Berlusconi y ‘la guerra de los botones nucleares’

En el mundo global y comunicado en el que vivimos las noticias y el contagio internacional que generan a gran velocidad convierten el llamado ‘efecto mariposa’ de China en una cotidiana realidad. Un colorido aleteo en un tribunal de primera instancia de Milán, que ha condenado al ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi a siete años de cárcel y a total inhabilitación pública por los delitos de proxenetismo de menores y abuso de poder, en el llamado caso Ruby, ha desatado un gran revuelo mundial, de consecuencias no previsibles para la UE.

La noticia italiana, que no es la única en la esfera internacional por causa de la fuga del espía Snowden, ha puesto en peligro la estabilidad del Gobierno de Roma. Y si cae la ficha de Italia, el tambaleante dominó de Europa podría ofrecernos una debacle en cadena, precisamente ahora que regresa la crisis de las finanzas internacionales por otros contagios, como la caída de la economía china, o el fin de las ayudas al crecimiento de EEUU, dos noticias que han echado por tierra las bolsas europeas y han disparado las primas de riesgo (la española a 325 puntos).

Es la globalización en la que se incluye la tensión internacional generada entre las grandes potencias nucleares de China, Rusia y los Estados Unidos, a propósito de las revelaciones y la fuga del que fuera agente de la CIA, Edward Snowden. Una versión muy moderna de la tierna novela de Louis Pergaud, ‘La guerra de los botones’, pero elevada a la enésima potencia nuclear. Porque ese juego de los niños lo interpretan los primeros actores de la escena mundial, Obama, Putin y Jinping, los dueños de sus respectivos ‘botones nucleares’, los amos del planeta Tierra.

El espionaje universal y sin control de estas grandes potencias, del que se acusaban mutuamente Washington y Pekin, ha sido confirmado por el espía Snowden tras la estela de Assange y de sus páginas de wikileaks, y ha provocado una enorme decepción sobre la persona de Obama y gran desconfianza sobre las redes sociales, convertidas en el soporte del moderno ‘Gran Hermano’ de Orwell, contra la intimidad ciudadana y los más elementales principios democráticos.

El mundo que vivimos no solo es ‘un pañuelo’ comunicado y global sino que además es un pañuelo sucio, donde son escasos los ejemplos de la dignidad, la democracia y la libertad como el de Nelson Mandela que ahora libra su última y heroica batalla final.

Siempre se dijo y así lo creíamos que Europa era distinta frente a lo que ocurría en otras latitudes y continentes -’allá muevan feroz guerra ciegos Reyes, por un palmo mas de tierra…’, escribía el poeta-, pero la crisis moral, democrática y de libertades también ha tocado ‘la vieja Europa’ como la llamó con desprecio Donald Rumsfeld en plena guerra de Irak. Con el agravante para la UE de la crisis económica y financiera sobre el Euro ‘impostado’, y de las grandes cifras del paro y otros escándalos de abusos de poder y de corrupción, como los de ese lobo de las grandes orejas que se llama Berlusconi y que se comió a Caperucita Ruby.

¿Se atreverá Obama a una acción de fuerza militar para cazar a Snowden si sale de Rusia? Una vez más el remedio puede ser, por exceso de dosis, peor que la enfermedad. La tensión Washington-Pekín es ya una realidad, y la relación de Obama con Putin no puede ser peor. De momento esta virtual ‘guerra de los botones nucleares’ se libra en el campo de las advertencias, amenazas y la información. Una moderna, y esperemos que breve, ‘guerra fría’ que nada bueno trae al mundo global, y menos a nuestra querida y ‘vieja Europa’ que está de perfil y no asume su responsabilidad.