Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

España, la UE y Aquiles y la tortuga

La pasada semana el presidente de Francia, François Hollande, compareció ante los franceses en una entrevista televisada por la segunda cadena de la televisión estatal francesa. Un diálogo a cara de perro en el que Hollande intentó tranquilizar a los galos, sobre el empeoramiento de la crisis francesa asegurando este político -que no levanta entusiasmos y cuya popularidad cayó hasta el 30% en sólo 10 meses de presidencia- que el rumbo que ha escogido para luchar contra la crisis es bueno y firme por lo que espera lograr resultados contra el paro y la recesión a finales de año, que es lo mismo que dicen Rajoy y otros líderes europeos. El día después de su alocución se hicieron públicas en Francia el ascenso de la deuda pública y del déficit con lo cual Hollande volvió a quedar en entredicho.

Cabe pensar que ese optimismo generalizado del Sur de la UE (Francia también es un país mediterráneo) sobre el regreso del crecimiento a finales del año en curso se basa en la confianza de que Merkel habrá ganado las elecciones generales alemanas en el mes de septiembre, y en último trimestre de 2013 Berlín dará luz verde a una política europea de crecimiento, con más déficit, tipos de interés más bajos y puede que algo de inflación. Y que para esas fechas la unión bancaria esté lista por más que se aplace, por uno o dos años, la convergencia fiscal del déficit al 3%, como lo pide también Hollande, advirtiendo a la UE de que la “austeridad” no es la medicina apropiada porque conduce a la recesión y a la vez a movimientos populistas antidemocráticos en el seno de la UE.

Francia, con más del 10% de paro, una deuda cercana al 95% del PIB, un déficit tenue, crecimiento 0 y un sistema bancario con problemas llevados con el máximo sigilo, está muy lejos de las malas cifras de España. Y sobre todo no tiene los problemas de cohesión nacional, como le ocurre a nuestro país con Cataluña (y ya veremos si con el País Vasco, también), ni cuenta en su haber con el gran pantano de la corrupción y la pérdida de credibilidad de las primeras instituciones del país como la Corona, el Parlamento, el Gobierno, la Justicia y los partidos políticos. Allí el caso más llamativo de corrupción es el de L’Oréal que afecta a Sarkozy, quien además está pensando en volver al liderazgo de la UMP.

Se parecen los gobiernos de Hollande y Rajoy en que tienen una cómoda mayoría absoluta para gobernar, en que el liderazgo de los dos presidentes es “blando”, y en que los dos discrepan de las políticas de austeridad de Merkel, BCE, FMI y la Comisión. Y sobre todo se parecen en el obligado optimismo ante el conjunto de sus ciudadanos y en la cara de asombro que ofrecen cuando se conocen nuevas cifras sobre la marcha de la economía que cada vez son peores. Porque en recesión no solo no se controla el déficit sino que se va a peor, con menos recaudación pública (a pesar de la subida de los impuestos hasta la asfixia) y la caída del consumo.

Como en la paradoja de Zenón de Aquiles y la tortuga, el mítico guerrero nunca alcanzará al quelonio si éste toma la salida antes en la carrera, porque deberá de recorrer la mitad de esa distancia, y la mitad de la mitad, hasta el infinito. Lo mismo ocurre en la UE con la austeridad que bloquea el crecimiento, inalcanzable, hasta el infinito por la recesión, hundimiento de empresas y la caída de la recaudación pública y del consumo. Salvo que la señora Merkel rectifique y permita un vuelco de la situación.

Lo que en España debe de ir acompañado de otro tipo de vuelco político en el liderazgo, corrupción, crisis de Gobierno y cohesión nacional e institucional. Lo que debe pasar, y lo hemos dicho más de una vez, por relevo de las tres “R” del poder: la de Rajoy en la presidencia del Gobierno y del PP; la abdicación del Rey (antes de que estallen más escándalos); y la de Rubalcaba en un PSOE plagado de problemas. Y todo ello adornado por una cuarta “R” de Reformas relativas al modelo político nacional en pos de una democracia más representativa, con controles democráticos, y más participativa y transparente. Todo lo demás es ganar tiempo, lo que tanto le gusta a Rajoy y lo que no conduce a solucionar ni a hacer frente como se debiera a esta gran crisis española, marcada por la UE y por nuestros problemas nacionales que están lejos de desaparecer.

 

 

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