Carrillo, coautor de la reconciliación nacional

La muerte de Santiago Carrillo en Madrid a los 97 años de edad pone un punto y aparte, o puede que un punto final, a una parte importante de la Historia reciente de España como protagonista que fue del inicio y final de la segunda República Española, de la Guerra Civil (especialmente en la defensa de Madrid), del exilio de la izquierda española durante los 40 años de franquismo y, de manera especial, de los años de la transición donde desempeñó un papel determinante en la “reconciliación nacional” entre todos los españoles -no en vano era el líder de la única oposición real al franquismo-, y en el regreso al país de un régimen de libertades y una democracia que, con todos sus defectos y carencias, permitió una larga etapa de paz y desarrollo en España.

Los Reyes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y todos los líderes políticos del país tuvieron ayer palabras de elogio y reconocimiento para la persona de Carillo, por encima de sus diferencias ideológicas, y de manera singular los dirigentes de la izquierda que reconocen en él a quien fue un luchador por la defensa de sus ideales de la República y de los movimientos nacionales e internacionales de la izquierda de Europa, e internacional desde los albores del siglo XX, donde empezó a militar en las Juventudes Socialistas y luego en el PCE donde durante 22 años lideró a los comunistas españoles.

Forjando Carrillo una revisión ideológica y reforma permanente del PCE -la ruptura con la URSS, fin del leninismo, su paso hacia el eurocomunismo, reconocimiento en España de la monarquía y la bandera española, etc- y sobre todo impulsando, desde su etapa final del exilio el discurso de la reconciliación nacional, primero, y de la reinstauración de un régimen democrático, después, tras la muerte de Franco.

Santiago Carrillo, como él lo ha reconocido, fracasó en su intento de lograr instalar en España una revolución obrera y comunista, y ni siquiera un régimen socialista, desbordado por los nuevos tiempos, las nuevas ideologías y los poderes y partidos mucho más exitosos como los socialdemócratas, los conservadores y los liberales y social cristianos de las democracias de Occidente. Pero en su trayectoria y al final de su dilatada carrera política Carrillo fue una persona crucial en el proceso de reconciliación nacional, a la muerte de Franco, entre las Españas enfrentadas en la Guerra Civil, y ese es su mayor logro, que permitió el arranque sin más enfrentamientos ni traumas de los primeros años de la transición.

Por ello, y su protagonismo político en los últimos 80 años, hoy Santiago Carillo está como una figura importante en la Historia de España, con sus luces y sus sombras que las tuvo, y también con su indiscutible inteligencia y capacidad de diálogo para pactar.

Su muerte coincide también con la profunda crisis de la izquierda en el mundo ante los nuevos desafíos de la sociedad global y de las nuevas tecnologías. Una crisis de la izquierda agudizada en Europa y en España, como consecuencia del estallido financiero de las democracias de Occidente, en la que los sectores llamados más liberales y conservadores, responsables del derrumbe de los modelos especulativos financieros, se han convertido a la vez en los vencedores políticos de dicho desplome ante la falta de recetas y de realismo de la izquierda que, finalmente, tuvo que asumir, que el modelo liberal/capitalista era insustituible de forma radical como lo pretendían sin éxito los dirigentes de la izquierda en las democracias occidentales, porque ese modelo constituía a la vez el sistema circulatorio de la economía y recursos sociales de estas democracias y del conjunto de la economía y comercio mundial, como se ha visto con la adaptación de China al nuevo tiempo.

A Carrillo toda esta revolución tecnológica y crisis económica y financiera española, europea y mundial, le quedaba muy lejos de su alcance, y puede que incluso de su capacidad para entender, a estas alturas de su larga vida, algo que todavía no entienden ni han asimilado los primeros gobernantes del mundo, los españoles ahí incluidos. Pero de su memoria y trayectoria sí convendría hoy resaltar su capacidad de diálogo, de pacto y reconciliación. Algo que en la España en crisis de hoy, en crisis económica, social, de valores, institucional e incluso de unidad e identidad nacional, se presenta como algo necesario para salir del gran atolladero en el que se encuentra este país.

Carrillo fue un revolucionario bastante pragmático y ello le costó muy caro a lo largo y al final de su vida política, en incluso entre su amigos y sus compañeros de la izquierda. Pero fue coherente y generoso, en esa etapa final y especialmente en los primeros años de la transición, en pos del interés general de los españoles y de España. Y eso es lo que ahora, en su despedida, la gran mayoría de dirigentes y gobernantes de España, y muchos ciudadanos, le han reconocido de manera mayoritaria en este su punto y final.