Las tres llamadas a Rajoy

Se suele decir que ‘las mentiras tienen las patas muy cortas’, y todo apunta a que el cortafuegos de ‘Bárcenas el delincuente y el chantajista’ se le está agotando al PP. Y que el huidizo Rajoy se puede encontrar con tres peticiones de comparecencia: la del Parlamento, la de los medios de comunicación y la del juez Ruz, que empieza a pedir a ‘las partes’ personadas en el caso de la presunta financiación ilegal del PP, si se debe citar a declarar como testigo al presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy.

Lo que nos conduce a pensar que la confesión de Bárcenas puede enredarse más de lo que se pensaban los altos dirigentes del PP, al menos hasta que alguien de un carpetazo a la parte que afecta a los dirigentes de este partido y queden libres de sospechas, lo que no parece tan fácil. Aunque lo ocurrido con José Blanco -por un caso de menor cuantía- anima a muchos de ellos a ser optimistas, máxime cuando se controla todo el poder judicial y la fiscalía.

Pero de momento Rajoy tiene tres llamadas en su puerta y su vicepresidenta Sáenz de Santamaría -a la que se le ve el susto en la cara- no fue capaz de decir si el presidente aceptará ir por las buenas al Parlamento, o ‘del ronzal’ del terco Rubalcaba si este finalmente presenta la moción de censura. Moción donde el PSOE también llevará lo suyo por los ERE de Andalucía y la imputación de la responsable de finanzas del PSC, la inductora de la famosa grabación de Alicia Sánchez Camacho y la excompañera de Jordi Pujol, hijo.

Pero, claro está, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy es lo que se dice caza mayor y corre más riesgos que los demás, sobre todo si huye o acaba declarando algo de lo que se tenga que arrepentir poco después. No en vano en el PP se temen, y con razón, que Bárcenas tenga guardado un as en la manga -’la bala de plata’-, lo que suele ser estrategia muy habitual del diario El Mundo, que ahora lo protege, para dar en el último momento el golpe de gracia.

Lo más grave de todo esto es la sensación de desconcierto que sobre el caso Bárcenas impera en la Moncloa y en el PP. Dando la impresión de no saber lo que puede ocurrir y convencidos de sus propios y graves errores: las peleas de Cospedal -otra a la fuga- con Bárcenas y la orden al fiscal de ‘prisión sin fianza’ para Bárcenas que algunos le atribuyen a Gallardón. Aunque eso forma parte de un cercano e irremediable pasado. Y ahora todos van a remolque de las consecuencias de la confesión del extesorero ante juez, improvisando ante las novedades que se le presentan y les inquietan como el interés del juez por el presunto delito fiscal del PP, en el tiempo que Rajoy ya era presidente del partido.

¿Qué hacer? Da la impresión que Rajoy, mal que le pese, puede acudir al Parlamento por propia iniciativa, pero esta vez sin hacer mas trampas como en la última rueda de prensa de Moncloa, si lo que pretende es una simple sesión de control de seis minutos y tres preguntas, y luego una respuesta a la prensa en el pasillo de la Cámara -en este caso el Senado, por las obras del Congreso. Si ese es su plan se va a equivocar porque la sospecha de la fuga del ‘presunto culpable’ aumentará y puede que en ese caso no se libre de la moción de censura, que Rubalcaba debería llevar a cabo con ‘todas las de la ley’ y sin sus propias artimañas.

El dilema no ofrece a Rajoy una buena salida porque tanto si él acepta declarar ante el juez -lo puede hacer por escrito-, acudir al Parlamento y enfrentarse a los medios, como si huye de las tres citas, el presidente lo tiene complicado. Sobre todo porque las sospechas que se ciernen sobre sus responsabilidades al frente del PP en la financiación del partido y los sobresueldos con muchas. Y porque, el discurso del delincuente y del chantajista se acaba con la lectura de los famosos SMS que él envió. ¿Cómo puede un presidente del Gobierno enviar mensajes de ánimo y amistad a un presunto ‘delincuente’ y ‘chantajista del Estado’ como el mismo  y los dirigentes del PP lo ha calificado? Ese es el punto clave de la cuestión y la prueba de que no dice la verdad que es el fondo de la cuestión.