El Rey y Cataluña

Dos son las noticias políticas del día: el inicio de una respuesta o ‘contraataque’ españolista de los partidos nacionales al cúmulo de desafíos, agresiones y despropósitos del nacionalismo de CiU y ERC sobre la pretendida independencia de Cataluña, y también el debate abierto en torno a la posible abdicación del Rey por las cuestiones de salud -y otras menos explícitas como la corrupción- asunto éste que no está zanjado con un ‘no hay abdicación’ como lo pretendía la Casa del Rey con la rueda de prensa ofrecida en el palacio de La Zarzuela, horas antes de la nueva operación del Rey que hoy se llevará a cabo en Madrid.

Resulta entre sorprendente y temerario que el rey Juan Carlos, en la víspera de su enésima intervención quirúrgica y cuando se ha reconocido que sufre intensos dolores y desánimo, esté dedicando sus últimas horas antes de su operación a presidir actos oficiales protocolarios en un empeño inútil y peligroso -para la salud del monarca- de la Casa del Rey. Un disparate con el que se pretende inútilmente convencer a los ciudadanos (y a los partidos políticos) de que el Rey está bien y puede cumplir todas sus funciones de la jefatura del Estado, lo que no es verdad como lo hemos visto en el último año y medio, donde sufrió cinco operaciones quirúrgicas (el presidente de PRISA, Juan Luís Cebrián dijo ayer que el ‘Rey ‘lleva un año en el banquillo’).

El efecto de esta imprudente ‘exhibición’ del monarca empieza a ser contraproducente porque deja al descubierto su debilidad, y a la vez reabre el debate de la abdicación del Rey -que ya hemos apoyado en estas páginas- en favor del príncipe Felipe, como se empieza a comentar en medios políticos y periodísticos a pesar del mensaje premeditado de la rueda de prensa de La Zarzuela en la que se afirmó que el monarca ‘nunca ha pensado en abdicar’, y que esa decisión es solo de su competencia. Lo que no es del todo cierto porque si se lo piden las Cortes -donde reside la soberanía nacional-, bien de manera definitiva o temporal, en favor de una Regencia del Príncipe, el monarca difícilmente se podría negar.

En cuanto a Cataluña todo apunta a que el desafiante monólogo de CiU y ERC sobre la pretendida independencia catalana se va a acabar y va a sufrir un severo revés. Empezando por el jarro de agua fría que les ha caído desde el cielo de la UE al decirles que la independencia los expulsaría de la Unión Europea, y siguiendo por el hartazgo nacional español del que buena culpa ha tenido y tiene el presidente Rajoy que calificó el desafíos de ‘algarabía’, y que solo habla de ‘dialogo y legalidad’, aunque ahora este huidizo y acobardado Rajoy no va a tener más remedio que reaccionar.

Ayer mismo fue Felipe González quien, sin eufemismos, les dijo a los catalanes -e imaginamos que también al PSC-PSOE– que ‘la independencia es imposible’. Y días atrás ha sido Albert Rivera quien ha propuesto en Cataluña un frente anti independentista al que, tarde y mal, se ha sumado el PP intentando liderar ellos esa propuesta de Ciudadanos, porque la pasividad de Rajoy estaba llevando a los populares a una situación de descrédito nacional en Cataluña y toda España. O sea, que tenemos al PP, PSOE, UPyD y Ciudadanos en marcha, unos con declaraciones tajantes, y otros con propuestas federales, pero todos ellos en contra del llamado ‘derecho a decidir’ o de autodeterminación.

Como el que, además de CDC y ERC, defienden el PSC y Unió, dos partidos catalanes que han entrado de lleno en una flagrante contradicción al pedir un ‘referéndum legal’ a sabiendas que eso es imposible e inconstitucional. Que es, por ejemplo, lo que ayer pidió Duran i Lleida en un pomposo artículo sobre la nada en el que parecía desconocer que en España la soberanía sólo reside en el pueblo español, por lo que no hay la menor rendija para colar una consulta de este tipo, ni posibilidad alguna de negociación al respecto. Duran tiene un problema con sus votantes y con Mas, que ya está camino de su imposible independencia, y quiere culpar a España hasta el punto de decir que la actitud de España es ‘asfixiante’, lo que demuestra la catadura política y moral del personaje.

Vamos a ver qué pasa en la Moncloa pero todo apunta a que los silencios de Rajoy ante el desafío catalán -como ante la crisis de la salud del Rey- se deben acabar. Así se lo piden en su partido como consecuencia de la imparable indignación ciudadana con el PP por causa del habitual absentismo y ausencia de liderazgo de Rajoy.