Ni rumbo ni política

Mientras los españoles seguimos enredados en los numerosos casos de la corrupción (mas de 1.600 en los tribunales), en las peleas internas de lo partidos políticos, mientras permanecemos a la espera de que Merkel gane sus elecciones de septiembre y que la Unión Europea acabe de deshojar su margarita del millón de pétalos sobre la unión monetaria, fiscal y bancaria. Este país se desliza lentamente por una pendiente hacia no se sabe donde sin mas horizonte ni mas esperanza que la resignación.

A sabiendas que las tímidas reformas estructurales del Gobierno no llevan, a corto o medio plazo, a ninguna parte sin inversión pública y sin crédito privado, y todos sumidos en desencuentros que van desde los problemas de la unidad nacional hasta inútiles discrepancias ideológicas sobre el aborto, la religión o la calidad de la Sanidad, tres debates inoportunos que este Gobierno ha añadido, nadie sabe el por qué, a la cuestión central del paro y la recesión.

Y en medio de tan lamentable situación aparece Rajoy, como para dar réplica a su ex jefe y expresidente del Gobierno -del que ha sido cinco veces ministro con él y que lo nombró a él líder del PPJosé María Aznar, y dice solemnemente, como quien desafía al más fiero de sus enemigos, que él no está dispuesto a cambiar el rumbo de la política. Pero ¿qué rumbo o qué política? ¿Acaso el rumbo y la política que nos han llevado a tan lamentable estado nacional y que carece de horizonte?

Salvo unas ilusas promesas de futuro como las que Rajoy nos ha presentado de cara a los años 2015 y 2016 no hay nada de bueno o más exitoso en el pretendido rumbo y política del Gobierno de Rajoy. Una prima de riesgo y unos tipos de interés algo más bajos pero pendientes del informe de la ‘troika’ que anda por Madrid, de la morosidad añadida del sistema financiero y de lo que haga la FED en EE.UU., o lo que pase en el entorno de la UE. Y ¿eso es todo?

Pues parece ser que sí. De la reforma política esperada para bajar el demencial gasto público y mejorar la vida democrática nada de nada. Lo que es peor se anuncia una involución democrática en la Justicia con los planes del ministro Gallardón y, por supuesto, ni una palabra sobre la esperada reforma de la ley electoral o para la democratización de las instituciones y los partidos políticos.

De planes de choque contra el paro y la recesión, nada de nada. De bajar los impuestos, a pesar de que el Estado recauda menos que antes de subirlos, tampoco hay novedades. Tampoco llegan ‘regalos’ del BCE para facilitar créditos a las empresas y menos aún de nuestros propios bancos. Como tampoco hay nada que nos permita esperar de este Gobierno una actitud decisiva para frenar el disparate del desafío catalán, o para hacer frente a los casos de corrupción. Al contrario, se pretende callar a los nacionalistas con inmensas sumas de dinero público y tapar los grandes escándalos de la corrupción con la ayuda del ministerio fiscal.

Pues todo esto es el rumbo y la política de Rajoy. Lo que explica la huida ciudadana de la política y de los grandes partidos, en una desbandada también sin rumbo que ya veremos en 2014 en donde piensa recalar si es que para entonces no han decidido una masiva abstención. ¿Cabe una alternativa a esta situación? Desde luego que existe en todos y cado uno de los problemas planteados, pero semejante alternativa tampoco se aprecia en el primer partido de la oposición. Por lo que el desamparo y la orfandad son al día de hoy la sensación general.