Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

Blanco empata el partido de la corrupción

El partido de la corrupción entre el PSOE y el PP ha registrado un empate técnico a dos puntos: Gürtel y Bárcenas (2); y los ERES de Andalucía y Blanco (2). El gol del empate lo acaba de marcar el juez instructor del Tribunal Supremo, José Ramón Soriano, que ha solicitado a la Sala de lo Penal del alto tribunal que solicite al Congreso de los Diputados el suplicatorio de José Blanco para ser juzgado por el delito de tráfico de influencias, en el llamado ‘caso Campeón’.

Estamos hablando del diputado José Blanco, el que fuera número dos y vicesecretario general del PSOE con José Luís Rodríguez Zapatero, así como ex ministro de Fomento, departamento en el que por cierto ha dejado una deuda inmensa.

Blanco, al que todos llamaban ‘Pepiño’, ostentaba, además, el liderazgo del PSOE en Galicia y a su paso por el Gobierno se había distinguido como un político pragmático que estableció unas buenas relaciones con el mundo financiero y el de la construcción. Y fue, desde esa posición de poder, desde donde apareció implicado en la ‘operación Campeón’, en la que además del delito del tráfico de influencias por el que se le pretende juzgar, también se le había acusado en un principio del delito de prevaricación, lo que en principio parece descartado aunque no del todo a la vista del auto del juez instructor.

Cuando el Tribunal Supremo le abrió diligencias, José Blanco se presentó ante los medios de comunicación con un todo desafiante, negando todo y convencido de que nada podía ocurrirle. Ahora va camino del banquillo porque el Congreso no tendrá mas remedio que aprobar el suplicatorio, salvo que Blanco decida abandonar su escaño con lo que su caso, al perder el aforamiento, pasaría a un juzgado de primera instancia y se prolongaría en el tiempo.

Pues bien, a pesar de que Blanco anunció que dejaría el escaño en el caso de que se le pidiera el suplicatorio -”entonces haré lo que tenga que hacer , y dejaré el escaño”, dijo entonces-, ahora dice que no lo deja y que piensa recurrir todo lo recurrible. A su vez Rubalcaba ha dicho, sin pestañear, que sigue poniendo la mano en el fuego por José Blanco. Como la puso por Griñán en los ERES de Andalucía.

O como la puso Rajoy por Bárcenas cuando dijo que nunca le iban a encontrar nada de qué acusarlo, o como la ponen en el PP por Ana Mato, Matas, Camps o Barberá, en medio de este gran espectáculo de la corrupción nacional (Rajoy va ahora a Valencia donde el PP tiene nueve imputados en el parlamento regional) que adorna el frontispicio del gran drama social español, de los más de seis millones de parados y en víspera de un recorte importante de las pensiones.

Es decir, los políticos tapan sus respectivas corrupciones, y las de los poderosos (PSOE y PP van de la mano en la defensa de la Infanta Cristina y de banqueros imputados), y después disputan o pactan los grandes recortes sociales del momento español, lo que es impresentable desde el punto de vista político, legal y moral. Y lo que está en el origen del desprestigio de la clase política y de la perdida de apoyos electorales tanto del PSOE como del PP. Algo que los políticos y sus respectivos partidos creen que los electores olvidarán en el momento de la votación, aunque esperamos que en esta ocasión los ciudadanos no lo van a olvidar. Así lo prueban las encuestas pre electorales y esperemos que lo confirmen, en su día las urnas, porque la suma de la ruina ciudadana de la crisis con la corrupción política es una mezcla explosiva imposible de olvidar.

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