Rajoy bosteza en Perú

“Eso no sirve para nada”, ha dicho como todo comentario el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ante la declaración aprobada por el Parlamento catalán en la que se proclaman “soberanos” y anuncian un referéndum ilegal. Se suele decir que el mejor desprecio es no hacer aprecio, pero mucho nos tememos que lo ocurrido en Cataluña a los españoles (y los europeos) si que nos importa y por lo tanto nos sorprende la displicencia y falta de firmeza y de autoridad de Mariano Rajoy, entre otras cosas porque el Estado español está financiando a un Gobierno en rebeldía inconstitucional como el catalán.

De Rajoy ya sabemos cómo es y su pasión escapista frente a todo problema de envergadura, pero conocer sus temores y su escaso valor no nos tranquiliza ni nos permite acostumbrarnos a ello. Por ejemplo imaginar a Rajoy en el gran debate europeo de Davos es impensable, porque o no lo han invitado o no ha querido ir, por lo que España está ausente y luego se lamenta de su marginación en el seno de la UE. Y todo ello a pesar de que en la actual crisis económica e institucional esperábamos y seguimos esperando un poco de liderazgo y de autoridad. A ser posible política y moral, lo que hoy resulta difícil de encontrar en el PP y su Gobierno, o incluso en el PSOE o en cualquier otro lugar de la vida pública.

En fin, el presidente se ha ido de gira internacional y solo irá al Parlamento para una breve sesión de control sobre el caso de su ex tesorero Bárcenas dentro de una semana y con el modelo de pregunta-respuesta a tiempo reducido, con lo que nada se podrá saber ni casi preguntar o contrapreguntar. Da igual, el PP ya da por enterrado el escándalo, una vez que Bárcenas parece haber dado marcha atrás en sus veladas denuncias, al parecer a cambio de que no le toquen la regularización de sus 10 millones de euros, que el ministro Montoro se ha negado a confirmar. Pero digan lo que digan la sospecha y el olor a podrido del caso Bárcenas está y no será fácil de eliminar del entorno del PP.

La parte positiva de la jornada peruana de Rajoy fue el anuncio de que se renovarán las ayudas de 400 euros a los parados sin ningún recurso, lo que era de esperar. Lo que se suma a las ayudas a las familias más desfavorecidas en los desahucios de las viviendas con la oferta de 6.000 casas para los peores situados. Es lo menos que puede hacer el Gobierno ante las terribles cifras del paro, con más de seis millones de desempleados, y del número de familias que ya no tienen ningún ingreso, lo que nos augura un año 2013 pésimo y en recesión (con un -1,5 % del PIB) y con nuevas expectativas de mas pérdidas de empleo, lo que nos puede llevar por encima de los seis millones y medio de parados en el próximo otoño.

Lo grave de todo esto es que, como en el caso catalán, el Gobierno no hace nada especial ni anuncia un plan de choque imaginativo y decisivo para reactivar el empleo. Sino que parece que estamos a verlas venir en todo. A ver si los nacionalistas catalanes convocan el referéndum ilegal y entonces actuará el ministerio de Interior, tal y como lo anunció ayer su titular Fernández Díaz, y a ver si mejora algo y por su cuenta la situación económica y social.

Es decir, la nave española navega con el piloto automático y con un rumbo económico/financiero impuesto por la UE, pero a la deriva en lo que a las políticas institucionales y sociales se refiere. Es el modelo distinto y distante de Rajoy. Además es lo que hay y además no se puede cambiar. Otra cosa será lo que los ciudadanos hagan en la próxima cita electoral, o de aquí a esa cita si las cosas siguen como van.