Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

Urge el impulso y el liderazgo político

El último problema político en llegar ha sido el de ETA con sus impresentables pretensiones de indecentes ‘pactos de paz’ a favor de sus presos y militantes huidos, un discurso infame que apoya el PNV y el Gobierno de Urkullu y que complica, más si cabe, la larga lista de desencuentros nacionales que empiezan por el paro, siguen por la recesión y los problemas financieros de España y de las empresas, al tiempo que se suman a otras cuestiones no menos importantes como la cohesión nacional, desafiada en Cataluña, o la abundante corrupción y el deterioro de las instituciones. Todo un abanico de problemas de gran calado que necesitan liderazgo y una contundente y unitaria respuesta política.

Pero el presidente Rajoy, con su mayoría absoluta, parece haber renunciado a la política y solo está centrado en la lucha contra el déficit y el mantenimiento de unas políticas de ajustes social y estructural del gasto que, de momento han fracasado porque nos hunden en la recesión y reducen la recaudación de impuestos por el Estado. Así lo empiezan a reconocer en la Unión Europea y en el FMI, como lo hemos visto a propósito de Grecia y de todo el Sur de la UE. Y frente a esta situación y, de momento, solo nos queda esperar un impulso del Consejo Europeo del mes de julio, en el que Rajoy, acompañado por Rubalcaba, se presenta en el papel de demandantes de toda clase de ayudas económicas para el paro juvenil, las Pymes, los bancos, etc.

Pero ¿qué pasara si la respuesta de la UE de primeros de julio no es la esperada por España y otros países dañados de la Eurozona?

No lo sabemos, pero nada bueno. De momento primeras noticias que nos llegan de la UE nos dicen que no habrá grandes ayudas, y que hay que esperar a que Merkel revalide su mandato en las elecciones alemanas de septiembre, a ver si la canciller acepta en ese momento abrir la mano de la financiación y del BCE camino de una nueva política a favor del crecimiento y contra la recesión.

Pero España -y otros países como Italia, Irlanda, Portugal y Grecia- no puede esperar y a la vez debe afrontar otros retos de alcance político e institucional. Todo eso de lo que nunca habla Rajoy como si no existiera y que está ahí provocando el enorme desánimo y desazón de la ciudadanía, a la que primero le dijo -hace un par de meses- que no había nada que hacer hasta el año 2016, y a la que ahora intenta transmitirle el mensaje de que hay brotes verdes o que se ve algo de luz en el túnel español.

Tarde se ha dado cuenta el presidente Rajoy de que su discurso pesimista y su inmovilismo provocan un hundimiento moral y económico mayor del que ya tenemos. Antes pedía ‘paciencia’ y ahora habla de una incipiente recuperación. Antes decía que no bajaría impuestos hasta 2015, y ahora -empujado por Aznar- dice que los bajará en 2014, sin que nada haya cambiado para justificar se vuelco.

Antes se negaba a cualquier pacto con el PSOE y ahora ya ha pactado una simbólica posición compartida ante la UE, y dice que el pacto se extenderá a la ley de Transparencia -la que contrasta con el ocultismo y las reuniones secretas de la Moncloa-, y ya veremos si a ciertas reformas de la Administración como las que Rajoy ha prometido anunciar este mes, pero que no parece que vayan ir al fondo del problema: el gasto político y el fiasco del modelo territorial del país. Sin olvidar la Corona, la unidad de España y el enorme problema de la corrupción.

Cuestiones todas estas necesitadas de un impulso y un liderazgo político que no se ve en la persona de Rajoy ni en su partido el PP, donde Aznar se ofrece, con su propio programa, como un posible actor para reformar y revitalizar la situación española. Algo que hoy no se ve en el PP ni tampoco en el PSOE, donde los graves problemas de liderazgo, no aceptado, de Rubalcaba se le unen serias divergencias internas (ahora entre catalanes y vascos) sobre el modelo territorial y su financiación, sin que en el seno del PSOE se vislumbre una alternativa concreta a Rubalcaba ni tampoco un discurso político nacional y unitario -hoy imposible con el PSC-, ni tampoco un liderazgo fuerte y decidido.

De ahí el hundimiento creciente en los sondeos electorales del PP y del PSOE y el horizonte del final del bipartidismo, lo que sin duda hará mas difícil la gran reforma política, institucional, social y territorial que España necesita llevar a cabo y plasmarla en la Constitución. ¿Se pueden hacer estas reformas antes que lleguen las elecciones de 2015? Al menos se debería intentar tanto por el Gobierno de PP con su mayoría absoluta, como por el PSOE que, además, corre el riesgo en las próximas elecciones de no repetir como segundo partido nacional. Lo de unirse ante Europa por parte de Rajoy y Rubalcaba no está mal, por mas que no servirá para mucho. La cuestión que se plantea es si ambos dirigentes y sus partidos están decididos a dar el gran paso de la reforma política en el tiempo que queda por delante de la cita electoral.

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