La derecha se encabrita con Rajoy

A Rajoy se le han acabado las excusas y escapadas que emanan de su desidia, falta de valor y escasa capacidad política. En el desafío independentista catalán está rodeado por propios y ajenos y sus mentiras y habilidades han llegado al final, y ahora ya no tiene más remedio que actuar y hablar con claridad. Había pretendido, como siempre, ganar tiempo y aplazar los problemas, mareando y engañando a todos pero su táctica dilatoria ya no le sirve porque le ha estallado en las narices en la Diada catalana y también dentro de su propio partido, donde le acusan de cobardía y de falta de firmeza y decisión. Por ello las penosas excusas de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría (mientras Rajoy permanece escondido), sobre la ‘mayoría silenciosa’ catalana y la provocativa locuacidad del ministro Margallo, lanzando a los cuatro vientos el éxito de la Diada, han provocado una oleada de indignación generalizada, que va mucho mas allá de la creciente bronca interna del PP contra Rajoy, a quien acusan de haber perdido el control del desafío catalán.

Y ahora Rajoy se encuentra solo y rodeado. La izquierda le pide la dimisión por el caso Bárcenas y no lo puede ni ver por los ajustes sociales e ideológicos de su gobierno. El centro político y sociológico (terreno abonado para UPyD) del país no le perdona la corrupción, las mentiras y el abuso del poder, ejercido desde una asombrosa soberbia. Y ahora es la derecha de su entorno y de su partido, sus votantes y los poderes fácticos, la que clama contra Rajoy, su presidencia, su gobierno y sus maneras de no hacer y huir.

La crisis y los desafíos de la Cataluña que lidera Artur Mas han desbordado, sobre todo, la paciencia y la indignación en contra de Rajoy del flanco más conservador de su entorno político, lugar donde habitan a la expectativa Aznar, Aguirre y Mayor Oreja, y donde más de uno empieza a imaginar la posibilidad de que Rajoy no acabe la legislatura. Bien porque se vea encausado en el caso Bárcenas, bien por el empeoramiento de la crisis (la deuda del Estado batió ayer todo el objetivo de 2013), bien porque él mismo renuncie porque ya no puede más, ni se ve con fuerzas para gobernar un país sumido en la triple crisis económica, política e institucional.

Demasiados retos y problemas también para su Gobierno débil y desgastado, donde la vicepresidenta Sáenz de Santamaría es incapaz de ocupar con talento y experiencia el enorme vacío político que deja Rajoy, y donde los ministros van a su aire y por su cuenta, como se acaba de ver con García Margallo, a propósito de Cataluña o de Gibraltar. O como se aprecia en ocasiones en las actuaciones de Gallardón, Wert y Montoro, y que nada tienen que envidiar al caos y la rebelión interna que anidan en la cúpula del PP, presidida por la ‘rebelde’ Cospedal.

En el campo mediático de la derecha crece la indignación contra Rajoy y a las muy duras críticas que le ha lanzado el diario El Mundo sobre la economía (los impuestos) y sobre el caso Bárcenas y la corrupción, ahora se le añade un duro ataque del diario ABC que le acusa de no responder al desafío catalán, que el diario monárquico califica de “golpe de Estado”. ¿Qué va a pasar? Después de perder inútilmente el tiempo en sus reuniones secretas con Artur Mas, ahora dice Rajoy -siempre escondido- a través de su portavoz, que responderá en 48 horas la carta que semanas atrás le había enviado el presidente catalán. ¿Necesita Rajoy 48 horas más para establecer un criterio político sobre la situación catalana? Al presidente este asunto tan grave de Cataluña se le ha ido de las manos y no sabe qué hacer ni qué decir. Lo que es peor, lo ha dejado su carácter y su talante a la intemperie y al desnudo, ofreciéndose tal y como políticamente es. Veremos qué hace y cómo reacciona, pero seguro que llega tarde como presidente del Gobierno y como presidente del PP.