España cogida con alfileres

Las calles se vuelven a llenar de manifestantes, los estudiantes y el mundo de la educación por una parte y contra la ley Wert, y de los seguidores de las víctimas del terrorismo -a las que por fin ha recibido Rajoy- en compañía de varios dirigentes del PP y para protestar contra de la excarcelación de etarras que se desprende de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo. El Gobierno, claro está, no puede en sus circunstancias entrar en el desacato ni incumplir la sentencia de Estrasburgo, lo que además no es de su competencia sino de la Audiencia Nacional ni tampoco puede manifestarse contra la decisión de la corte europea de Derechos Humanos, de ahí que las asociaciones de víctimas del terrorismo carezcan de razón a la hora de culpar a Rajoy por lo ocurrido y por las próximas excarcelaciones, mientras el PP, siempre dividido, disimula y se reparte entre el silencio y la manifestación, ahora que los etarras -y otros delincuentes- hacen cola en la Audiencia Nacional empeñados en salir en tropel tras los pasos de su maestra criminal Inés del Río, que libre está.

La emoción ciudadana está a flor de piel, y cuidado con añadir más leña -como la secesionista catalana- a ese fuego encendido de sentimientos y pasiones, mientras los problemas del paro y de la economía siguen ahí. No en vano en el mismo día en el que el Banco de España anuncia que el país ha salido de la crisis porque en el tercer trimestre del año creció un 0,1, la Bolsa perdió la cota de 10.000 puntos porque la sospecha regresa a la los bancos a tan solo pocos días de que el ministro De Guindos dijera que España no necesita más dinero del rescate de la UE para nuestro sistema financiero (de momento nos quedamos con los 40.000 millones).

Todo está en vilo, como cogido con alfileres, por una décima más arriba o décima abajo, o con una leve mejora del empleo que se dice que anunciará la EPA. Pero las señales son tan débiles que al menor temblor se puede derrumbar el castillo de naipes que ya ha empezado a construir el Gobierno de Rajoy.

El presidente en la reunión barcelonesa del Mediterráneo saludó con frialdad a Artur Mas al que no le han dejado hablar en esa conferencia internacional -¿para alardear de la independencia de Cataluña?- en lo que se ha considerado una venganza o réplica al feo protocolario que Mas hizo días atrás a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, con lo que las espadas siguen en alto, y no hay la menor posibilidad de diálogo porque no hay nada de qué hablar, si de lo que se trata es de la autodeterminación, la independencia, el derecho a decidir y cosas similares porque la soberanía del país no está en Cataluña sino en toda España. Diga lo que diga el tal Homs, el que manda por encima de Mas, y que no sabe nada de democracia, como tampoco sabe nada del último ‘atentado’ de los Mossos de Escuadra, que parece que han matado a golpes a un empresario, o de otros casos de tortura que el Gobierno de Rajoy les indultó en diciembre de 2011 nada más llegar el PP al poder (sic).

Está todo cogido con alfileres y con los nervios y las pasiones a flor de piel. Y ojalá que no pasemos a mayores porque solo un leve temblor echaría por tierra el castillo de naipes de Rajoy. A lo mejor eso es lo que espera esa oposición -como la nacionalista-que juega al contra peor para España mejor para ellos, como si ellos no fueran a ser los primeros que caerían, sin la menor duda, en el sima si los temblores y fuerzas encontradas chocan y abren a nuestro píes el suelo protector.