Los niños perdidos y el ministro de Interior

En este verano que agoniza no hay día sin su afán, ni sin ministro del Gobierno de Rajoy que no ofrezca su espectáculo particular. Ayer hubo doblete: el titular de Economía, De Guindos, se fue a la prensa extranjera como suele ser habitual en él, para decirnos que la banca española necesitará 60.000 millones del fondo de rescate habilitado por la UE. ¿Cómo lo sabe si todavía no han terminado los test de la banca española?

De Guindos tiene por lo que se ve una bola de cristal en la que el futuro se nos presenta de manera anticipada pero no muy precisa porque el ministro deja caer que habrá un segundo rescate de España, pero no se atreve a más para que Rajoy, que es el hombre pretendidamente “previsible” según sus propias palabras, no se le enfade. Porque ante de reconocer ante los españoles su fracaso por el nuevo rescate habrá que macerar y dejar que se pudra un poco la noticia de su rendición a los pies de los hombres de negro de la UE, porque la técnica del pudridero la tiene muy ensayada el presidente del Gobierno desde sus tiempo de la oposición.

De Guindos canta como la calandria y el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz –otro amigo personal de Rajoy- balbucea un galimatías de excusas imperdonables para admitir que se han podido encontrar los huesos de los niños perdidos de Córdoba, Ruth y José, lo que confirmaría el crimen atroz de su infame padre, José  Bretón, ahora que una nueva autopsia de restos de huesos quemados aparecidos en la finca “Las Quemadillas” (vaya nombre, para confirmar el caso) de los padres del presunto criminal confirma que se trata de restos de niños de dos y seis años, según el prestigioso forense Francisco Etxebarría que ha dejado en el mayor de los ridículos a la policía nacional en un grave caso que ha provocado una amplia y dolorosa alarma social.

Y dice el ministro Fernández Díaz que “al mejor escribano le sale un borrón” y se queda tan pancho, sin cesar a nadie. Uniendo este borrón a su ya salpicada de tinta negra hoja de servicios, donde no cesa de emborronar todo lo que toca, sea el caso Bolinaga o los líos y desafíos del alcalde de Marinaleda, Sánchez Gordillo.

Y ¿qué dice su amigo Rajoy el gran mudo de la política nacional? Pues nada en especial, porque el presidente carece de la menor y mas afinada sensibilidad para dar la cara por este macabro y final acontecimiento del doble crimen de Córdoba y pedir disculpas a la madre y resto de la familia por semejante fallo policial. Rajoy está solo para despachos fotográficos con el Rey o para recibir en la Moncloa –él sentado en el sofá, naturalmente- a Van Rompy, Hollande y Merkel y hablar de grandes cuestiones internacionales mientras disimula la nueva petición de rescate de España que a buen seguro llegará.

Eso sí, la vicepresidenta Soraya envía al Congreso a nada mas y nada menos que cinco ministros para que informen de no se sabe que, o de lo que ella suele esconder todos los viernes en el BOE, siguiendo una costumbre que la vice practica desde que llegó a tan alto estrado en el escalafón del poder. ¿A que van ahora esos cinco ministros –Bañez, Cañete, Margallo, Pastor y De Guindos- al Congreso para hablarnos del agua pasada del verano.

Mejor que envíen a Montoro y Soria para que expliquen cuales son sus discrepancias sobre las empresas eléctricas, lo que sin duda será mas ameno. Aunque Cañete tendrá la oportunidad de contarnos que tal resultó la corrida de toros que vio en compañía del Rey mientras España ardía por ocho costados; y Mato podrá decirnos si ha cobrado a algún país africano los servicios clínicos ofrecidos a los inmigrantes sin papeles; y Margallo lo de la pesca en Gibraltar. Lo de Bañez de los 400 euros y lo de De Guindos de los 60.000 millones carece de la menor importancia, porque ya lo hemos leído en el BOE o en el ‘Financial Times’.

O sea, hace falta una crisis del Gobierno lo antes posible y sin esperar a la petición del segundo rescate porque con los mimbres del actual Gabinete el agua del sentido común y la buena gestión se le escapa a Rajoy de las manos y sin visos de solución. Y a ser posible empezando la crisis por el ministerio de Interior que está resultando una caja de sorpresas y el campeón de la rectificación.