia’ de la colocación de militantes de los partidos políticos, sus amigos y familiares, como sin duda ha ocurrido en numerosas administraciones del país.

Queda pues pendiente mucho por hacer y puede que el cambio y el ajuste más llamativo esperado en la Administración del Estado. Pero ello no impide reconocer que el plan en curso de la reforma de la Administración pública, que coordina la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, está funcionado a marchas forzadas y permitirá no sólo el ahorro de importantes partidas del gasto público, sino una mayor eficacia y mejora de los servicios públicos, a corto y medio plazo. Finales de 2015, es la fecha que la vicepresidenta fijó para concluir su ambicioso plan, del que ayer ofreció un intenso resumen, relativo a las actuaciones ahora en curso relativas al funcionamiento público, sus normas, leyes, y la pertinente reestructuración, homologación y racionalización de funciones, organismos y gastos.

Escuchando a la vicepresidenta la pregunta que nos hacemos es la de ¿cómo hemos podido llegar a semejante y elefantiásico caos administrativo y al despilfarro demencial que todo ello encierra, en menoscabo de la eficacia y del servicio público? ¿Quiénes son los políticos responsables de este desvarío nacional, autonómico, local, etc, y cómo no se ha ejercido, mucho antes, un exhaustivo control y reforma de este cáncer por parte de distintos gobiernos y de los organismos fiscalizadores del Estado?

Se queja, y puede que con razón Sáenz de Santamaría, del poco eco y trascendencia pública que esta reforma está teniendo ante el conjunto de los ciudadanos, pero esa labor de la comunicación es tarea del propio Gobierno y no estaría de más una web con todo el programa de la reforma y el seguimiento, uno a uno, de cada caso, lo que sería importante para los medios de comunicación y para los ciudadanos. E incluso para las administraciones afectadas por las reformas afectadas por este ambicioso proyecto.

Es verdad que los grandes problemas políticos de este país, de los que el Gobierno suele huir con gran facilidad escudándose en la prioridad de la crisis económica, inunda el debate público y a la vez social y mediático como ocurre con: la excarcelación de los presos de ETA, el dramático accidente de los mineros de León, el tren descarrilado de Galicia, el desafío independentista catalán, el espionaje USA, etcétera. Pero de la Vicepresidencia del gobierno, que dirige Sáenz de Santamaría, depende la secretaría de Estado de Comunicación -y no sólo de propaganda-y mucho tememos y así parece confirmarse, incluso en quejas de los propios miembros del Gobierno, que este departamento no funciona con la eficacia que merece y es, por ello, un ejemplo fragrante de vigente fracaso administrativo.

Luego he ahí otra reforma pendiente  que la vicepresidenta debe abordar con urgencia, cuidando de paso y mucho el derecho a la información y el acceso a los gobernantes, ayudas institucionales, presencial plural en los medios públicos y el respeto a los medios e informadores y al modelo de difusión y especialmente en lo que se refiere a Internet, donde a todas luces se ha practicado, en los dos años que llevamos de Gobierno de Rajoy, una premeditada discriminación. La reforma de la Administración pública avanza, por parca que les parezca a algunos, será uno de los logros de este Gobierno, pero todavía hay mucho por hacer. Y no digamos en el campo de la comunicación, luego la vicepresidenta se lamenta y dice que ‘no se les reconoce el esfuerzo’. Si no hay político, falla la transparencia y brilla por su ausencia la comunicación, lograr ese reconocimiento es una imposible misión.