Cataluña “exige” 5.000 millones

El gobierno catalán que preside Artur Mas ha solicitado el rescate de su Comunidad Autónoma por un total de 5.000 millones de euros, como consecuencia del despilfarro –una buen parte de él dedicado a la promoción del soberanismo catalán- y por la pésima gestión de la economía pública catalana tanto por el Gobierno de Mas como de los anteriores Ejecutivos del llamado “tripartito” que presidieron Pascual Maragall y José Montilla y que, a juego con la locura general del gasto público que se ha implantado en España en los últimos años de la loca burbuja inmobiliaria, han llevado al Estado español a una grave situación financiera y a varias Comunidades Autónomas al borde de la quiebra, como ocurre en Cataluña.

Y está bien que Mas solicite ayuda al Estado –del que Cataluña recibe más dinero del que reconoce y del que obtiene una gran ventaja en su balanza comercial y de servicios con el resto de España-, pero llama la atención el discurso chulesco y por otra parte desafiante con el que Mas pretende camuflar el fracaso de su gobierno (y de los gobiernos del “tripartito”) diciendo que lo que ahora reclama “es dinero de los propios catalanes”. Lo que es absolutamente falso porque ese dinero es del conjunto de los españoles, catalanes incluidos. Mas pretende con esa agresiva petición culpar a España de los desastres de los políticos catalanes y aprovechar la ocasión para volver a pedir el llamado “pacto fiscal” que rompería la solidaridad interregional del Estado, reclamando un concierto fiscal similar al vasco que no está contemplado en la Constitución.

La respuesta de Rajoy ha sido, sin embargo, complaciente porque le ha prometido a Mas las ayuda financiera pedida diciendo que el Estado ayudará a las autonomías y los ayuntamientos que ahora tienen problemas, como es el caso de Valencia y Murcia, otras dos Comunidades en quiebra y gobernadas por el PP. Pero Rajoy no ha querido decir nada sobre la propiedad del dinero público que reclama Mas, ni sobre su advertencia de que “no aceptará ningún tipo de condicionamiento político”. Cuando además el catalán debería saber que esos condicionamientos, especialmente los que se refieren al obligado control del gasto público, no solo son del Gobierno de España sino también de la UE y vienen impuestos por los pactos de estabilidad presupuestaria de la Unión Europea, y por las nuevas condiciones del rescate bancario de España en el que se encuentra inmersa Caixacatalunya y ya veremos si a ella se une alguna otra entidad catalana empezando por Banco Sabadell.

Una vez mas asistimos al desafío verbal de Artur Mas cuando en realidad, y visto como tiene su país, debería ser más humilde y más responsable ante la crisis general española y la particular de Cataluña. Un lenguaje impropio de un gobernante que de seguir así acabará teniendo consecuencias graves para Cataluña si una vez más se vuelve a abrir una guerra comercial como la del cava, pero de mayores dimensiones y consecuencias para Cataluña en este tiempo de creciente reducción del consumo en toda España. Porque si los españoles que se sienten agredidos por Mas, de dentro y fuera de Cataluña, deciden dar la espaldas a los servicios y productos catalanes la crisis catalana aumentará de manera exponencial y de nada le serviría su pretendido concierto fiscal.

Pero la clase política catalana vive del victimismo frente al resto de España y tapan sus fracasos con afrentas. Y en el Gobierno de Madrid miran hacia otra parte, evitan la confrontación y dejan hacer y pasar a los nacionalistas, incluso permitiéndoles que no cumplan la ley como pasa con la educación en lengua castellana.

Es verdad que Rajoy esta vez habló en presencia del presidente del Consejo de la UE, Van Rompuy, y no era el momento para dar ante la UE un nuevo espectáculo de falta de cohesión nacional en un tiempo en el que España medita pedir su segundo rescate a la UE, por más que Rajoy y Van Rompuy disimulen diciendo que no se han iniciado negociaciones al respecto. Aunque las cosas ya están bastante claras porque en el seno de la UE se esta trabajando en un plan de acción a favor de las deudas de España e Italia que cuente con ayuda de los fondos europeos y del BCE. Un momento crucial en el que Artur Mas ha vuelto a dar muestra de su falta de responsabilidad política y del don que tiene de la inoportunidad.