Rajoy y Rubalcaba juntos frente a Mas

Cabe preguntarse: ¿para qué quiere Artur Mas un pacto fiscal con España cuando dice tener al alcance de su mano la independencia del Estado nacional catalán? Pues muy sencillo: para que España le financie el proceso hacia la independencia. Estamos en la ceremonia de la gran mentira catalana, por más que Mas haya insistido en Madrid que dice la verdad, como cuando afirma que Cataluña pierde dinero en su relación fiscal con España, ocultando la balanza comercial, de servicios, asistencia social e infraestructura. Lo malo de todo esto es que el Gobierno del PP y desde la oposición del PSOE (o viceversa en años anteriores) se ha perdido demasiado tiempo mirando hacia otra parte o haciendo la vista gorda hasta que los nacionalistas, acostumbrados a mentir y disimular, se han encontrado con eso de Mas llamó ayer en Madrid “la pared”, que no es otra cosa que la Constitución Española. La que el PSOE y el PP tenían guardada en un desván y que ahora han empezado a desempolvar.

El dato más relevante del encuentro entre Mariano Rajoy y Artur Mas en el palacio de la Moncloa no ha sido el rechazo del “pacto fiscal” que el presidente catalán y líder de CiU ha vuelto a pedir, porque ya se sabía que semejante violación constitucional era de todo punto inaceptable, y así se lo confirmó Rajoy en nombre del Gobierno de España. Lo más importante es que Rajoy dijo a Mas -como lo reveló el catalán en su rueda de prensa- que el PSOE y el PP se oponen frontalmente al desbordamiento constitucional por parte de CiU y de las instituciones catalanas, y ese avisó que Rajoy transmitió a Mas en su nombre y en el de Rubalcaba marca una línea roja infranqueable y un importante acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP, que representan a cerca del 90 por 100 del Parlamento español y de la soberanía nacional. Y preguntamos, si esto sigue así ¿no sería bueno pensar en una gran colación y un gobierno PP-PSOE? Al tiempo.

En todo caso, agotada la paciencia ante las mentiras -sobre la discriminación económica y financiera de Cataluña- y los desafíos y las amenazas independentistas del gobierno catalán, CiU y sus empresarios y medios de comunicación (afines y subvencionados), parece que el jefe del Gobierno, Rajoy, y el líder de la Oposición, Rubalcaba, se han unido de la mano para hacer frente al disparate secesionista y mandar un mensaje nítido a los ciudadanos de toda España, así como a los catalanes y a los vascos, advirtiendo de que no se va a consentir el desbordamiento del marco constitucional. Algo a lo que ayer hizo alusión el ministro de Justicia, Gallardón, diciendo que “si se renuncia a la Constitución se renuncia a la Autonomía” porque la legitimidad de esta última emana de la Carta Magna.

El siguiente paso, según se desprende de las palabras de Mas es una nueva escenificación de la ruptura entre Cataluña y España, porque Mas no vino a Madrid a pedir una mejora de la fiscalidad catalana, que Rajoy si le ofreció, sino a pedir la independencia de la Hacienda catalana, al margen de la Constitución, lo que supone pedir al Estado español que financie el proceso de independencia de Cataluña que agitan el gobierno de Mas, CiU y ERC. Y ese ha sido el primer acto del “drama catalán”, que se ha saldado con el esperado fracaso de Mas. El segundo acto o escenificación de esta ruptura se llevará a cabo los próximos días 27, 28 y 29 durante el debate general del parlamento catalán, a cuyo término Artur Mas anunciará unas elecciones anticipadas -posiblemente para finales de año- en las que su partido llevará en su programa electoral la independencia de Cataluña. Algo que no hizo en las elecciones anteriores lo que deslegitima las actuales invectivas secesionistas de su Gobierno. Mas pretenderá convertir esas elecciones en un plebiscito sobre la independencia de Cataluña para, desde ahí, ver como desborda el marco constitucional, abriendo un camino de gran incertidumbre política, económica, comercial y financiera en toda Cataluña y sobre todo una grave fractura en la sociedad de esa Comunidad.

Y, todo ello, en la espera de que el PNV, que presumiblemente va a ganar las elecciones en el País Vasco, haga otro tanto ayudado por Bildu, lo que supondrá tener abiertos dos frentes nacionalistas en contra de la unidad de España. Y lo que exigirá una respuesta nacional española a ambos desafíos.

Los que han llegado demasiado lejos, entre otras cosas por falta de respuesta -al victimismo económico catalán- del Gobierno de Rajoy (y antes del de Zapatero), por abandono, por parte del PP y del PSOE de todas estas cuestiones de unidad nacional e identidad española, coqueteando con los nacionalistas de una y otra parte. Y por falta de visión de Estado frente a los problemas que España tiene planteados, en la economía, el paro, la cohesión nacional y en la unidad e identidad de España tan imprescindibles para hacer frente a la crisis general que nos invade.

De ahí la importancia del pacto, ese sí, de Rubalcaba y Rajoy para defender la Constitución y la unidad de España. Un pacto que los dos políticos deberían extender a la lucha contra la crisis y a todo lo relacionado con la permanencia de España en el euro y la UE. Y quizás sería bueno que ese acuerdo del PSOE y del PP ahora se escenificara en el Parlamento nacional, porque no basta hacer “luz de gas” o pretender quitar importancia a las invectivas y los desafíos de Mas, porque ya es demasiado tarde para ello y los españoles (sobre todo los que residen en Cataluña y el País Vasco) necesitan visualizar esa unidad del PSOE y PP y la fuerza democrática y soberana española que ayer se empezó a vislumbrar.