Ya está aquí 2013

Nos hemos escapado del fin del mundo de los Mayas y ya estamos metidos de lleno en este nuevo año que acaba en 13 para mal fario y temblor de los españoles porque ha dicho Rajoy, el hombre invisible de la Moncloa, que los seis primeros meses de 2013 serán malos, lo que puesto en boca de presidente quiere decir que serán horribles. Sin embargo, lo que no está claro es que el segundo semestre vaya a ser bueno o menos malo camino del final del túnel. A ver si Báñez empieza a ver brotes verdes, o ese vergel de sus sueños que nos adelantó meses atrás, víctima de una alucinación. La cuestión, o la prueba de fuego de lo que nos va o nos puede pasar estará en la cifra del paro. Si en el primer semestre se llega a los seis millones de parados (27%) entonces habremos puesto en picado y hacia tierra el morro de la aeronave española, un viejo Jumbo al que le costará levantar el vuelo.

En ese tiempo semestral los catalanes ya habrán comenzado sus fiestas soberanistas y el Parlament habrá aprobado una declaración de independencia, aunque ya sabemos que lo que suele aprobar esa cámara estratosférica y ajena a la realidad tiene fácil rectificación. Lo vimos con el Estatuto de Maragall. Y además para eso está el Tribunal Constitucional. En todo caso, cuidado con los catalanes y también con los vascos porque Urkullu, viendo la pasividad de Rajoy, ya está con la cantinela del Pais Vasco en Europa, tras la senda de Artur Mas.

En ese primer semestre veremos también que pasa en Italia y si Monti permanece o no al frente del Gobierno de Roma. Y por supuesto estará sobre la mesa la eterna cuestión del rescate del Tesoro español si las finanzas públicas, la deuda y los mercados se vuelven a encabritar, por motivos propios o ajenos -ya sabemos que el invisible Rajoy ha dicho que no lo descarta, lo que es toda una señal-.

Pero sobre todo en los seis primeros meses del año se espera que el Gobierno anuncie sus planes -nada bueno seguramente- sobre la nueva reforma de las pensiones, lo que desde Moncloa se presenta como un simple desarrollo de los últimos ajustes de Zapatero, pero mucho nos tememos que habrá algo más, además de la edad de jubilación a los 67 años y el tope de 63 para las jubilaciones anticipadas. Esa reforma y otras del mercado interior y relativas a la Administración del Estado están al llegar, en esa media mala mitad de 2013.

Y en ese tiempo también sabremos cómo cerró el objetivo de déficit de 2012, el que Rajoy se comprometió con la UE en situarlo en el 6,3%, aunque mucho nos tememos que eso no va a ser así, que estaremos en torno al 7% y ya veremos si por encima. Eso sí, De Gindos nos dirá que lo importante es reducir el déficit estructural y que eso sí se logró y que lo reconocerán la UE y los mercados, lo que también está por ver.

O sea, el arranque del año gafe será duro y determinante para todo lo demás. Se puede decir que España se juega mucho en ese envite, y el Gobierno también porque, como lo reconoció Rajoy el día de los inocentes, la paciencia de los españoles se ha acabado y solo queda suplicar comprensión. Algo difícil de pedir para quien gobierna por decreto y de espaldas a todos los demás. Por lo que lo más lógico sería que fuera el invisible Rajoy quien empezara a comprender lo que de verdad pasa a su alrededor y que “no todo es economía”, como le dijo el Rey en el mensaje de Nochebuena que tampoco ha querido escuchar Artur Mas. Pero Rajoy sigue desaparecido, incapaz de tomar decisiones y de dar la cara y eso, tarde o temprano, tendrá un coste político para él y para España como muy pronto se conocerá.