Nuevo ataque de pánico de Rajoy

Artur Mas persiste en el error y ayer ha firmado con ERC el pacto de legislatura que garantiza su investidura y anuncia un proceso soberanista catalán hacia la independencia. Un nuevo y cada vez más grave desafío frontal al Estado y a la legalidad, que provoca inestabilidad e inquietud política en Cataluña, en toda España y en la Unión Europea. Un asunto importante frente al que Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno de España, ha vuelto a dar la callada por respuesta desapareciendo raudo de la escena política, imaginamos que víctima de esos ataques de pánico psicológico que le suelen dar al presidente de España cada vez que ocurre algo grave o de gran trascendencia para el país. Lo que le lleva a Rajoy a esconderse, retrasar su respuesta o su presencia, en pos de ganar algo de tiempo y de recuperar el ánimo.

Artur Mas está en fuga permanente hacia ninguna parte y anuncia un pacto con ERC para un referéndum de autodeterminación en pos de un Estado catalán que se integre en la Unión Europea. Y sabe que la consulta es ilegal, que no se va a permitir ni se va a celebrar, como sabe que la Unión Europea nunca aceptará en su seno un Estado catalán. Y por si algo le faltara el líder de Unió, Duran i Lleida, le anuncia que su partido no aceptará celebrar una consulta ilegal. Luego el pacto de Mas con Junqueras está basado en un imposible y en la falsedad. Aunque de momento, y ello es lo más notorio, el acuerdo le permite a Artur Mas ser investido presidente de la Generalitat y evitar su dimisión y la convocatoria de otras elecciones anticipadas, tras su reciente fracaso electoral del pasado 25 de noviembre.

No obstante el pacto CiU-ERC (que sí está suscrito por Unió) ya ha creado inquietud en Cataluña y el resto de España. Porque este nuevo desafío, adornado con palabras rimbombantes como la del “Pacto por la libertad” -cuando son las libertades las que más se están dañando en Cataluña por culpa de los nacionalistas-, y con declaraciones soberanistas, como la que aprobará el Parlamento catalán en su primer debate, ofrece una imagen de inestabilidad política, económica y social de Cataluña, lo que afectará y mucho a su situación económica y social, ahora empeorada con nuevos impuestos, lo que provocará fuga de inversores y una oleada de deslocalización de empresas que saldrán del territorio catalán, lo que afectará a las arcas de la Generalitat y al empleo.

Asimismo, la inestabilidad política catalana que se desprende del pacto de CiU con ERC daña la imagen de España en la UE y va a poner en marcha una serie de tensiones institucionales y legales entre el gobierno catalán y el Estado español, que veremos hasta donde llegan y las consecuencias que tienen para Cataluña, CiU, ERC y Mas, esencialmente por embarcarse en una aventura hacia ninguna parte y al margen de la legalidad.

Sin duda un hecho relevante y preocupante que merece la clara e implacable respuesta del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Pero sabido es que cuando España se enfrenta a un problema de envergadura nuestro jefe del Gobierno desaparece como por arte de magia, porque sufre un miedo escénico inicial que lo paraliza y le impide reaccionar. Una especie de ataque de pánico psicológico que bloquea a Rajoy y le impulsa a salir huyendo y a esconderse de todos: de la opinión pública y de la ciudadanía, a la espera  de que pase el temporal y se calme la tormenta. O a la espera de que el presidente recupere el ánimo (no sabemos si con medicación o con atención médica psicológica), y es entonces cuando Rajoy, a toro pasado, suele comparecer a dar una versión edulcorada de la situación, como si no pasara nada trascendente.

No se conoce en nuestro entorno europeo y occidental nadie ni nada semejante. La fuga espectacular del primer ejecutivo del país cada vez que ocurre algo grave o preocupante para la nación. Lo hemos visto en los años de la oposición de Rajoy, huyendo por ejemplo de los problemas internos de su partido, y en numerosas ocasiones a lo largo de su primer año de Gobierno. Como cuando se anunció la subida de impuestos y del IVA, o cuando se acordó la petición del rescate de la banca española a la UE, o en todos y cada uno de los desafíos catalanes, o cuando rectificó su promesa de no tocar las pensiones o en las huelgas generales, o conflictivas reformas laboral, de la Justicia, la Sanidad o la Educación.

En los últimos y continuos desafíos de Cataluña al Estado las espantadas de Rajoy han sido muy notorias. Y no digamos en su última entrevista con Artur Mas en Moncloa cuando el catalán le amenazó en el despacho oficial del presidente del Gobierno de España y Rajoy se quedó estupefacto y sin reaccionar. Y para una vez que habla -imaginamos que bajo el efecto de ese pánico que le suele entrar- como cuando la manifestación de la pasada Diada de Cataluña, Rajoy desvarió calificándola de “líos y algarabías”, palabras poco afortunadas, a la vista de cómo estamos y cómo está al día de hoy el desafío catalán, apoyado por casi el 70 % del parlamento de Cataluña, lo que tampoco se debe desdeñar.

Ayer Rajoy, a pesar de que estaba en el Parlamento y de que Rosa Díez le preguntó por el caso catalán, se volvió a esconder. Esta vez tras la vicepresidenta Sáenz de Santamaría que se limitó a decir que el Estado tiene resortes para impedir el referéndum ilegal. Pero eso, que es una obviedad, no es la respuesta que se merece Artur Mas y que esperan los españoles del presidente de España. Pero Rajoy es como es y sufre esos ataques de pánico, o miedo escénico al conflicto político, lo que empieza a ser todo un problema nacional para este país que necesita liderazgo y sobre todo que el primer gobernante de España esté donde debe estar.