La Generalitat en “rebeldía”

El Parlamento catalán debatirá y aprobará hoy su declaración de soberanía, un hecho sin consecuencia jurídica o política pero que en todo caso está al margen de la legalidad vigente y también de la Constitución Española, donde se dice que la soberanía nacional reside en el pueblo español. Pero siendo esto así, el hecho de que esa declaración sea promovida y aprobada por CiU, el partido que gobierna y ocupa la Generalitat de Cataluña, eso es relevante por cuanto la legitimidad de ese Gobierno y su presidente emanan de la legalidad y la Constitución Española de las que ahora se burlan Artur Mas y su gobierno declarándose prácticamente en franca “rebeldía”.

Y este es un hecho que el Gobierno de Rajoy no puede ignorar, y menos aún cuando el gobierno catalán se niega a cumplir los objetivos de déficit -como se ha visto en 2012-, y por otra parte reclama grandes sumas de dinero al Estado para atender su deuda y sus impagos, mientras se gasta dinero público en fomentar la independencia de Cataluña que, por lo que se ve, pretende que sea financiada con fondos españoles, públicos y privados (porque una gran parte del dinero catalán llega desde el IVA español, del consumo de ciudadanos españoles, y del uso de servicios).

Vamos a ver qué ocurre hoy, pero todo apunta a que nada bueno ni viable, ni legal saldrá de esa votación parlamentaria catalana en la que veremos qué hace Unió, y en la que el PSC sigue jugando a la ambigüedad de “soberanía no” pero “autodeterminación sí”, lo que es un disparate que deja al PSOE sin un discurso nacional.

En realidad el montaje soberanista de Artur Mas, empeñado en su mesianismo histórico (y sin decir verdad alguna sobre la historia catalana, la relación económica de Cataluña con el resto de España, ni sobre Europa) constituye un disparate mayor y el avance de CiU dentro de un laberinto que no tiene salida, y que les puede llevar al camino de la ilegalidad plena de la mano de ERC. Y todo ello en el peor momento para Cataluña, porque se rompe la cohesión catalana y se divide a sus ciudadanos, porque el país catalán sufre el duro impacto de la crisis, además de sus propios casos de corrupción, y a no perder de vista las carencias democráticas y de libertades que emanan del nacionalismo.

Y además cuando en la burguesía catalana, y en sectores de peso e influencia como el empresarial la deriva independentista de Mas empieza a causar estragos -se van empresas de Cataluña y cae el consumo españolista-, y a provocar la indignación de empresarios y financieros, como se vio en la última declaración del presidente de Fomento, algo que a Mas, ahora mismo, le importa un bledo porque ya recibió el apoyo de estos sectores a favor de su “pacto fiscal” o “concierto fiscal”. Que es tan ilegal como el proceso de autodeterminación, y por lo tanto constituye un grave error de los empresarios y financieros catalanes que jugaron con el fuego del victimismo y callaron ante el “España nos roba” y que ahora ven que Mas ya no escucha a nadie y ha decidido lanzarse por el río bravo del soberanismo y está dispuesto al rumbo de colisión o al choque de trenes que tanto espanta al mundo empresarial catalán. Los mismos que -en compañía de los medios catalanes- le dieron cuerda al “muñeco” de Artur Mas al que ahora no pueden parar, entre otras cosas porque ha convertido el desafío catalán contra España en una cosa personal.