Rajoy no se atreve con el desafío catalán

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en esto del desafío independentista de Artur Mas, CiU y la burguesía empresarial y financiera de Cataluña (todos van en el mismo barco) no está donde debe de estar: en el puente de mando de España. Mejor dicho está pero escondido detrás del Rey, de otros empresarios y de los medios de comunicación españoles para que entre todos hagan el trabajo que le toca hacer a él. Repite ante Cataluña lo mismo que ante la UE y el esperado nuevo rescate de España: Rajoy no dice nada al respecto y se esconde detrás de Monti, Draghi y Reinh, a los que confunde y desespera, como a la propia Merkel cuya portavoz llegó a decir que “a Rajoy le falla la comunicación”. No es del todo así, la comunicación de Moncloa es un desastre eso es verdad, pero lo que le falla a Rajoy es: el liderazgo y el valor.

No es nada nuevo en él, siempre fue su actitud a lo largo de su ya dilatada carrera política, e incluso como líder de la oposición (en la que vivió de los errores de Zapatero y nunca se atrevió a hacerle frente o poner orden en los escándalos y sublevaciones internas del PP). Por ello en el caso del desafío catalán Rajoy no dará la cara ni actuará con firmeza y por delante de los acontecimientos tal y como debiera frente al desafío de Artur Mas y de CiU. Y dejará pasar los escasos sesenta días que faltan de aquí a las elecciones catalanas del 25 de Noviembre, que van a ser más importantes que los que seguirán al resultado electoral.

En el caso catalán calla Rajoy con mas motivo, porque supone un riesgo no solo político para España sino también personal. Lo decía Mas tras su visita a la Moncloa “con Rajoy es imposible pelearse”, pero le faltó añadir: “sobre todo porque nunca sube al cuadrilátero”. Y eso es lo que está haciendo con el desafío secesionista. Manda al Rey por delante, primero con una carta y luego con sus fallidos viajes a Barcelona, como diciendo “vaya usted Majestad, que a mi me da la risa”. Luego hace unas llamaditas telefónicas o celebra unos encuentros privados con empresarios catalanes y después envía a su “niña” Sorayita a parlamentar con Sánchez Llibre de Unió para recordarle que nada más llegar al Gobierno, Rajoy indultó a dos delincuentes de Unió condenados por corrupción en el Tribunal Supremo. Y finalmente, ahora, Rajoy acaba de echar al agua y de enviar a Cataluña a su “armada invencible” de papel prensa, El País, El Mundo, ABC y La Razón, todos ellos con sendos y variados reportajes sobre las plagas que caerán sobre Cataluña si las huestes de Mas avanzan hacia la independencia.

Puede incluso que la declaración del presidente de Planeta, José Manuel Lara (amigo personal de Rajoy que le ayudó a hacerse con Antena 3 TV, en tiempos de Aznar), haya sido sugerencia de Rajoy. Pero que Rajoy salga con solemnidad, en el Parlamento o en el palacio de la Moncloa a decir ¡basta! O hasta aquí hemos llegado y a desmentir las falsas (por incompletas) cuentas de Mas sobre la relación económica de Cataluña con España, advirtiendo seriamente de las consecuencias políticas y constitucionales del desafío, todo eso Rajoy nunca lo hará. No es su estilo, ni siquiera cuando el presidente de la Generalitat anuncia que va a crear unas estructuras de Estado en Cataluña, o aprueba en el parlamento un referéndum de autodeterminación inconstitucional.

Rajoy nunca está ni se le espera. Y menos aún cuando Rajoy se ha tragado el regalo envenenado de sus amigos empresarios de Cataluña que, muy temerosos de la “II Guerra del Cava” –el único lenguaje que entienden en Cataluña la burguesía que apoya la secesión de Mas-, le han dicho a Rajoy que no hay que despertar a “la fiera” del nacionalismo español,  que conviene una respuesta de “bajo perfil” y que el tiempo lo cura y el diálogo arreglarán el problema tras la imparable victoria electoral de CiU y el hundimiento en Cataluña de los partidos españolistas el PSC  (sobre todo) y el PP.

Y claro Rajoy vio el cielo abierto y puso en marcha la estrategia del “bajo perfil”, su especialidad para todo. Para el rescate de la UE, los problemas internos del PP, los desafíos internacionales como los de Kichner o Mohamed VI y, por supuesto y con mas motivo, para el caso catalán. Y ahí estamos en lo que mas le gusta a Rajoy: el bajo perfil, para uno que siempre está de perfil. Ahora bien, cuando pasen las elecciones catalanas y si Artur Mas –que no está de perfil, ni acepta recaditos del Rey o de empresarios pro españolistas, ni lee la prensa de Madrid, “ladran luego cabalgamos”, se dirá- logra en Cataluña una mayoría absoluta o un pacto con ERC y convoca el referéndum de autodeterminación al margen de la ley, entonces ya veremos que pasa con Rajoy. Y que pasa con España por culpa de la desidia, el miedo y la indecisión del primer gobernante del país.