Las pensiones, clave de los pactos

Vamos a ver lo que le dura a Rubalcaba la pasión por el pacto con el PP, el gran pacto de Estado que sugirió el viernes en Barcelona, no solo dedicado a la política europea sino más amplio y general sobre el conjunto de problemas económicos, sociales y también institucionales y constitucionales que hoy planean sobre España. De momento la cosa ha quedado en la Ley de Transparencia y en un principio de apoyo al Gobierno de Rajoy de cara a la posición de España en la UE y con vistas al Consejo Europeo de junio.

Pero a partir de ahí las cosas se complican. De hecho ayer mismo la vicepresidenta Sáenz de Santamaría ya dijo que por ahora la cuestión europea parece un único asunto para un posible pacto, y a ello se sumó con entusiasmo y despistada la secretaria general del PP, Cospedal, que no parece estar en el secreto de las cosas. Es decir en que al Gobierno solo le interesan los pactos puntuales y, de uno en uno, pero no el gran pacto nacional.

Ya lo dijo Aznar hace poco a Rajoy en televisión cuando declaró que un gobierno que tiene la mayoría absoluta no necesita pactar con nadie su política, porque lo que tiene que hacer es cumplir su programa y no suplantarlo o negociarlo con otro partido. Y algo de eso hay en la actitud de Rajoy quien, por más que sea algo mas bien literario que político y eficaz, acepta de buen grado el apoyo de Rubalcaba de cara a la UE pero se tienta la ropa a la hora de avanzar hacia un posible gran pacto global o general.

Aunque lo que de verdad está buscando Rajoy y lo que quiere sacarle a Rubalcaba es el pacto de reforma -para peor- de las pensiones. Y es ahí donde Rubalcaba pondrá el acento para un pacto global, diciendo que si el PSOE cede en pensiones el PP deberá hacerlo en Educación, Sanidad, Justicia, etc. De ahí que la reciente euforia sobre el escenario de los pactos puede quedarse pronto en poca cosa o casi nada, en una sola foto de Rubalcaba y Rajoy con la bandera europea al fondo y nada más.

Y no digamos si a esto de las pensiones añadimos las propuestas del Banco de España y de la Comisión Europea, en las que se le pide a nuestro país que se adelante la edad de jubilación a los 67 años, o que se congelen las pensiones, que se rompa el salario mínimo, o que se dé otra vuelta de tuerca a la reforma laboral, etcétera. Un nuevo empujón a los recortes y reformas sociales para ver si el Gobierno puede cumplir los objetivos de déficit de 2013, lo que no parece fácil a la vista de los datos conocidos del primer cuatrimestre del año, del -2,36 % lo que nos coloca por encima del 7 %, y lejos del 6,5% que nos ha ofrecido la UE.

Es decir, si hay una nueva ronda de ajustes sociales no habrá un pacto político y Rubalcaba quedará como un Romeo fracasado a los pies del balcón de su pretendida Julieta. Eso sí, luego nos dirá que no fue temerario sino generoso y que el malo de la película es Rajoy porque no quiso un gran pacto nacional que es lo que hoy piden los ciudadanos ante la gravedad de la situación. Pero por el momento estamos en la ‘luna de miel’ del PSOE con el PP en el momento de la sonrisa fotográfica a la espera del ‘pajarito’ que unos y otros creen que va a salir. Aunque al final lo que puede que salga sea un pajarraco del mal agüero, porque nada anuncia que el principio del fin de la crisis esté ya sobrevolando el país.