Sin rumbo político y con incierta economía

El presidente Rajoy y su maltrecho Gobierno se acercan a la fecha de su primer cumpleaños al frente del poder Ejecutivo cuando la situación política, económica y social de España está mucho peor de lo que estaba cuando asumieron el poder tras recibir la famosa pésima herencia de Zapatero. Ahora a Rajoy le tocará administrar en 2013 su propia herencia y todo anuncia que no para abandonar los terrenos de la crisis económica en pos de una tierra prometida cuyo horizonte el presidente ha situado en los albores de 2014.

Al menos en la economía el Gobierno tiene un proyecto, una hoja de ruta, un plan. O mejor dicho: Rajoy se ha limitado a aplicar en España todas y cada una de las consignas, las recomendaciones y los ajustes y reformas que nos han impuesto desde el corazón de la UE (CE y BCE) y desde el FMI. Rajoy hizo suyo el dictado de Merkel y sus austeras tablas de la ley, que no solo han fracasado en España, sino también en todo el territorio europeo y a la puerta están de la misma Alemania. El excesivo rigor exigido y los apremiantes calendarios para los ajustes han causado estragos en España y en la UE, y en 2013 se deberán reformar los ritmos y los objetivos del déficit.

Pero los problemas y necesidades financieras de España eran de tal envergadura y urgencia -se corría el riesgo de la intervención plena por la UE y de ser expulsados de los mercados- que Rajoy y su gobierno no tuvo mas opción que atender a las exigencias de la UE para recibir el rescate bancario y estar en condiciones de pedir el rescate del Tesoro y la deuda pública el próximo año, si el coste de la enorme financiación que España necesitará en 2013 -que se acerca a los 230.000 millones de euros- se hace inasumible y nos vemos obligados a recurrir a los préstamos especiales del BCE y del MEDE. La financiación y la reforma del sistema financiero eran y son una primera urgencia que había que solucionar y frente a ello no cabían alternativas -sobre todo por la urgencia-, de ahí que el gasto social (educación, sanidad, funcionarios y pensiones) y el gasto público (Presupuestos del Estado y Autonomías) eran, con la subida de todos los impuestos, la única posibilidad rápida para los ajustes sin caer en la quiebra, o en la plena intervención de España.

Sin explicarlo con claridad Rajoy, de vez en cuando, alude a ello con un hilo de voz que emana de entre las bambalinas del palacio de la Moncloa donde su pretendido liderazgo permanece oculto o simplemente inexistente. El presidente en el primer año se convirtió en un alto funcionario encargado de gestionar el déficit y de evitar el colapso financiero del país. Y de momento ya están ahí los más de 40.000 millones del rescate europeo a la banca española, todo un respiro para el sistema financiero nacional. Como cierto es que las administraciones autonómicas y del Estado han recortado una parte importante de sus gastos, aunque el llamado gasto político se mantiene intacto en beneficio de la partitocracia y de la clase política, hoy tan desprestigiada en España.

Rajoy ha atendido la cuestión del déficit, sin lograr su objetivo del 6,3 %, para 2012 pero mejorando la situación y reformando el sistema financiero y la capacidad de endeudamiento de España en los mercados, lo que no es poco. Aunque todo ello ha tenido un alto coste social, y ha adolecido de la política, de la alta política, mientras el país entró en una pendiente de desapego ciudadano de los gobernantes y dirigentes políticos, al tiempo que se agravó el problema de la cohesión de España, especialmente en Cataluña, y crecieron los casos de corrupción, de desprestigio de la Justicia y del propio sistema político.

Lo que ha dado pie al debate sobre la que se presenta como una imprescindible reforma constitucional. Y no solo por la cuestión autonómica o de aspectos formales como dicen algunos dirigentes políticos y sus voceros mediáticos, sino y sobre todo hace falta la reforma democrática. Y en todo esto Rajoy no solo no ha hecho nada, sino que se ha encastillado en su mayoría absoluta, ha roto puentes con toda la oposición y sindicatos y su persona y las de sus ministros carecen de prestigio social y han sufrido, en un año, un desgaste político y de imagen descomunal.

La política -y no solo la comunicación- ha fallado plenamente en el primer año de Rajoy, mientras esperamos que los ajustes y los sacrificios económicos nos lleven por el camino, aun muy lento e incierto, de la recuperación, guiados por la larga mano de la UE, convertida en nuestro gendarme y nuestro conductor. Pero ¿cómo puede Rajoy dar un vuelco en la política, dados sus extraños y casi “autistas” modales de ejercer el poder? Esa es otra cuestión urgente que debe comenzar por una importante reforma de su Gobierno, cosa a la que con seguridad se resiste el propio Rajoy. Pero que no podrá evitar porque el descontento y la tensión social no dejan de crecer y ello le obligará a reaccionar. ¿Cuándo? Eso ya se verá pero cuando antes mejor para evitar males mayores como los que podrían estar al llegar.