El Papa ‘rojo’

No tardarán en aparecer movimientos integristas de la Iglesia y puede que de ciertos cardenales de la curia vaticana a favor de una sigilosa cruzada contra el Papa Francisco, al que pronto llamarán el ‘Papa negro’ -por su condición de jesuita- o el ‘Papa rojo’ por su deriva social, los cambios y el discurso nuevo que ha emprendido para revitalizar y adaptar a la realidad a la Iglesia Católica que define como ‘un hospital de campaña después de una batalla’, proponiendo curar las heridas y dar cercanía y calor a los enfermos, según se desprende de las declaraciones del pontífice a la revista jesuita La Civiltá Cattólica, en la que declara que ‘jamás he sido de derechas’, y se confiesa como un ingenuo y pecador.

No sabemos qué pensará sobre todo ello en su retiro del Vaticano el emérito cardenal Ratzinger y ultra conservador Benedicto XVI, ante el giro social y reformista que está dando el Papa Francisco a la Iglesia, a las pocas semanas de iniciar su magisterio papal, pero lo imaginamos. Como podríamos imaginar lo que pensará el aún presidente de la Conferencia Episcopal de España, Ángel María Rouco, quien, desde la debida obediencia al Papa, habrá quedado atónito al escucharle decir: ‘No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos’, como lo declaró el Papa que añadió que todo ello se ha de contemplar en su contexto, para concluir: ‘no es necesario estar hablando de estas cosas’.

De todas esas cuestiones que, de la mano de Rouco, provocaron en España masivas manifestaciones integristas que la Conferencia Episcopal española, amparada por el Papa Benedicto XVI y luego fueron presentadas como los demonios del laicismo, a la vez que Rouco y su entorno callaban ante otras polémicas como las que se derivaban de las vejaciones que algunos obispos habían llevado a cabo contra la homosexualidad. Cuestión sobre la que el Papa Francisco ha pedido respeto y comprensión. Intentando abrir las puertas de la Iglesia a todo el mundo, pidiendo mayor integración de la mujer en la Iglesia Católica, asunto sobre el que promete decisiones tras una profunda reflexión, y la transformación de los ‘clérigos funcionarios’ en pastores.

Se veía venir desde que, tras el Cónclave, apareció en el balcón del Vaticano pidiéndole a los presentes que rezaran por él, y una vez que escogió para su papado el nombre de Francisco. Luego rechazó los zapatos rojos por otros más corrientes -sus sandalias de pescador-, y la cruz de oro por otra de plata, conduciendo por la ciudad del Vaticano un viejo Renault ‘cuatro latas’, después de primar en sus viajes los contactos con los más desamparados del global y de oponerse con franqueza a la entrada de los EE.UU. en la guerra de Siria.

Veremos cómo continúan las reformas de la curia vaticana y de la Iglesia Católica en general, pero todo anuncia que el nuevo Papa Francisco está decidido a innovar, algo a lo que debería empezar a adaptarse en España y cuando antes la Conferencia Episcopal.