Euforia Bill Gates o espejismo oficial

La noticia de la entrada de Bill Gates en el capital de FCC se ha sumado a la euforia oficial sobre la recuperación de la confianza en España por parte de los mercados. Lo anunciaron hace días el presidente de Telefónica, César Alierta, y el presidente del Banco Santander, Emilio Botín. Y así lo certifican la subida de la Bolsa por encima de los 10.000 puntos, la bajada de la prima de riesgo y la caída de los intereses de la deuda pública. El reverso de estas relucientes monedas está en el paro, los altos impuestos, la caída del consumo y la ausencia de los créditos, mientras la morosidad en los bancos permanece muy alta.

Que las noticias que llegan de los mercados son buenas eso es una realidad que favorece el optimismo pero no garantiza, a corto plazo, la solución de los urgentes problemas que sufre la sociedad española. Y la pregunta añadida, a la luz de los Presupuestos de 2014 que ahora se debaten en las Cortes, es si estas cuentas van a servir para algo más que para cumplir con el objetivo de déficit impuesto por la UE para 2014 (del 5,8%), que es lo que refuerza la confianza de los mercados en España.

En la zona intermedia está el deseo y la esperanza del Gobierno de que en 2014 se confirme el despegue del crecimiento y el descenso del paro. Sin embargo, en esa zona intermedia también cabe preguntar si el Gobierno podía haber planteado su apuesta del ajuste del déficit con otras prioridades a las enunciadas en los Presupuestos como la bajada de los impuestos, la mejora de la Educación, Sanidad e I+D, etcétera. O de medidas e incentivos urgentes para el crecimiento y también contra el paro y contra el desamparo. Pero está claro que lo más fácil y lo que producía ingresos inmediatos al Gobierno para paliar el déficit era recortar los salarios a los funcionarios, bajar las pensiones (en el IPC), el recorte en sanidad, educación, subir los impuestos e incluso dar una amnistía fiscal a los grandes defraudadores (como bien se lo recordó Rosa Díez a Montoro, tras mencionarle el rescate de la banca española por la UE y las andanzas de Rato y Blesa, en la crisis de las cajas de ahorro).

Es verdad que el Gobierno podría haber puesto en marcha otras prioridades distintas a los ajustes sociales mencionados, incluido el recorte del gasto político y de la macro estructura administrativa del Estado. Pero el gasto político parece sagrado y esas reformas no permiten ingresos a corto plazo. Y ahí entramos en la incógnita sobre lo que haría la oposición con los Presupuestos de 2014 para mejorar la situación social y a la vez cumplir el objetivo de déficit de la UE manteniendo la mejora y el apoyo de los mercados. Y da la impresión, al menos en lo que se refiere a la izquierda, que no hay muchas alternativas eficaces salvo que, como en el caso de IU que parece renunciar a la convergencia fiscal con la UE y apuesta por aumentar el déficit y el gasto público se renuncie también al euro, lo que sería un disparate nacional.

Está claro que el Gobierno de Rajoy se juega el todo por el todo, de su gestión y perspectivas electorales, a la recuperación de la economía en 2014 y 2015, renunciando a otras políticas mucho más selectivas en los ajustes y tensando la cuerda social hasta límites que empiezan a ser peligrosos, aunque la cantinela de los brotes verdes y de la confianza en España empieza a funcionar. Y está claro también que los puentes entre Gobierno y la oposición están rotos e impiden un pacto nacional presupuestario tal y como merecería este país. Pero las cosas son así y la mayoría absoluta del PP impone su ley, convencidos en el palacio de la Moncloa de que el desembarco de Bill Gates a España es una señal, mientras que desde la oposición solo se ve el reverso oscuro de la moneda. El tiempo que queda hasta las elecciones, que ya no es tanto, nos dirá quién tiene la razón y quién decía la verdad.