Balance 2012 y alta política

Hoy se cumple el primer año del Gobierno de Rajoy, en plena tensión social con cerca de seis millones de parados y más de medio millón de familias sin ningún tipo de ingresos. En mismo día en que Artur Mas, con apoyo de ERC, escenifica durante su investidura el desafío de su gobierno en pos de la independencia de Cataluña, y en el que el Congreso de los Diputados, rodeado por ciudadanos vestidos de negro, aprobó los Presupuestos de 2013. Mientras tanto, Rodrigo Rato declaraba como imputado en el caso de Bankia ante la Audiencia Nacional, entre protestas e insultos, similares a los que han adornado otras protestas de muy destacados grupos sociales -médicos, jueces, investigadores, estudiantes y profesores- que mantienen su nivel de quejas contra los ajustes del Gobierno en Sanidad, Justicia y Educación.

La situación económica, social, política e institucional de España es mala. Peor, sin duda, de la que existía hace un año cuando el PP llego al poder. Pero Rajoy insiste en que se han sentado las bases de la recuperación, arreglado muchos problemas por causa de la herencia recibida del PSOE, y garantizado la financiación de la deuda española a mejores tipos de interés, al tiempo que se ha mejorado la situación del déficit público y de las exportaciones del país, ahora más competitivo, aunque el crédito, la inflación y el consumo están de capa caída. Lo que impide garantizar que en el año 2013 España evite la recesión y comience a crecer por lo menos a finales de año como lo anuncia el Gobierno.

Las cosas de España están mal y pueden ir a peor, pero desde la Moncloa se argumenta que de no haberse hecho los ajustes y las reformas de este año que termina la situación española habría sido catastrófica y cercana a la quiebra del Estado. O sea que estamos, según el Ejecutivo, ante un mal menor pero sentando los pilares de una etapa de recuperación que estar por venir e incluso por dar señales de mejora que se esperan para mediados de 2013.

La economía, pues, parece encarrilada y además, desde el interior de la Unión Europea, no cabían muchas alternativas posibles a lo hecho por el Gobierno aunque puede que sí otras prioridades y ajustes en algunas partidas institucionales y sociales. No obstante lo que no acaba de funcionar es la política. No hay liderazgo ni en el Gobierno ni en la Oposición y, además de los problemas de índole económico y social, los más acuciantes, el gobierno acaba de abrir otras zonas de conflicto social en ámbitos de la Justica, la Sanidad y la Educación, con lo que la conflictividad aumentó y afecta a colectivos muy significativos de la sociedad.

Además están los problemas institucionales como los que en los pasados meses han afectado a la Corona y la familia real, o a la unidad de España, especialmente con el desafío del nacionalismo catalán, y muchas instituciones y entidades tocadas por los casos inagotables de corrupción. Los propios partidos políticos sufren altas cotas de desprestigio entre los ciudadanos, como lo revelan los distintos sondeos de opinión.

Desde el Gobierno ante este fracaso de la política, que tiene su origen en el continuo escapismo de Rajoy y la debilidad de varios de sus ministros, se justifica el deterioro diciendo que ha fallado la comunicación. Cuando en realidad lo que falla es la política y la ausencia de una estrategia, de un análisis realista de lo que pasa en España y el no reconocimiento de que el sistema político que emana de la Constitución de 1978 no funciona y está agotado y pendiente de una profunda reforma democrática, empezando por la ley electoral. Pero tanto el PP como el PSOE se resisen a esta reforma democrática en la que los profesionales de la política no mantendrían sus actuales privilegios, con lo que los problemas de la política permanecerán donde están y a expensas de que mejore la economía y la situación social. Y si no mejoran entonces todo irá a peor y en medio de una continua y creciente tensión social. De ahí la importancia de la alta política que no acaba de aparecer ni de funcionar.