El bajo perfil y la fiera española

No es de extrañar que el Rey de Marruecos, aprovechando todos los problemas que sufre España y especialmente el catalán, haya enviado sus provocadores a jalear la independencia de Ceuta y Melilla, que es lo que solía hacer su padre Hassan II -lo hizo con el Sahara con Franco moribundo- para tapar problemas internos, como los que tiene Mohamed VI con su “primavera árabe”, la corrupción y su gobierno islamista que veremos cómo acaba.

Lo que anuncia que a Mariano Rajoy le tienen tomada la medida de su debilidad proverbial dentro y fuera de España, Cristina Kichner, Evo Morales, Hugo Chávez, Mohamed VI, Artur Mas y pronto Iñigo Urkullu. Y dentro de unos meses Esperanza Aguirre desde el interior del PP tras huir de Madrid como antes huyó de Bombay y del Congreso del PP de 2008, dejando a los suyos en la estacada y para no tener que tomar decisiones difíciles dejando a Rajoy a fuego lento. A ver si ¡por fin! ella se alza con el liderazgo del PP como “zapadora” (“pico y pala”) de la derecha radical, que ella califica de liberal.

Estamos en el limbo, un extraño vacío de poder por parte de los primeros gobernantes y dirigentes –PSOE incluido- de la nación, todos perdidos en el paraíso de la perplejidad y amparados por el discurso de la “prudencia” para no despertar a “la fiera” española como escribe Cebrián en El País, completando el discurso de los escapistas de la responsabilidad y de la realidad. O simplemente como adaptación del argumento fatalista de: Rajoy es lo que hay y “con esos bueyes hay que arar”, mientras la nación española se bate en retirada, con el rabo entre las piernas.

En Madrid impera el llamado “bajo perfil” -o aquello de “el mejor desprecio es no hacer aprecio”-. En suma paños calientes de Rajoy y de Rubalcaba (agobiado por la crisis del PSC), mientras el Rey sestea, “bloguea” o “twittea” por Internet, ante los desafíos secesionistas de Artur Mas, en su condición de presidente de la Generalitat y por tanto de máximo representante del Estado en Cataluña. Y así va pasando impunemente el tiempo con cierta dosis de indignidad nacional y desamparo de los ciudadanos españoles, en especial los que viven en Cataluña, y pronto los que están en el País Vasco, ante la cercanía de la próxima escalada del nacionalismo rampante vasco (PNV y Bildu), tras los comicios del 21 de octubre.

Los españoles de bien, que sufren la crisis, están soportando a un Gobierno errático e incompetente -que no sabe qué hacer con los bancos, las autonomías, los rescates europeos, el paro etc.- y han visto a Mas pavonearse en el Ruedo Ibérico con algo que nadie se atreve a desmentir en Madrid, sus tres mentiras: la Historia de la Cataluña independiente (que nunca existió); el déficit catalán en la relación económica con el resto del Estado (lo que es falso y favorable a Cataluña); y “el millón y medio de manifestantes” independentistas de la Diada (apenas llegaron al medio millón). Actuando Mas, en la frontera de la ley al enviar a sus consejeros a la manifestación; anunciar la puesta en marcha de normativas de Estado; y amenazar, a través de su portavoz, con la posibilidad de que el parlamento catalán declare la independencia de Cataluña.

Parlamento que esta semana hará una proclama secesionista, a título de ensayo general y con vista a unos comicios anticipados, ante las narices del “prudente” Rajoy, quien no cesa de ofrecer a Mas mejoras fiscales de poca monta y diálogo infinito: “por mi no va a quedar”, dice el “fantasma” de la Moncloa, ante las miradas atónitas de los primeros gobernantes de la UE que se preguntan por dónde va estallar España: si por la deuda, las autonomías en quiebra, la banca, Cataluña, el País Vasco o Ceuta y Melilla.

Rajoy y el Gobierno del PP no se atreven a parar en seco los pies a Mas y a la Generalitat -los que para colmo están pidiendo el rescate financiero de Cataluña al Estado español. Ni tampoco se las tienen tiesas con al poder financiero y empresarial catalán, que avala y financia los partidos independentistas y a sus altavoces de los medios de comunicación con los fondos que los “próceres” de Cataluña recaudan de los bolsillo de los españoles, en el resto del territorio español.

O sea, que cornudos y apaleados con nuestro propio dinero (el del Estado y los consumidores y ahorradores de toda España), por los gobernantes y gerifaltes económicos de Cataluña. Los que ahora se emocionan cantando “Els Segadors” y no respetan España ni la Constitución. Aunque la derecha catalana y nacionalista ni canta ni se emociona ante el incumplimiento de la ley -que garantiza sus negocios- o la violación de las normas más elementales de la democracia, las libertades y los Derechos Humanos. Por ejemplo, para defender a las familias españolas de Cataluña para que sus hijos estudien y trabajen disfrutando de la lengua castellana, la universal y oficial del Estado español. Algo que el Gobierno de Mas -como los de Pujol, Maragall y Montilla- prohibió sin que nadie, desde la Moncloa (Aznar, Zapatero o Rajoy), le obligara a rectificar.

Mohamed VI debería tentarse la chilaba -como Mas la barretina- antes de jugar con la integridad territorial de España y rondar las verjas de Ceuta y Melilla. Pero el monarca alauita ha visto perder pie al Rey Juan Carlos -su primo- y dudar a Rajoy ante Cataluña, y al ministro de Defensa, Morenés, decir que no tiene dinero para la gasolina del desfile nacional del 12 de Octubre de las Fuerzas “Desarmadas” españolas, y eso excita los ánimos de conquista del moro de Rabat, necesitado de echar carnaza a los islamistas de su primavera particular. O sea, al perro español “todo son pulgas” y encima ha de tener mucho cuidado para no despertar la fiera del patriotismo español (sic).

¿Qué hacer y con quién? esa es la cuestión. Quizás la situación requiera otro liderazgo nacional y otro Gobierno -en Atenas y en Roma así se hizo- de base más amplia, como una gran coalición PP-PSOE, presidida por alguien con liderazgo y sin renuncia a la dignidad nacional, porque alguien habrá en este país. Y mientras tanto a esperar sentados bajo el árbol de la paciencia infinita y el bajo perfil con riesgo de que la solución al problema de España llegue demasiado tarde, si los adversarios y los acreedores, que tienen prisa, desbordan el marco constitucional o nos provocan la quiebra nacional. Lo que en las actuales circunstancias nadie debe descartar.