La UE le responde a Mas

Cuentan sus “biógrafos” que Artur Mas se levantó una mañana de la cama como si acabara de tener una revelación y dijo: “voy a liderar la independencia de Cataluña”. Bueno, si cree en ello firmemente y su partido, o su coalición CiU, le apoyan como parece pues debe de actuar en consecuencia. Pero antes de iniciar ese camino, que sin duda será largo y complicado, hubiera sido lógico que el político catalán hubiera hecho el recuento, no ya de sus convicciones políticas, sino de las consecuencias que todo ello tendría para el pueblo catalán a corto, medio y largo plazo. Y sin perder de vista que semejante desafío al Estado español y a la UE podrían provocar de manera inmediata efectos demoledores en la ya difícil situación económica y social de Cataluña, como ya está ocurriendo.

Da la impresión que Artur Mas se ha precipitado sin analizar las consecuencias inmediatas de su triple salto mortal del el más alto trampolín de Cataluña y con el solo argumento, falso como todo lo que ha dicho y prometido, de que “España roba (o ahoga) a Cataluña” con lo que, para empezar, ha abierto una confrontación insultante con el resto de España. Y ha puesto en marcha una fractura social en el territorio catalán que amenaza con extenderse a la situación económica y comercial catalana, como está pasando y puede ampliarse hasta límites insospechados.

Su segundo argumento, también falso, es que un Estado catalán independiente de España seguirá en la Unión Europea, lo que acaba de ser respondido con meridiana claridad por la Comisión Europea que ha precisado que una región de la UE que abandona el Estado que firmó los Tratados europeos quedara fuera de la UE y de los Tratados de manera inmediata. Motivo por el cual dicho Estado perdería el euro, sufriría los aranceles de la Unión, incluso frente al comercio con el resto de España, y tendría que iniciar un largo e imposible proceso de petición de adhesión para lo que va a necesitar de la unanimidad de los países de la UE, lo que nunca va a ser consentido por España, porque ello abriría la puerta al País Vasco y a otras autonomías. Y en esas circunstancias está claro que Cataluña, con su inmensa deuda y pérdidas de todas y cada una de las ayudas del Estado, entraría en una crisis económica de espectaculares dimensiones, y de la que Artur Mas y CiU serían los únicos y directos responsables.

Y si Mas está pensando en un Estado federado, confederado o asociado a España, y por ello no habla de “independencia” pues también se equivoca porque el camino mesiánico iniciado ya ha cerrado todas las compuertas para la puesta en marcha de toda fórmula que constituya un escalón hacia la independencia. Y a todo ello hay que añadir los problemas de legalidad que incluye su desafío y que no se puede saltar a la torera ni en España ni en la UE sin sumergir a Cataluña en un vacío legal y en la absoluta inseguridad jurídica, lo que provocará una estampida de empresas catalanas, bancos, fondos de inversión y multinacionales de ese territorio, a favor de otros lugares de España donde además hoy tienen la mayoría de sus clientes.

Y por esa vía regresamos al argumento inicial de Mas con el que pretende justificar la independencia catalana, como su acusación de que España roba o ahoga a Cataluña. Mentira mayor que ni en Barcelona ni en Madrid ha provocado el menor análisis serio y completo de semejante acusación, lo que no deja de extrañar una vez que la relación global de Cataluña con el Estado y el resto de España es muy beneficiosa para los catalanes, en contra de lo que dice Mas. Basta hacer las cuentas de la balanza fiscal (de la que hay que deducir el IVA e impuestos que empresas y entidades de Cataluña recaudan en el resto de España), la balanza comercial, la balanza turística en el interior de la península ibérica, los activos y los funcionarios del Estado, la parte proporcional (catalana) de los costes generales del Estado, la Seguridad Social, etcétera.

En suma, mentira económica, mentira europea, mentira legal, y por supuesto mentira histórica. Y todo ello amparado por unos medios de comunicación “subvencionados” por el poder catalán (público, financiero y empresarial) con los que pretenden tapar la verdad y la realidad. E incluso la impostura política porque Mas y CiU, si de verdad creen en la independencia de Cataluña, nunca debieron poner como excusa de la ruptura del “pacto fiscal” si su ambición del Estado catalán estaba por encima de todo. Ya les pasó con el Estatut de Maragall que aprobaron en el Parlament cantando Els Segadors con la mano en el pecho y que luego, con Mas a la cabeza, no tuvieron empacho en “cepillar” y recortar a cambio de algo de dinero y de la fallida promesa de Zapatero a Mas de que lo dejaría gobernar en Cataluña si CiU era el partido más votado. Cosa que Zapatero no cumplió pero que demostró que Mas vende o alquila sus principios tan independentistas a la primera oportunidad.

Ahora ha sido la Unión Europea la que le ha hundido otra de sus mentiras y apuestas y también su pretendida pregunta en el tan cacareado referéndum ilegal de: “¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado dentro de la UE?”. La respuesta de la Comisión deja a Mas a la intemperie y le obliga a preguntar: “Quiere usted que Cataluña sea independiente de España y abandone la UE?”. Da la impresión de que Mas se ha metido en un callejón sin salida y que quiere llevar al desastre y al enfrentamiento al pueblo catalán, y eso puede terminar muy mal, incluso para el propio Mas.

Cierto es que a España ya le ha hecho daño en imagen y prestigio, pero España es una nación y un Estado de la UE con una lengua, una cultura y una Historia de reconocido prestigio universal y tarde o temprano de la crisis saldrá. Pero a Cataluña le será muy difícil recuperar la normalidad, por culpa de CiU, y también por la de su entorno empresarial y financiero que ha jugado con el fuego temerario del desafío sin saber previamente a donde van.