Zarzuela y Moncloa, en coplas de corrupción

Rajoy no quiere que el Parlamento debata la corrupción política y sobrados motivos tiene para ello. Empezando por la Casa Real que, desconcertada por la imputación del secretario de la Infantas, García Revenga, y por la imparable citación a declarar de la menor de ellas, Cristina, vive en el mayor de los desconciertos. Porque, además, no saben lo que está por salir de esa garganta profunda de Diego Torres, el socio de Urdangarin (por cierto a los dos les exige el juez una fianza de 8,1 millones de euros), quien tiene el convencimiento de que la Justicia no es igual para todos -como se aprecia en la situación de la Infanta Cristiana- y que, en ese caso, él tiene la obligación de desvelar los datos que coloquen a todos los afectados en el mismo nivel.

Y así y mientras desenredamos la trama de Urdangarin, nos llegan novedades de Luis Bárcenas, el ex tesorero del PP que confirman que este personaje regularizó en la amnistía de Hacienda más de diez millones de euros que tenía en cuentas opacas en Suiza, con lo que se confirma la versión de su abogado y queda en la peor de las evidencias el Gobierno de Rajoy. Y el ministro Montoro de manera especial, sobre todo si resultara cierto que Bárcenas hizo su regularización fiscal poco antes de que la Audiencia Nacional le volviera a abrir la causa (ambos hechos parece que ocurrieron en marzo de 2012). Lo que de ser cierto daría la razón al PSOE en su denuncia de connivencia entre la amnistía fiscal del Gobierno y la situación financiera y procesal de Luís Bárcenas, lo que sería el colmo de la desvergüenza política del Gobierno y del PP, amén del propio Bárcenas, quedando Rajoy bajo sospecha y en pésima posición.

Estamos, pues, ante dos casos de envergadura que afectan a los primeros palacios del país, la Zarzuela y la Moncloa y que tienen por delante un largo y penoso recorrido no exento de sorpresas y de posibles nuevas y mayores revelaciones, que podrían acarrear consecuencias de gran alcance, y al día de hoy difícil de imaginar. Lo que unido a la galopante crisis del paro y a la debilidad de las cuentas de la Seguridad Social, nos presenta un horizonte más bien oscuro y no exento de tensión política, judicial y social, por más que el ministro De Guindos se esfuerce en convencernos de que ya se ven brotes verdes en la balanza exterior, el déficit, y en la “bondad” de los mercados sobre la deuda española, que si bien parece cierta, nadie asegura que en un momento dado todo esto no pueda empeorar por la desconfianza que genera semejante estado de corrupción general española.

Y a no perder de vista el caos de los desafíos independentistas de Cataluña sobre los que todavía estamos en la espera de que el presidente Rajoy se digne a decir algo concreto, o a anunciar de una vez por todas alguna decisión que obligue a los adalides de semejante rebeldía catalana, institucional y anti constitucional a retroceder. O, por lo menos, a no dar un solo paso más en dicha dirección del referéndum ilegal, el Estado catalán, o la soberanía al margen de la española y nacional. Y si insiste y, cuando antes, que se ponga en marcha la intervención de gobierno catalán que es, si esto sigue así, lo que tarde o temprano ocurrirá. Lo que está claro es que así no podemos seguir con tantos frentes abiertos y mientras crece imparable la desesperanza y la tensión social.