Rajoy, el hombre invisible

Mariano Rajoy habla poco y cuando lo hace no dice casi nada. Y menos aún si se trata de una cuestión conflictiva como el desafío catalán que ha pasado a zonas de pública rebeldía y desprecio al Estado y sus instituciones, empezando por la Corona y siguiendo por el propio Gobierno de la nación Española, lo que provoca la consecuente indignación ciudadana y la preocupación de cuantos españoles habitan en Cataluña. Pero como era de esperar Rajoy no responde, se pone de perfil, se viste de hielo y se sienta a esperar que sus adversarios catalanes -Mas y Junqueras- se den en las narices con el muro constitucional. Sobre Cataluña solo declara que defenderá la Constitución -¡faltaría mas!- y acepta una nueva entrevista con Artur Mas, para dialogar y pactar, como en aquella otra fallida en la que el catalán lo amenazó, tras recibir el rechazo a su pretendido pacto fiscal.

El presidente vive en el temor y se mueve en la oscuridad. Juega con los tiempos y tiene muy bien estructurado su discurso sobre la crisis económica: recibió una herencia (9% de déficit) mayor de lo que esperaba, en plena recesión y crisis del euro y la novedosa “realidad” le obligó a incumplir sus promesas, hacer duros ajustes y reformas estructurales, para “cambiar el rumbo” de la economía y sentar las bases del crecimiento a partir del segundo semestre de 2013. Además si no hubiera hecho esas reformas y ajustes España estaría mucho peor, con un 11% de déficit. Esta es la explicación de Rajoy del momento español, en puertas de los seis millones de parados y del incierto 2013 que nos espera (y ojalá que Obama consiga un acuerdo presupuestario y no empeore la situación).

Por supuesto, lo que no dice Rajoy es que él sí conocía el tamaño de la crisis que le esperaba -ya gobernaba en muchas autonomías y en las cajas de ahorro intervenidas-, pero a pesar de eso mintió y ocultó sus planes en la campaña electoral de 2011. Además, saber lo que ocurría era su obligación como líder de la oposición. Como sabe que: sus ajustes y reformas podían haber sido otros -sobre todo recortando el gasto político-; llevados a cabo con distintas maneras a las de su Gobierno -véanse a Wert y Gallardón, o en la crisis de Bankia donde él tiene un directa responsabilidad al haber nombrado a Rato en Caja Madrid-; y con otras prioridades para así evitar el sesgo ideológico que el propio Rajoy ha impuesto en Justicia, Educación y Sanidad, colando de matute un vuelco a la derecha, lo que aumenta las tensiones sociales existentes.

El presidente no habló -ni le preguntaron- de la crisis política e institucional española, empezando por la Corona, el Parlamento, y las Autonomías y se declaró contrario a cualquier reforma de la Constitución (“se puede reformar si hay objetivos claros, amplio consenso y una buena oportunidad”, declaró), mientras hacía un elogio desmedido de nuestro presunto sistema “democrático”.

La especialidad de Rajoy es la de no hacer nada en política, o no tomar decisiones que le incomoden. Y hacer en economía lo que le ordenan en Bruselas porque de lo contrario será la UE la que lo podría incomodar a él. Y aunque no las tiene todas consigo Rajoy considera que está en el buen camino y que a finales de 2013 se empezarán a ver los frutos de su siembra, y toda irá mucho mejor. De momento ha pasado un año y se le ve satisfecho con su labor y con su escapismo habitual que lo convierte en el hombre invisible que está pero no está, sobre todo frente a cuestiones nacionales de una cierta envergadura y dificultad.

El año termina bastante mal para todos los españoles, peor de como empezó, como lo denuncia Rubalcaba desde la oposición, la que tampoco está para tirar cohetes y el PSOE menos aún por sus fracasos electorales y problemas internos. El presidente Rajoy promete haber sentado las bases de la recuperación y el opositor Rubalcaba promete una alternativa de izquierdas. Promesas y palabras de unos dirigentes políticos de escaso liderazgo y poca credibilidad. Es lo que hay y “con estos bueyes hay que arar”, si es que antes no estalla la indignación general.