Aniversario del 20-N, España sin liderazgo

En medio del desastre generalizado español, en el Gobierno de Rajoy y en la cúpula del PP se detecta una cierta complacencia cuando se cumple un año de su victoria electoral del 20-N de 2011. Y ello a pesar que las cosas de España van a peor –en todo- sin que nadie ni el propio Rajoy ejerza un verdadero liderazgo nacional, sin un Gobierno de primer nivel ni un proyecto y plan de acción integral, salvo el que la UE nos impone desde Bruselas con el único discurso del control del déficit y la austeridad que nos han sumergido en el inmenso pantano de la recesión.

Nadie desde el inicio de la transición ha tenido más poder en España que Rajoy: mayoría absoluta del Congreso y del Senado; los gobiernos de 13 Comunidades Autónomas; gran cantidad de ayuntamientos y diputaciones; el Consejo del Poder Judicial; el Tribunal de Cuentas; el Banco de España; la CNMV; la RTVE y todas las grandes cadenas privadas de radio y televisión y mayoría de los diarios nacionales, todos ello bajo el control de los editores conservadores; gran influencia sobre la Banca y Cajas; así como sobra las grandes empresas privadas sometidas a regulación. Por tener Rajoy tiene incluso a su favor la profunda crisis del PSOE, el primer partido de la oposición.

Pero Rajoy no tiene liderazgo ni un buen y brillante Gobierno y no sabe a dónde va por más que dice estar en el “buen camino”, que es el camino que le han impuesto los líderes de la UE. Así el PP dominador cuenta con un enorme “rebaño” de dirigentes y de gobernantes, pero no tiene “un pastor que los guíe ni tampoco los perros guardianes que conduzcan su manada de poder”. Porque el liderazgo blando y soberbio de Rajoy carece de ideas y hasta del mas que obligado “estado mayor”, ofreciendo en cascada medidas y decretos ocurrentes en vez de consecuentes e integrados en un gran y poderoso plan de acción. Un día es un parche para evitar el drama de la hipotecas, otro la venta de permisos de residencia, el euro por receta sí o no, otro el prohibir pagos de más de 2.500 euros, otro suprimir unos cuantos coches oficiales, o acordar rectificaciones continuas sobre la famosa amnistía fiscal, etc.

El drama de esta situación está en que Rajoy es el único que hoy día puede ejercer el poder al frente de la nación. Pero consciente de sus carencias podría reforzar su Gobierno, sin embargo eso no lo quiere hacer como tampoco renunciar a su fuga permanente ni a maneras autocráticas y displicentes de llevar el poder. Tirando por la ventana un tiempo precioso del que él dice tener el control y anteponiendo a la vez su auto protección por encima del interés general. Convencido Rajoy, además, que la paciencia y capacidad de sufrimiento de los españoles es infinita, y que él no tiene que dar la cara ni comparecer ante nada ni ante nadie porque se cree dotado de un mandato providencial.

Pero el tiempo pasa muy deprisa y las cosas en España van a más y a peor. Y la tensión social sube, y las finanzas están pilladas con alfileres, y las empresas cierran y el paro crece, y el horizonte de 2014 que pregona Rajoy para ver la salida del túnel todavía está demasiado lejos para quienes necesitan soluciones inmediatas, y ya no tienen salida ni tiempo para esperar. ¿Puede cambiar Rajoy su manera de ejercer el poder y reformar y reforzar su Gobierno? Desde luego que puede, pero no es su estilo y ese estilo es el que se ha convertido en parte del problema nacional.