Mas lleva a Cataluña hacia el desastre

Nada bueno para Cataluña y para España va a salir de las elecciones de este domingo. Las que Artur Mas ha decidido adelantar huyendo inútilmente de la gestión de la crisis económica catalana, envolviéndose en la bandera de la independencia y subido en un discurso populista y lleno de falsedades sobre la Historia, las cuentas con España y las pretensiones de integrar al presunto Estado catalán en la UE, tras la celebración de su prometido, de imposible celebración, referéndum ilegal de autodeterminación. Y todo ello en pos de una mayoría absoluta de CiU que no va a conseguir, fracturando más si cabe la sociedad catalana y abriendo una profunda sima entre los ciudadanos de Cataluña y del resto de España que tendrá repercusiones muy negativas para el territorio catalán en las inversiones y el consumo por parte de fondos y empresas internacionales y por consumidores españoles.

Este es el horizonte político, social y económico catalán que ha buscado y diseñado Artur Mas con su demencial desafío al Estado y España, al estilo del que años atrás lanzó Juan José Ibarretxe desde el País Vasco, y con una sorprendente improvisación y falta de previsiones de riesgos que obvió con el argumento “sentimental” de la manifestación de la Diada del pasado 11 de septiembre. La que él mismo y CiU habían organizado desde el poder de la Generalitat siguiendo un temerario plan que incluía la escenificación de la ruptura del Gobierno catalán con el presidente Rajoy en la Moncloa donde Mas, con tonos amenazantes y modales nada democráticos, exigió un pacto fiscal para Cataluña que no está contemplado en la Constitución.

Por si algo faltara en este escenario, en plena campaña han estallado nuevos escándalos de corrupción que han relacionado a la cúpula de CiU, a Mas y al propio Pujol, con la corrupción del Palau de la Música, escándalos que a la vez se han visto envueltos en una presunta “guerra sucia” del Gobierno de Rajoy contra los citados dirigentes catalanes según lo ha denunciado el propio Mas, y que marcaron el debate final de una tensa y oscura campaña electoral donde hay muchas cosas en juego y ahí incluida la unidad de España. Además del daño de imagen y de cohesión nacional que esta deriva independentista de CiU ya ha causado a nuestro país en el mundo y Europa. Un daño previsible que Mas buscó al aprovecharse de la vigente debilidad financiera e institucional de España para lanzar su desafío independentista, amenazando con violar la legalidad con su pretendido referéndum desde un gobierno catalán en quiebra que está, prácticamente intervenido y depende de las subvenciones los fondos autonómicos (FLA) del Estado español.

La mayoría de las encuestas publicadas sobre los resultados electorales de Cataluña señalan que nada esencial cambiará en el mapa político catalán, salvo un importante retroceso del PSC y pérdida de votos de las grandes opciones políticas en favor de minorías como ICV, Ciudadanos y ERC. Y siendo esta última la gran beneficiaria del discurso independentista de Mas y la que podría convertirse en la aliada principal de CiU para avanzar hacia la ruptura con España, lo que a su vez provocaría una crisis importante entre Mas y al mundo financiero y empresarial catalán que ideológicamente está en las antípodas de ERC. Un poder económico que ha consentido, con su silencio y apoyado con sus medios de comunicación, el colosal disparate independentista de Artur Mas. Los mismos empresarios y financieros que ahora temen represalias de los consumidores y clientes españoles, y que ya empiezan a ver y sufrir “castigos” por todo ello, mientras crecen noticias de la marcha de fondos y empresas del territorio catalán por causa de la grave inseguridad jurídica que provoca la incertidumbre política catalana.

Si Mas no consigue la mayoría absoluta de CiU con 68 escaños o más, o un ascenso notable por encima de los 62 diputados que logró en 2012 su apuesta soberanista y él mismo habrán sufrido un severo castigo, porque quedará peor que estaba aunque pueda volver a gobernar y esta vez con un mandato secesionista de sus electores, lo que tampoco conviene olvidar. Pero la legislatura que le espera será aún más dura que la anterior porque la crisis no solo no cesa sino que va en aumento -al menos en 2013- con el riesgo añadido para Cataluña de la guerra comercial con el resto de España, y una tensa y casi imposible relación con el gobierno central de Madrid. Y con un gobierno catalán débil que dependerá del independentismo radical del ERC que ya destruyó con sus invectivas y presencia en el gobierno de la Generalitat al PSC de Maragall y Montilla y que ahora tendrá a Mas como rehén.

¿Cómo han podido Mas, CiU y gran parte del empresariado catalán iniciar semejante viaje hacia la independencia sin medir los riesgos, la legalidad y los efectos políticos (españoles y europeos), económicos y sociales de este desafío y en las actuales y difíciles circunstancias españolas y catalanas? Si los resultados de este 25-N no cumplen las expectativas de Mas puede que su salto hacia el vacío acabe teniendo efectos contrarios a los que pretendió, aunque con todo ello haya reforzado la base social del independentismo de Cataluña lo que puede que le obligue a decisiones y compromisos que no va a poder cumplir y que los ámbitos económicos catalanes más influyentes tendrán que rectificar.