Mas desvaría y Soraya se desmaya

Mientras Artur Mas se sumerge cada vez mas en el pozo de la locura independentista, preso de mesiánicas convicciones y de iras furibundas por sus propios fracasos y las provocaciones que le llegan de Madrid, en su coalición, CiU, y en la alta burguesía de Cataluña que lo sostienen, permanecen perplejos y prestos a acatar todas y cada una de las condiciones que ha impuesto el líder de ERC, Oriol Junqueras. El que ha convertido a Mas en su marioneta y rehén (dado que sin la investidura Artur Mas se tendría que marchar), y que tiene bajo su mando el gobierno de Cataluña y su demencial cabalgada hacia ninguna parte, a pesar del empeño de ambos, de Mas y Junqueras, de que los catalanes sean expulsados de Europa.

Pero mientras Mas sufre un ataque de desvarío y anuncia que va a romper la unidad de España, presentando una hoja de ruta clara y ajena a la legalidad, en Madrid Rajoy y su Gobierno permanecen en la inopia y como siempre huyendo de la realidad y de lo que se revela como una necesaria y contundente respuesta a este nuevo y demencial desafío catalán.

Sin embargo, todo lo que se le ha ocurrido al Gobierno de Rajoy sobre el pacto de legislatura hallado entre CiU y ERC, que incluye la ruptura del Estado y la violación de la legislación vigente y la Constitución, ha sido decirle a Artur Mas que “reflexione” y porque ha desbordado sus propias ambiciones soberanistas, las que eran de por sí todas ellas inconstitucionales. Eso es lo que le ha dicho Mas la presidenta en funciones del desvaído Gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría, cuyo desconocimiento de la política, la gestión pública, la comunicación y la coordinación del Gabinete -donde los ministros van a sus anchas-, empieza a ser demasiado evidente y un problema de incidencia nacional.

La ‘niña de Rajoy’ no da la talla, ni dice la verdad -o la oculta- en muchas de sus ruedas de prensa, y cuando se enfrenta a un asunto importante -de esos de los que huye Rajoy – aparece perdida y sin respuesta para abordar la trascendencia que se le presenta ante sus narices, como le ocurrió ayer a Sáenz de Santamaría tras el Consejo de Ministros que presidió -pero ¿en manos de quién estamos?- por ausencia de Rajoy. Y a cuyo término, y en la rueda de prensa, se le pidió una respuesta al anunciado pacto de legislatura entre CiU y ERC. El que incluye el referéndum ilegal, Hacienda propia, banco nacional, seguridad social, etcétera, y todo esto que conduce a un Estado propio, como reconoció, sin inmutarse, la vicepresidenta con una sorprendente complacencia y candidez.

Actitudes desde las que dijo, como si escuchara llover, que el pacto CiU-ERC va “más allá” de lo que inicialmente había planteado Artur Mas. Como si lo del referéndum de Mas a ella y al Gobierno de Rajoy les pareciera ¡excelente! Y luego llegó la retahíla de las bobadas habituales como lo de pedir a Mas “reflexión, estabilidad” y evitar situaciones que crean “incertidumbre”. Mientras desde Bruselas el presidente Rajoy (otro que tal baila) añadía que lo prioritario ahora es la crisis económica.

Y eso es todo. Se anuncia en Cataluña un gobierno de ruptura con España con una hoja de ruta de desafíos al Estado y la legalidad, y en la Moncloa no saben qué decir. Y como de costumbre también huyen del conflicto y no marcan las líneas rojas oportunas ni advierten que España no va a consentir nada de esto, y que un gobierno catalán que se pone fuera de la legalidad no es interlocutor válido para nada ni para nadie en el Estado español, etcétera.

De manera que este gobierno que es tan bravo para ponerse chulo por boca de Wert, Gallardón o Montoro, generalmente en contra del conjunto de los españoles y abriendo problemas donde no los había, cuando se le presenta un desafío frontal se desvanece, se esconde, balbucea y no ofrece la menor muestra de autoridad ni de talento político.

Puede que, como le ocurrió en las pasadas elecciones catalanas, Mas no necesite otros adversarios porque consigo mismo se basta para arruinar su carrera política y liquidar, por mucho tiempo, los disparates de los nacionalistas. Pero se ve que Su fracaso el 25-N no le ha servido de escarmiento, entre otras cosas porque ahora sólo piensa en salvar su propio pellejo y sabe que sin el apoyo de ERC se tendría que manchar en la compañía de los Pujol. Pero Mas parece no haber entendido que si Madrid dice alto y claro “no” se le acabó su plan independentista y todo lo demás. Y además su base electoral (que le abandonó en un 30 % el 25-N) no le seguirá porque se quedará en casa o simplemente se pasarán a ERC.

Pero que Mas se interne cada vez más en el pozo que él mismo ha horadado y del que difícilmente podrá salir, no es óbice para que el Gobierno de España ponga las cosas en su sitio. Porque hay -en Cataluña y en el resto de España- millones de españoles que están hartos de malas noticias, de batallas ideológicas gratuitas -como las de Wert y Gallardón-, y que no entienden que, en medio de los graves problemas nacionales, el Gobierno calle ante semejantes desplantes y desafíos de Mas y Junqueras. Y que la sola respuesta sea la de ‘la niña de Rajoy’, diciendo que CiU va “más allá” de lo que se había planteado. Y ¿eso es todo, en nombre de la soberanía nacional?