Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

Rajoy en su ‘Jardín de las delicias’

Cuando todavía no se ha apagado el eco del segundo puñetazo de Aznar en la mesa de Rajoy exigiendo profundas reformas de la política (y no solo económicas y sociales), un golpe seco que el ex presidente dio con puño de hierro y guante de seda en el Club Siglo XXI, en presencia de una atónita vicepresidenta Soraya, el jefe del Gobierno, Mariano Rajoy sigue con inmovilismo y con el disimulo. Sin coger el toro por los cuernos o el lobo negro (del gran rescate, el segundo de la banca se aproxima) por las orejas, e improvisando y ganando tiempo lo que es una bonita manera de perderlo. Eso sí, y en contra de lo que le pide Aznar, sin tocar el gasto de la política (Grecia ha cerrado de manera fulminante la televisión pública) y sin bajar los impuestos, lo que el presidente extremeño del PP, Monago, se ha saltado a la torera anunciando la bajada del IRPF al 90 % de ciudadanos de su Comunidad.

Rajoy está desbordado sin entender que no tenemos ‘paciencia’ y no podemos esperar. Ayer convocó una bucólica jornada en los jardines de la Moncloa para explicar su Ley de Emprendedores. Esta bonita utopía según la cual los emprendedores deben ser los inventen nuevas y modernas empresas y den empleo gracias a las facilidades administrativas, pero sin un euro de crédito, lo que es de todo punto imposible.

Y dice Rajoy, en su particular ‘Jardín de las delicias’ y rodeado de señorones del poder -y no de emprendedores de verdad- que los banqueros tienen que estar a la altura de las circunstancias y dar créditos, agotando las ofertas del ICO. Pero si la Banca mete seis o siete puntos más de interés al dinero del ICO y les pide a los emprendedores garantías personales, los créditos se convierten en hipotecarios, o en similares, es decir en imposibles de aceptar.

Puede que en la próxima conferencia o rueda de prensa de Rajoy la Moncloa va a introducir la novedad del invento que acaban de hacer público en la universidad de Rochester (USA): una ‘capa invisible’ -de cristal, agua y espejos- que hace desaparecer a las personas delante del público. De esa manera Rajoy se esfumará ante los ojos atónitos de los periodistas -puede que lo ensaye en el Parlamento- y su voz se oirá difusa y lejana como si estuviera en otro planeta, que es donde parece estar.

Es decir, estamos como estábamos, sin crédito y con el lobo del Tribunal Constitucional alemán deambulando por esos jardines y amenazando la compra de bonos por el BCE, mientras la prima de riesgo, nuestra particular Caperucita del cuento, huye hacia arriba, supera los 300 puntos, echa la Bolsa hacia abajo y empuja hacia el cielo los intereses de la deuda. Con lo que el castillo de naipes de la recuperación que anunció Rajoy, agarrado al brote verde del paro estacional de mayo, negando el pesimismo y la Apocalipsis, se empieza a tambalear de nuevo.

Pero el presidente no reaccionará con la fuerza y la decisión que el caso español requiere. Y si ayer de fotografió en los jardines de su palacio monclovita con señorones del poder, muy pronto nos ofrecerá otra sesión fotográfica en Jardín de las Delicias y en la compañía de Rubalcaba, para la firma del pacto sobre la posición ‘unitaria’ de España ante el Consejo Europeo de la UE. Una foto de una familia bien avenida, que poco o nada va a impresionar a los primeros dirigentes de la UE los que, además, saben que esa flor de la Moncloa es monotemática y de un solo día como pronto se verá a propósito de la reforma de las pensiones.

O sea en los jardines de la Moncloa, como en la obra de El Bosco, unos retozando, otros a caballo o sobre camellos, otros paseando las cabras, o cantando con los pájaros, bailando y bañándose en los estanques plácidamente, mientras en el horizonte crece como una montaña silenciosa el tsunami que se acerca al sur de Europa, sin que nadie de la voz de alarma. Una posibilidad que nadie debe descartar. Aunque nos queda una tabla de salvación porque sabido es que nuestro destino aún está ligado al del euro y puede hacer reaccionar al Consejo Europeo de julio con avances en favor del paro juvenil y del crecimiento a la espera de que Merkel gane sus elecciones en septiembre y que entonces se conozca la sentencia del Tribunal Constitucional alemán.

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