Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

G8: libre comercio y libre espionaje

Mientras Europa y Estados Unidos se miran de reojo por causa de los espionajes mutuos ahora desvelados por el ex espía de la CIA Snowden, un asunto que Obama pretende desviar hacia la guerra o la crisis de Siria con envío de armamento a los rebeldes, en las dos orillas del Atlántico se acaban de instalar los primeros pilares de un nuevo e importante puente comercial: la gran zona para el libre cambio comercial entre la UE y los Estados Unidos.

Así lo atestiguan los acuerdos hallados en la Cumbre del G-8 de Irlanda del Norte en los que se anuncia el inicio de negociaciones entre los Estados Unidos y la Unión Europea para habilitar una gran zona de libre comercio. Lo que constituye un paso decisivo e importante para la economía de las dos zonas y especialmente de la UE, que se sentía últimamente postergada en la política exterior norteamericana, ahora volcada hacia Asía, con China y la India como principales interlocutores de su desarrollo económico y comercial.

Se reabre pues la puerta del Atlántico y ello provoca una cierta euforia y esperanza en la UE y en España, país que sin duda se beneficiará de ese acuerdo y de esa negociación, en la que en un principio ha quedado excluido a propuesta de Francia el campo audiovisual –para no ser arrollados por USA- en la defensa de lo que se llama la excepción cultural.

Al mercado único de los 27 países de la UE, a los que se unen algunas naciones de la Commonwealth, será ampliado con este acuerdo hacia el gigante americano lo que dará un impulso de gran envergadura al desarrollo comercial entre ambas partes y en ambas direcciones. Lo que ha sido considerado como algo muy bueno y positivo para España por el Gobierno de Rajoy, que no cesa de enviar señales de euforia sobre el inicio del fin de la crisis o el principio de la recuperación, una vez que Rajoy ha decidido cambiar su ‘realismo pesimista’ por el ‘optimismo virtual’, del que ayer hizo gala el ministro Montoro anunciando incluso para este semestre señales inequívocas de recuperación. Es decir, no ya brotes verdes, sino un frondoso bosque de palmeras tropicales que darán sombra, esperanza y alegría a los españoles que se acerquen a las playas del verano, temerosos del regreso al otoño decisivo del crucial momento español.

Todos están contentos, pues, con el G-8, a pesar que ahora se sabe que Gran Bretaña espió otras reuniones del G-20, y que EE.UU. espía a más medio mundo con el argumento de la seguridad y el discurso de Obama de que no se puede disfrutar del 100 por 100 de la intimidad y de la seguridad. Más cierto visto, por ejemplo, lo ocurrido con el atentado de Boston, parece ser que en ambos casos los porcentajes sean menores y que puede que tengamos solo el 50 % de intimidad y solo un 50 % de seguridad.

Lo cierto es que nadie ha pedido permiso a los ciudadanos ni a los jueces para organizar este gigantesco espectáculo orwelliano y ello va en detrimento de las libertades y de la democracia. Ya hemos sufrido una merma de soberanía nacional por causa de la crisis financiera internacional y las intervenciones externas de los mercados, el FMI, el BCE y la UE, y ahora nos enteramos de todo esto, que aunque lo sospechábamos o lo imaginábamos, al saberlo por confesión directa de uno de los escuchadores del poder, nos ha dejado un amargo sabor. Y ha convertido a todos esos grandes operadores de Internet en agentes colaboradores del espionaje, lo que bueno es saberlo por lo que pueda pasar.

El G-8 esconde sus vergüenzas en Irlanda del Norte y disimula, mientras nos distrae con la guerra de Siria y nos enseña ese gran pastel económico y social del librecambio trasatlántico, como si fuera -ojalá lo sea- nuestra tabla de salvación en medio de este proceloso océano que nos une y nos separa a la vez. ¿Para cuándo el festín del gran acuerdo comercial? Esa es la cuestión.

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