Rajoy provoca para que salgan las cuentas

A Mariano Rajoy siempre le han venido bien los problemas y las crisis ajenas para el desarrollo de su carrera política. Llegó al poder más por los errores de Zapatero que por méritos propios en la oposición. Y ahora los desencuentros italianos entre Monti y Berlusconi han apartado a España de los focos de los mercados y el presidente español se da un respiro para evitar el rescate de la deuda española por parte de la UE antes de finales del presente año, con lo que el desdoro de su primer año de Gobierno queda reducido al rescate de la banca, a la práctica intervención de la economía española por la UE y a un rosario de incumplimientos de las promesas electorales del PP, convertidos en un clamor de los ciudadanos contra el Gobierno.

En política nacional la auto destrucción del PSOE, sin liderazgo ni alternativa, hacen que el desgaste del PP, por la austeridad que ha impuesto en el país y los recortes sociales, sea menor que la del primer partido de la oposición. Incluso el desafío de Artur Mas a la unidad de España se ha vuelto contra CiU y el propio dirigente nacionalista, ahora en manos de los radicales de ERC y sin mas opción que la ruptura de la legalidad y la expulsión de Cataluña de la UE, lo que no le llevará a ninguna parte y además provocará un desencuentro entre CiU y su base electoral de la burguesía catalana, situada en las antípodas de ERC.

En la opinión pública, el prestigio de Rajoy y su gobierno está por los suelos a tenor de lo que revelan todas las encuestas -por mas que Rubalcaba y el PSOE estén peor-, y ello muy a pesar del gran control que el Gobierno ejerce de todos los grandes medios de comunicación públicos y privados del país. Lo que no les sirve para mucho porque “la realidad” -el argumento que utiliza Rajoy para justificar sus incumplimientos electorales- está en las casas, las familias y los trabajos o el desempleo de los españoles y la propaganda oficial solo sirve para aumentar la indignación de los millones de ciudadanos afectados por la crisis y hoy alejados del gobierno, y escandalizados por el incesante ruido de la corrupción que confirma la ruptura de muchos españoles con la clase política.

Por ello, la creciente tensión social es hoy el gran problema del Gobierno de Rajoy. Y ahí incluida la de muchos de sus votantes y militantes que se sienten decepcionados por el gobierno del PP. Una tensión entre su electorado que Rajoy se quita de encima a base de soltar esos dos provocadores y ruidosos perros de presa en los que ha convertido a sus ministros Wert y Gallardón. Dos personajes sobrados de malos modales que cumplen su encargo de provocación con bastante éxito en base a varias propuestas y reformas ideológicas y políticas, que enervan a los nacionalistas (“españolizar” la enseñanza catalana), y a la izquierda (el aborto, tasas judiciales, la religión en la enseñanza, etc.), con las que el Gobierno de Rajoy da carnaza a su otra jauría mediática, que es la que distrae la atención de los votantes y seguidores del PP y les hace olvidar los enromes perjuicios y problemas que les causan los ajustes económicos y sociales de “su” Gobierno.

Aunque lo cierto es que ese juego de la provocación, temerario e innecesario, le sirve a Rajoy para poco porque tensa y divide al país más de lo que ya está. Pero sobre todo aumenta el éxodo de los españoles que se alejan de la política y de los políticos hacia nuevas fórmulas de protesta y organización social que podrían derivar, no ya hacia la exigencia de un cambio de Gobierno, o una reforma constitucional, sino incluso en la petición de un cambio de “Régimen”, lo que nunca habría que descartar. En todo caso, las provocaciones ultra conservadoras del Gobierno de Rajoy solo reaniman a los votantes de siempre, a los incondicionales de una derecha ultra conservadora. Pero nada de esto evitará que votantes del centro político, esenciales en unas elecciones, abandonen al PP camino de la abstención, o UPyD, en ausencia de la alternativa del PSOE, hasta ya veremos cuando.

Sin embargo Rajoy cree que a él le salen las cuentas: la oposición está peor que el PP, e Italia ha quitado a España el título de gran problema de la UE. Al tiempo, el presidente cree que a finales de este año habrá conseguido reducir el déficit, al menos en lo “estructural” y que ello le hará merecedor de una buena fama de cumplidor y dejará abierta a España la puerta de la UE para el rescate de la deuda, o para cuando la señora Merkel lo autorice.

Aunque las perspectivas de 2013 para España no parecen nada halagüeñas ni en el paro, ni el crecimiento, y ya veremos en los costes de la financiación del déficit que para ese año necesitará fondos por 230.000 millones de euros, de ahí la importancia de conseguir tipos de interés muy bajos como los que nos ofrecería el BCE y el MEDE en pleno rescate del Tesoro. O sea, Rajoy cree que ha pasado el peligro de quiebra y de un gran rescate de urgencia y que tiene encaminado el problema bancario, lo que le hace pensar que está en terreno firme para conseguir financiación y que, a partir de ahí, podrá progresar. Y eso le consuela por mas que a su alrededor el espectáculo de España sea dantesco y deje mucho que desear. Al igual que su deteriorado y débil Gobierno que bien merecería una importante remodelación, aunque ese no es ni mucho menos ni el estilo ni la urgencia de Rajoy.