Los milagros de la Moncloa

El pasado 26 de abril el presidente Rajoy presentó su plan macro económico para los próximos años en el que se decía que el PIB español permanecería en recesión (-1,3 % en 2013) e iniciaría su despegue de crecimiento en 2014 y 2015 (+0,5 % y +0,9%) hasta alcanzar el +1,3 % en 2016, lo que significaba una larga marcha hacia el +2 %, momento en el que se empezaría a crear empleo de verdad. Semejante negro horizonte produjo profundo malestar en la ciudadanía por cuanto significaba el abandono y la resignación del Gobierno a ofrecer soluciones inmediatas a los problemas.

Pero he aquí que, como por arte de magia, el Gobierno y Rajoy han cambiado sus negros y dramáticos pronósticos por un nuevo exuberante optimismo y, en solo dos meses, ya están anunciando que la recesión se está acaba y que comienza el crecimiento, una vez que esperan que el PIB del segundo semestre se acerque al 0. ¿Milagro o maquillaje de datos y mensajes optimistas para vestir la lista de peticiones económicas y financieras que Rajoy -con el apoyo de Rubalcaba, con quien ayer firmó en Moncloa un pacto virtual- va a presentar al Consejo Europeo en los próximos días?

Para empezar, todo esto forma parte de una calculada campaña de imagen para relanzar el débil liderazgo de Rajoy, que coincide con la aparición en la escena política de José María Aznar. Así en las últimas semanas se han organizado numerosos actos de Rajoy con los colectivos de empresarios, y en los grandes salones de la Moncloa: reunión sobre las Pymes (aún sin crédito para ellas); las escasas reformas de la Administración (pero sin tocar el gasto político), fotos con estudiantes americanos, con la Selección Sub 21, y finalmente con Rubalcaba con vista a la cumbre europea de julio. Y todo ello adornado con los mensajes positivos del fin de la recesión y el inicio del crecimiento, un repicar de campanas en el que han participado, por encargo, los ministros Montoro y De Guindos y el Gobernador del Banco de España, Linde, amén del propio Rajoy y su vicepresidenta Sáenz de Santamaría.

Lo malo de todo esto es que la Bolsa (que ayer perdió un -3,41 %) y la prima de riesgo (que subió hasta los 319 puntos básicos) no han acompañado al Gobierno en su euforia por causa de sus malos datos (se dice que por la culpa de Bernanke y la Reserva Federal USA, que anuncian el fin de los estímulos al crecimiento americano). Como no acompañan el concierto del campanario monclovita -que empezó a sonar en mayo con la mejora del paro estacional-, el consumo que sigue por los suelos, la morosidad en los bancos y la ausencia de créditos y ofertas de sólidos empleos.

Estamos pues en tiempos de euforia oficial del Gobierno con un Rubalcaba domesticado -pero con serios problemas en el PSOE, se dice que Madina lidera un frente crítico-, pero una euforia que no llega a los ciudadanos que sufren las muy altas cifras del paro, la pobreza y una general desolación. Es decir, en un santiamén se ha pasado de la petición de ‘paciencia’ de Rajoy a finales de abril al decreto de se acabó la recesión y al discurso de ‘ha pasado lo peor’ y se ‘acabó el pesimismo’.

Sin embargo la nueva euforia de campana o cartón -ya veremos- nos revela que el presidente no conoce el país en el que vive, ni la situación de los ciudadanos, sus familias y las empresas. Además, da la impresión que el discurso optimista, con el que ahora espera engatusar a la Unión Europea (y a Merkel) incluye el objetivo de Rajoy de no hacer mucho más de lo poco que se ha hecho en: las reformas de la Administración y la Constitución; en la generación del crédito para las empresas; en la lucha imposible contra el paro si no hay dinero; o contra la corrupción (todos están pillados) ; y en la defensa de la unidad de España frente al desafío secesionista catalán. Una vez más Rajoy sigue de perfil, pero se da un respiro con el anuncio del fin de la recesión y se conforma. La novedad está en que todo esto lo pretende vender como un triunfo de su inmovilismo proverbial. En fin, algo es algo aunque no de para mucho más.