El Rey apela a “la política con mayúsculas”

Es la hora de “la gran política, de la política con mayúsculas,” ha dicho el Rey Juan Carlos I en su discurso de Nochebuena donde, tras subrayar que “todo no es economía”, el monarca reconoció el deterioro de las instituciones de las que se alejan los ciudadanos como de la política, al tiempo que pedía diálogo y consensos para evitar los enfrentamientos en este tiempo tan difícil marcado por el pesimismo y necesitado de confianza. “Vivimos uno de los momentos mas difíciles de la Historia reciente de España”, dijo el Rey en su mensaje de Navidad que, esta vez, contó con una nueva escenificación en la que el monarca aparecía casi erguido, en su despacho, y ligeramente apoyado en su mesa de trabajo, quizás como consecuencia de su reciente operación de cadera.

También hubo alusiones del monarca a la lealtad y la legalidad, pero ninguna mención directa al serio problema catalán, como lo había hecho meses atrás en su carta editada en la web de la Casa Real donde calificó de “quimera” las ambiciones soberanistas de Artur Mas. Esta vez el monarca no ha querido entrar en el tema, quizás porque no ve tan quimérico, como antes, el desafío de los independentistas o simplemente para evitar una reacción dura de los nacionalistas contra la Corona. Lo que estaría en línea con la decisión, tan sorprendente como innecesaria, de traducir –en la web real- el discurso de Nochebuena al catalán, euskera y gallego, un gesto innecesario porque imaginamos que con ello el monarca pretende acercarse –inútilmente- a los nacionalistas, pero lo aleja de los españoles.

Por supuesto el discurso ha incluido muchas alusiones y palabras de ánimo y reconocimiento para los españoles que sufren todas las inclemencias de la crisis, con especial alusión a los jóvenes, los emigrantes y al valor de las familias y de las organizaciones de caridad que hoy ayudan a los mas necesitados, alusión que bien hubiera merecido una seria advertencia del monarca a Rajoy y su Gobierno que ha abandonado a su suerte a estos sectores mas desfavorecidos de la sociedad.

Sin embargo la crítica mas directa al Gobierno, o al menos así puede entenderse, es la petición del Rey de una “gran política, de una política con mayúsculas”, subrayando a la vez que “no todo es economía”. Y en ello el Rey acierta y tiene bastante razón porque sobre todo es la política –grande o pequeña- la que falla de una manera estrepitosa en España. Empezando por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, un tecnócrata obsesionado por la economía que no le pone cara y ojos de los ciudadanos a sus prioridades en la gestión de la vida pública, siguiendo por la acción de su Gobierno y el primer partido nacional el PP. Y sin perder de vista a la Oposición, donde por ejemplo en el primer partido, el PSOE, no solo falla la política sino que falla casi todo hasta el punto de que los socialistas están desapareciendo como partido nacional español en Cataluña y el País Vasco de manera asombrosa y sin que nadie se atreva a hacer frente a tan grave situación.

En la España actual no hay líderes políticos de envergadura. Y casi solo hay un partido nacional, el PP (mas UPyD e IU) pero cada vez mas conservador y alejado de la gran base social del país. Y estas carencias unidas al fracaso del sistema político y de sus enormes ausencia democráticas –la pésima ley electoral, la no separación de poderes, ausencia de controles, etc- están entre las causas del dramático momento por el que atraviesa España.

De esas carencias democráticas no dijo nada el Rey, ni tampoco mencionó la corrupción –el pasado año si quiso decir, por el caso Urdangarín, que todos los españoles son iguales ante la ley, lo que está por ver-, y ello a pesar de que no cesan de salir escándalos tras escándalos, mientras desde el Gobierno se otorga medidas de gracia, indultos y amnistías a políticos corruptos, torturadores, defraudadores, etc, lo que empeora mas si cabe la situación y la tensión social.

De ahí el desapego de los ciudadanos de las instituciones –aquí incluidas especialmente las Autonomías- y de la clase política. Y la necesidad de esa “política con mayúsculas” que reclama el Rey. Pero si no hay políticos y gobernantes con mayúsculas o de gran nivel ¿como se puede hacer o llevar a cabo “la gran política” que solicita el monarca? Es cierto que todo se puede mejorar y que algo hay que hacer. Pero con los mimbres actuales no es nada fácil al día de hoy imaginar un vuelco rápido y sorprendente que convierta nuestra deteriorada situación y nuestra clase política en paladines de una nueva y brillante etapa nacional.