Rajoy no dice la verdad a la Empresa Familiar

Ha comparecido el presidente del Gobierno Mariano Rajoy ante la asamblea anual del Instituto de la Empresa Familiar, un ‘lobby’ que aglutina a los primeros y más poderosos empresarios del país, donde Rajoy explicó lo que no quiso decir a los medios de comunicación el pasado viernes y lo que aún no ha dicho al Parlamento tras las malas cifras del paro de la EPA y las nuevas reformas del llamado segundo plan de estabilidad del Gobierno. He aquí es una ‘cualidad’ de Rajoy: adulación al poder económico -por cierto, ya era hora que Alfredo Sáenz saliera del Banco Santander– y menosprecio al control de los ciudadanos que representan el Parlamento y los medios de comunicación.

Sin embargo lo más llamativo de su larga y detallada explicación sobre su actuación ante la crisis y sus últimas decisiones fue, además de la interesada lectura que el presidente hizo de la realidad del país, la exhibición de esa facilidad que tiene Rajoy a la hora de no decir la verdad, o simplemente de mentir, sin inmutarse. Haciendo gala de un discurso exculpatorio y ‘coherente’ según el cual él desconocía (y por eso mintió en la campaña electoral de 2011) la herencia de Zapatero, lo que no es cierto porque el PP presidía las grandes Cajas de Ahorro intervenidas y gobernaba en 14 Autonomías desde mayo de 2011. Afirmando entonces Rajoy que primero tenía que poner orden en los desequilibrios que había heredado con ajustes y reformas antes de impulsar la economía como si solo se pudiera hacer una sola cosa en todo ese tiempo y de una única manera: la suya.

Por ejemplo, en relación a la pregunta que le hicieron sobre por qué no facilita un pacto nacional contra la crisis, o bilateral con el PSOE, Rajoy respondió con cinismo asegurando que siempre tiene la mano tendida, pero que los demás la desprecian porque no apoyan en el Parlamento sus propuestas, decretos y leyes. Lo que siendo cierto oculta algo tan elemental como que un pacto no es un cheque en blanco al Gobierno -por muy ‘responsable’ que se considere de la situación- sino el resultado de una negociación que conduzca al acuerdo. Pero Rajoy y su Gobierno se niegan a negociar con la Oposición para pactar, porque ello daría la impresión de que necesitan ayuda para gobernar.

Luego Rajoy no dice la verdad. Como tampoco es cierto que las políticas que ha diseñado su Gobierno como la respuesta a eso que él llama los desequilibrios económicos del país que encontró al llegar al Ejecutivo sean las únicas posibles ni las más urgentes. Y ello es lo que le ha llevado al presidente a cometer errores. Por ejemplo: al no diseñar un plan de choque contra el paro; o al no poner en marcha ‘estímulos’ -Rajoy no supo qué decir a este respecto a los empresarios del IEF- ni incentivos contra la recesión para impulsar el crecimiento, sino más bien al contrario puso trabas e impuestos por doquier.

Lo de haber presentado su resignado y pesimista calendario macro económico (algo de lo que parece estar arrepentido) aplazando ‘sine die’  la verdadera recuperación española hasta después año 2016, Rajoy lo justifica como si de una astucia -infantil- se tratara para por una parte dar pena a la UE y por otra parte poder ofrecer agradables sorpresas a los españoles. Luego el presidente se arroga ciertas reformas en la UE que han propiciado sobre todo Merkel, Monti y Hollande. Y sí dice la verdad y ello es mérito de Rajoy, cuando habla de las mejoras de los intereses de la deuda pública y la confianza logradas por la rebaja del déficit, de la reordenación del sistema financiero y la mejora del sector exterior, lo que no es poco aunque insuficiente. Pero a partir de ahí y vistas las nuevas reformas este Gobierno se quedó sin ideas, sin ganas de pelea y ha provocado una gran decepción.

Rajoy, y el tiempo lo está demostrando, no está a la altura de las circunstancias del país (como a buen seguro lo saben muchos empresarios). Empezando por el como y con quien compuso su Gobierno sin una política de comunicación apropiada y sin un vicepresidente de altura que llene el enorme vacío que en la política suele dejar Rajoy. Como se necesita un vicepresidente económico de primer nivel al timón de la lucha contra la crisis, y ministros cualificados para otros departamentos aunque no sean ‘amigos’ personales del presidente.

Los empresarios no le preguntaron a Rajoy por la grave crisis de las Instituciones, que empieza en la Corona, o por la corrupción, asuntos de los que ellos sabrán muchas cosas. Como no hablaron sobre el de desafío catalán o la necesidad de reducir el gasto de la gigantesca estructura del Estado y de la política partidaria. De la mala calidad de la Democracia parece impensable que eso fuera asunto de interés del Instituto Familiar, pero les debería interesar a la vista de cómo vienen los cambios.Un Instituto que se podría modernizar si escucha algunas voces menos oficiales y mas heterodoxas, por más que dicho organismo parecer adolecer de algo esencial en relación con la crisis española: porque da la impresión que solo quieren oír lo que les gusta escuchar, y que no quieren saber lo que ocurre. Algunos porque se lo imaginan y prefieren no saber nada más, y los otros simplemente porque desconocen lo esencial. Los aplausos ciegos, además de la obligada cortesía, escondían un cierto desinterés por la verdad y  por la realidad nacional a pesar que ella viaja a gran velocidad hacia un tiempo nuevo y ha impactado severamente en su entorno empresarial.