Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

Rajoy está furioso

El presidente Rajoy está furioso porque se considera víctima de un intenso acoso político y mediático con el que sus adversarios, de dentro y fuera del PP y los críticos a su inmovilismo y a sus políticas pretenden condicionar su presidencia y torcerle la mano. E imponerle un rumbo y unas tareas que bien o no le gustan o exceden a su capacidad y liderazgo, como las que se refieren a una reforma profunda de la Administración, las reglas del juego político y la Constitución.

Aunque Rajoy dice que ya ha visto un brote verde en el paro de Mayo, lo que si hemos visto el pasado viernes -en la encerrona que Piqué le organizó en Sitges, después de montar con Lomana el regreso de Aznar- es a un Rajoy desabrido, repartiendo palos a propios (Aznar) y a extraños (Mas), y denunciando ‘una histeria colectiva que ve en un plazo inmediato paisajes apocalípticos’, por los que imaginamos que cabalgan los corceles de: el paro, la pobreza, la quiebra del Estado y la ruptura de la unidad nacional.

Rajoy cree que está a salvo de la intervención de los ‘hombres de negro’ de la troika de la UE pero, desde el interior de su partido y ante el derrumbe del ánimo nacional, daño a la unidad del país y desprestigio de las instituciones, empezando por la Corona –lo que es tan grave o más, que el riesgo de una intervención de la UE- le ha salido a Rajoy su particular ‘hombre de negro’ o un posible interventor desde dentro del PP.

El que además es su mentor, José María Aznar. El ‘padre que ha querido matar’ Rajoy, psicológicamente, para presentarse como dueño y señor de su presidencia (el político ‘independiente’ del que alardeó en el Congreso del PP en Sevilla), y el mismo Aznar que, cual convidado de piedra o Comendador, se le ha aparecido a Rajoy con cara de pocos amigos para leerle la cartilla sobre lo que hace mal y lo que debiera hacer.

Porque, diga lo que diga Rajoy sobre el paro de Mayo, lo cierto es que en España, a pesar del brote verde o el espárrago solitario que dice haber encontrado, los indicativos económicos, financieros y sociales del país –déficit, recesión, deuda pública, etc- van mal y son mucho peores de los que el PP heredó de Zapatero cuando llegó al poder. Como peores –en torno a un 28 % de intención de voto- son las expectativas electorales del PP, que serán puestas a prueba en las elecciones europeas de 2014. Con el agravante de que la crisis institucional de la Corona y del secesionismo catalán le han estallado a Rajoy en las manos, igual que los tres casos de la corrupción del PP, Gürtel, Bárcenas y Bankia, mal gestionados por Rajoy y Cospedal.

Asuntos todos ellos que le preocupan, interesan e incluso afectan personalmente a Aznar. Quien parece decir ‘hasta aquí hemos llegado’ y que en consecuencia no se va a callar. Y ya veremos si llegará a actuar en franca coherencia con su ‘responsabilidad ante su conciencia, su partido y su país’. En pos de esa regeneración de la patria, que según el director de El Mundo solo la puede hacer Aznar, que ha sido el político de la transición mas ‘excluyente’ de sus adversarios y el menos interesado en la vida democrática y las libertades civiles. Aunque su pasión belicosa (en los Balcanes e Irak) y su capacidad de mentir (en Irak y 11-M) lo sitúan más bien como un ‘salvador’ por la fuerza y entrando a caballo en la escena nacional, como lo insinuaba Felipe González con maldad.

Pero Aznar no es el único –aunque puede que sí el que más- que le enfurece a un Rajoy que se siente acorralado y al que le irrita de especial manera la serenata insistente de Rubalcaba en pos de un gran pacto nacional, a sabiendas que la opinión pública quiere pactos. O lo que sea, con tal de no tener que esperar ni un día más y con ‘paciencia’ infinita la lejana fecha de la salvación de 2016, fijada por Rajoy. Porque los españoles no solo han visto ese negro horizonte apocalíptico de Rajoy sino que lo están sufriendo en sus casas, familias y trabajo.

Lo que no parece entender Rajoy, como tampoco parece valorar el presidente ‘ese asunto’ –así lo llama- del independentismo catalán que le crece en Cataluña y provoca gran inquietud en el resto de España. De la corrupción del PP Rajoy no quiere saber nada. Dice que son generalizaciones de la prensa, e insinúa que de eso se encargará Gallardón con sus habilidades para la involución democrática y de las libertades, o con sus fiscales, convencido el presidente que la lentitud de la Justicia (otra vez el tiempo) juega a su favor.

Rajoy está furioso y se siente acorralado desde el inmenso poder del que disfruta: Gobierno, mayoría absoluta, 13 Comunidades, miles de ayuntamientos, poder judicial, prensa publica y privada, e influencia en bancos y grandes empresas. Puede que incluso se sienta incomprendido y poco querido, en justa reciprocidad con lo que él hace con todos los demás, olvidando que él es el Presidente de todos los españoles en un tiempo doloroso y crucial.

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