Rajoy se rinde y desaparece

La montaña de la Moncloa ha parido un ratón en la presentación de su nuevo plan de estabilidad que prolonga hasta 2016 la fecha de la recuperación del crecimiento y del empleo en España, salvo que la UE, los mercados y un viento favorable que provenga de EEUU y otras zonas del planeta nos ayuden. Rajoy ha huido, como en él es habitual, máxime tras la EPA que nos sitúan en los seis millones doscientos mil parados, y se resigna. O mejor dicho se rinde y renuncia a tomar una nueva iniciativa de choque contra el paro galopante y por el crecimiento y les dice a los españoles que no hay nada que hacer. Solo esperar y aguantar otros tres años con grandes dificultades y el serio riesgo de que su débil castillo de naipes se derrumbe antes incluso que lleguemos a 2015, año de las elecciones generales.

La gran cita de los ajustes y reformas del Gobierno nos ha traído una gran decepción en España y en Europa, por más que en la UE se hable de realismo, por no decir pesimismo una vez que están resignados también y le conceden a España dos años mas para la convergencia del déficit en el 3 %. Las cosas están tan mal que el presidente no se atreve a dar la cara -el portavoz del PP en el Congreso Alfonso Alonso decía ayer que ‘la obligación de los políticos es dar la cara’- y es incapaz de reaccionar ante la gravedad del paro, ni de impulsar una política que acerque la fecha del crecimiento. A Rajoy -ni a su Gobierno- no se les ocurre nada nuevo y además carecen de liderazgo político, audacia económica y cercanía a los ciudadanos para hacer frente a la situación. Ni a estas cuestiones sociales y económicas, ni a los desafíos del independentismo catalán, o a los casos de la corrupción, empezando por Gürtel y Bárcenas (cuyos papeles son ciertos, según la policía) donde Rajoy también desapareció.

Lo de ayer fue una sesión de espiritismo con un Rajoy ausente que no se dignó a comparecer y unas propuestas con mas impuestos unos meros arreglos estructurales, que no tocan el gasto político y que no aportan ilusión ni esperanza sino resignación. Y resulta asombroso que el Gobierno haya convocado esta rueda de prensa sobre la nada el día después del batacazo de la EPA, lo que da idea del caos que impera en la Moncloa y de la falta de tacto, estrategia e impulso y credibilidad de este Gobierno que está políticamente muerto. Y que necesita una urgente renovación, por más que podría resultar inútil porque está claro que el principal problema está en el propio presidente Rajoy.

Dicen, alegremente, los ministros de Economía y Hacienda, De Guindos y Montoro, que para el año 2016 y si todo va bien el crecimiento de le economía española será del 1,3 % del PIB (ni siquiera el 2% para lograr el ascenso del empleo), que para entonces el déficit público será del 2,7 %, la tasa de paro del 24,8 % y la deuda pública de casi el 100 % del PIB. O sea dentro de tres años un paro aún insoportable y un crecimiento insignificante.

Y eso si todo va bien y se cumplen los pronósticos del Gobierno para 2013, 2014 y 2015, lo que resulta muy difícil de creer porque sólo para 2013 lo probable es que la recesión se instale en el -1,6 % (en lugar del -1,3 % anunciado) y que el paro llegue al 28 %, con lo que el optimismo del cuadro oficial sobre la economía española se verá distorsionado mucho antes de que finalice este año. Da la impresión que el Gobierno ha cogido los datos agoreros del FMI y se ha quedado con ellos temeroso de que sus propios datos sean todavía peores. Es decir el Don Quijote de estos tiempos vio los gigantes molinos de viento y en vez de embestirlos con fiereza se dio la vuelta y echó a correr.

A ello tenemos que añadir que las cifras con las que el Gobierno de Rajoy tendrá que presentarse a las elecciones, probablemente en mayo de 2015 -uniendo los comicios generales a los autonómicos y municipales para no perder Comunidades como la de Madrid- serán bastante malos y a caballo entre los pronósticos de 2014 y los de 2015. Es decir, un crecimiento del 0,7 %, un déficit del 4,6 %, un paro del 26, 2 % y una deuda pública cercana al 95 % del PIB. O sea, un balance catastrófico de la legislatura que los llevará a la derrota electoral, siempre cuando el PSOE haya recompuesto su figura (lo que no es fácil) y que suba el resto de la oposición de IU y UPyD al ritmo que los hacen en la actualidad. Desde luego la mayoría absoluta del PP será, en esas circunstancias, irrepetible y tampoco se descarta la debacle. Como tampoco se descarta al día de hoy un desplome de la situación si los vientos que vienen de fuera en vez de favorables fueran huracanados. ¿Qué se puede hacer? De momento nada, salvo que alguien provoque una rebelión interna en el seno del PP.