Rajoy disimula camino de Galicia

El presidente Rajoy piensa que los españoles son tontos y que la señora Merkel, que se le ha vuelto a subir a las barbas, es mema y no se entera de nada. La cumbre de Bruselas ha sido un rotundo fracaso para España por culpa de Rajoy quien se equivocó, por indeciso y temeroso, al no pedir el rescate de España a primeros de septiembre momento en el que Draghi -empujado por Monti- anunció que el BCE acudiría al rescate de la deuda española en cuanto Rajoy lo pidiera, que entonces debió ser inmediatamente.

Pero el gran indeciso de la Moncloa se durmió, como le suele ocurrir con frecuencia, y a finales de septiembre los países del norte de la triple AAA, Alemania, Finlandia y Holanda dijeron que lo de la cumbre de la UE de junio había sido un error y que no aceptarían que los fondos de la UE fueran a España -como los del primer rescate bancario que aún no ha comenzado- de una manera directa sino avalados por el Estado. Lo que como poco nos costará 40.000 millones de euros a aplicar al déficit público para complicar las cuentas y el ajuste del déficit, mucho mas de lo previsto y esperado. Y ahora, derrotado y perdido, nos dice Rajoy que el coste de cuatro puntos del PIB no es casi nada, que es lo que la zorra decía de las uvas “verdes” que no alcanzaba.

Pero ¿en manos de quién estamos? Ya sabemos que lo del PSOE y Rubalcaba es peor y que, como decía Andreotti: “el gobierno desgasta, pero mucho más la oposición”. Y así lo vamos a ver este fin de semana en Galicia y País Vasco, y no digamos en Cataluña, cuando llegue su turno, porque el PSOE se enfrenta a un fracaso triple que dejará a finales de año a este partido al borde del caos o de la refundación.

Y si eso de quedarse sin oposición le consuela a Rajoy -con la falta que le haría para poner freno al secesionismo catalán y vasco- se equivoca el presidente del Gobierno. El mismo Rajoy al que la canciller Merkel le ha leído la cartilla en Bruselas porque no se fía ni un pelo de las cuentas que España va a presentar a la UE en el mes de noviembre, ni de los Presupuestos de 2013, y la teutona le pondrá un buen precio al rescate de la deuda en las jubilaciones, los fondos para el desempleo y el ajuste del gasto político que es el que aún está por tocar. Rajoy quería que le hicieran un rescate como un traje a la medida, que para empezar ni se llame rescate, sino crédito, o ayuda, o línea de descuento, o cualquier otra cosa o idiotez, pero todo el mundo, la gran prensa internacional y la española, le llamarán por su nombre de rescate. Y luego que le pongan todos los adornos que les venga en gana, que si virtual, imaginario o en 3D, pero será rescate y pare usted de contar.

Eso sí, como ocurrió con las elecciones andaluzas, Rajoy perdió un tiempo precioso a cambio de conseguir, como lo esperan en la Moncloa, un triunfo en Galicia y una pérdida relativa en el País Vasco, mientras el PSOE se desmorona y en el horizonte vasco se dibujan nubarrones que anuncia un dúo secesionista entre Urkullu y Mas en contra de la unidad de España. Y si renueva Galicia dirá que los españoles están con él y que la huelga general no va hacia ninguna parte, por mucho que camine hacia el 14 de noviembre tal y como lo anunciaron oficialmente CC.OO. y UGT.

Galicia es crucial para el PP y puede que un serio problema para el PSOE. Pero el País Vasco es un problemón para España porque se convierte en la antesala de Cataluña y habrá que ver qué ocurre en el día después con el subidón de Bildu y el batacazo de Patxi López que no ha sabido enfrentar el problema ni aprovechar el liderazgo del que ha disfrutado como lehendakari. Porque ni él ni su amigo Rubalcaba -tras la estrepitosa derrota nacional del 20-N, la herencia del lamentable Zapatero- tienen proyecto, ni discurso ni liderazgo para mantener su nivel de escaños en el País Vasco o para remontar el vuelo en toda España, y no será porque Rajoy no les ha dado oportunidades.

O sea que vamos a ver qué pasa en Galicia y el País Vasco, y que consecuencias va a tener en ambas Comunidades y en España en general. Desde luego en Euskadi no se espera nada bueno y se teme que, como en Cataluña, se levante otro huracán.