España a ‘cero grados, ni frío ni calor’

Rajoy se vuelve a marchar de viaje, hacia Kazajistán y Japón, con el deseo de huir del acoso parlamentario de la Oposición sobre el caso Bárcenas y de olvidarse de los disparates secesionistas de Artur Mas, quien ha perdido la cabeza y que cada día que pasa se embarca en una propuesta distinta y pareciéndose cada vez más a Juan José Ibarretxe -del que nunca mas se supo- y a su fallido plan soberanista que se estrelló en las Cortes Españolas. A la vez Rajoy considera que la salud del Rey está en vías de mejora y que el ruido de la abdicación o la regencia y de iniciativas para darle al Príncipe de Asturias un estatus está fuera de lugar. Como cree que no ha llegado el momento de hacer una reforma electoral o de tocar la Constitución hacia formulas federales que pide el PSOE (para arreglar su problema con el PSC).

Pero sobre todo Rajoy se va de viaje, dejándonos tras de sí unos Presupuestos de mas ajuste continuo, y sin medidas o incentivos para el relanzamiento de la economía, porque el Presidente se conforma con cumplir con las exigencias de la UE, exhibiendo su pretendido vuelco hacia el crecimiento a paso de tortuga y aunque solo sea decimal para 2014.

Cree el presidente que España ya está en el buen camino de la recuperación económica gracias a dos décimas del PIB que es la mejora que Rajoy ha presentado en la ONU y Nueva York, anunciando que España crecerá en 2014 un 0,7 % del PIB, dos décimas más del 0,5 % pronosticado. A lo que ha añadido un leve mejora de las cotas del paro (-0,5%), la bajada de la prima de riesgo, la mejora de la balanza comercial y de los intereses de la deuda y que todo ello le permitirá cumplir el objetivo del déficit pactado con la UE para esa fecha de finales de 2014, del 5,8 %.

Eso sí la deuda del Estado estará por encima del 92 %, la tasa del paro en el 25,9 %, los impuestos seguirán por las nubes, seguirá bloqueado el sueldo de los funcionarios y se rebaja a fondo la actualización de las pensiones, mientras el crédito no aparece y la banca anuncia que necesitara una financiación añadida porque la morosidad crece y la refinanciación de créditos con problemas ya sobrepasan los 230.000 millones de euros.

El enfermo, es decir España, no empeora pero tampoco mejora. Está más o menos como el Rey, pendiente de su lucha particular contra la infección y de una segunda intervención quirúrgica. Sin embargo el que camina hacia atrás y rumbo al precipicio es Artur Mas y su galimatías secesionista del derecho a decidir, consulta, referéndum, elecciones plebiscitarias y toda clase de ocurrencias como la de salir de la UE y quedarse en el euro, o la no menos pintoresca de la ‘doble nacionalidad’ de su socios Junqueras. Lo que hace que Mas se acerque cada vez más al final del callejón sin salida en el que se ha metido él solito en compañía de ERC. Ahora va a Bruselas donde nadie lo va a recibir, mientras que en Cataluña el Fomento empresarial le dijo sí a su documento del ‘derecho a decidir’, pero le ha anunciado que no se sumará a ese festejo. Que es lo mismo que le dicen desde el PSC (otros que también viven en la confusión), mientras Unió se queda a solas con su ‘tercera vía’ de corte confederal que no interesa ni a los independentistas ni a los españolistas, como a ninguno de esos dos polos les interesa el discurso federal del PSOE.

El inmovilismo de Rajoy se está convirtiendo, pues, en estrategia política para el secesionismo catalán como para la corrupción y la crisis institucional y alcanza también a la economía, lugar donde las únicas iniciativas novedosas son la locura de los casinos que, con permiso para fumar, se quieren abrir en Madrid y Barcelona. Mientras, el impulso económico y financiero del país se queda al albur de lo que hagan Merkel en Alemania y Draghi en el BCE, y a la lectura que hagan los mercados del mensaje oficial español de que nuestro país está ‘fuera de peligro’ y que por ello ya se puede invertir en él.

El ‘milagro de Rajoy’ consiste en no hacer nada y su quietud le está llevando a Mas a la locura, agotando el discurso de Bárcenas y bloqueando el debate de la abdicación del Rey o de la regencia del Príncipe, lo que le encanta al monarca. De esta manera se puede que la temperatura ambiente de la economía y la política española es -como se decía en un chiste que hace años se adjudicó a Fernando Morán- de: ‘cero grado, ni frío, ni calor’.