Rescate a la banca y castillo de naipes

El Gobierno de Mariano Rajoy está haciendo “sus deberes”, como le gusta decir al jefe del Ejecutivo, y poco a poco va poniendo un poco orden y claridad en la dramática situación de las cuentas de España, relativas al déficit público, los Presupuestos del Estado, el sistema financiero, las Comunidades Autónomas y el gasto y los fondos sociales. Se avanza lentamente pero “cabalgamos” en un sendero todavía lleno de trampas e incertidumbres españolas y europeas, muchas de las cuales son ajenas a nuestro país. Y todo ello en medio de grandes tensiones sociales e institucionales, tal y como ahora ocurre con los desafíos nacionalistas de Artur Mas.

El Gobierno de España camina por la cuerda floja y construye su propio castillo de naipes de cristal sobre una base resbaladiza en la que todavía no se puede descartar un derrumbe, aunque todo lo que se ha hecho en ajustes de gastos y reformas estructurales da la impresión que constituyen cimientos fiables, por más que queda mucho por hacer en las necesarias reformas del gasto político (en Autonomías, Ayuntamientos, empresas públicas, etcétera), y que tenemos sobre nuestra cabeza una espada de Damocles como es la ausencia de crecimiento que, de empeorar en 2013 y prolongarse en 2014, podría poner el país al borde de la quiebra y de la salida del euro, riesgos que lamentablemente no se pueden descartar.

Ahora, mientras Rajoy deshoja la margarita de los mil pétalos, sobre el esperado rescate financiero de España que el Gobierno debería pedir sin dilación para crear un cinturón de seguridad y estabilidad financiera, preservando y reduciendo los costes de la deuda y los intereses –que en 2013 serán 38.5000 millones-, se acaba de subir el telón de la situación de la banca española y de sus necesidades –en caso de escenario de máxima crisis con una recesión de hasta el 4%- de capitalización. Las que los auditores de Oliver Wyman han situado en 59.300 millones de euros, para reducirlas a 53.400 si se tienen en cuenta las fusiones bancarias y ciertos descuentos fiscales, lo que ha llevado al Gobierno a decir que, en realidad y para cubrir necesidades extremas, España solo va a necesitar y pedir a los fondos de rescate financiero de la UE, 40.000 millones de euros del total de los 100.000 millones que el Eurogrupo de la UE ofreció a España. Esta cifra ajustada está a su vez pendiente de que la UE clarifique si será una ayuda directa a los bancos más necesitados (los intervenidos, Bankia, CNGalicia,  Caixacataluña y Banco de Valencia) y los que requieren ayudas (Banco Popular, Mare Nostrum, Ibercaja, …), o si por el contrario será una ayuda financiera avalada por España que pesará y mucho en el déficit español, como ahora pretenden Alemania, Finlandia y Holanda.

El resultado de la auditoría de Oliver Wyman es importante y en cierta manera bueno por clarificador. Y porque la gran banca del país (Santander, BBVA, Caixabank, Kutxabank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) sale muy bien parada y reforzada, cosa que no podrán decir otros grandes bancos europeos, los franceses y alemanes ahí incluidos. Pero estas “notas” tampoco son para el optimismo ni  para echar cohetes, porque los bancos intervenidos y el riesgo de otros como el Banco Popular –el que dice que saldrá solo de su agujero de más de 3.000 millones-, es de por si un enorme fiasco nacional, en el que tienen graves responsabilidades los gestores de esas entidades (aún no se explica cómo Rodrigo Rato permanece en la presidencia de Caja Madrid), porque todo apunta a que todo ese dinero de ayudas europeas y españolas avaladas por el Estado no se va a recuperar (puede que solo una parte) y ello ya es una enorme pérdida para España.

Ahora bien, la clarificación está hecha, España puede y debe, a partir de ahora recibir, los fondos del rescate bancario de la UE, y en unos pocos meses, de aquí a final de año se ha de producir una urgente y acelerada reestructuración o cierre de entidades, nuevas fusiones y puesta a disposición del llamado “banco malo” de los activos podridos, lo que si se cumple será una limpia y un ajuste de gran relevancia. Algo que se debería completar con la “unión bancaria” y su sistema de supervisión del BCE, asunto que fue aprobado en la pasada cumbre de junio de la UE y que ahora está en cuestión por culpa del Gobierno de Berlín y de sus halcones del Bundesbank.

De manera que, en solo unos días, parece clarificado el marco de la banca española problemática y sus vías de solución, y a la vez el Gobierno ha diseñado unos Presupuestos muy austeros para 2013 y puede que muy voluntaristas, vista la recesión y la caída de los ingresos por recaudación del Estado. A la vez se anuncian nuevas reformas estructurales que se aplauden desde la Comisión de la UE y se pretende cumplir a finales de 2012 con el objetivo de déficit del 6,3 % impuesto por la UE, algo bastante difícil a la vista de la situación española, como está por ver qué pasará con las pensiones en 2013 ahora que se adivina una subida importante de la inflación de este año, y una caída de los ingresos del Estado que le han obligado al Gobierno a tocar la “caja de reserva” de la Seguridad Social, un hecho que no deja de alarmar.

El Gobierno de Rajoy hace cosas, toma decisiones, avanza, pero también con enormes retrasos –la crisis financiera se debió de  abordar a fondo en diciembre de 2011- varios errores, ocurrencias y no pocas discrepancias internas en el seno del Gobierno, y sobre pésima política de comunicación. Y ojalá que acierte el Gobierno y que el castillo de naipes de cristal resista las inclemencias de la coyuntura internacional y nacional. La clarificación y los ajustes en ciernes de la banca de España son un buen y nuevo puntal para el mencionado castillo, aunque, dicho está, esa pirámide ideal aún no ha logrado su plena estabilidad.