Pensará Rajoy

Pensará el presidente Rajoy que si España sobrevivió a Zapatero en el estallido de la crisis también soportará con resignación y paciencia su mandato presidencial que se encamina, a través de un intenso y tenso otoño, hacia su primer año de gestión en el que la cuenta de resultados del Gobierno del PP será peor que la que heredó el último gobierno del PSOE, como ya se encargará de pregonar a los cuatro vientos Rubalcaba el próximo 20-N.

Las cosas van a peor, pero también es cierto que la resaca de la mala herencia y del tiempo perdido por Zapatero presagiaba que en esta legislatura iríamos hacia el fondo que aun no sabemos si ya se ha tocado o si todavía permanece a mayor profundidad. Como es verdad que el Gobierno ha reducido el gasto y hecho reformas de calado, salpicadas con errores de bulto, como el de la reforma del sistema financiero y el descontrol autonómico al que se niega Rajoy a meter mano en profundidad, empezando por ahí el necesario reajuste del gasto superfluo de la política y de la clase política que es bastante elevado y al que se resisten como gatos panza arriba tanto el PSOE como el PP.

Dicen, los suyos, que Rajoy es un hombre tranquilo que no se deja impresionar por nada ni por nadie, y puede que en mucho tiempo desde el inicio de la transición ningún gobernante de este país se haya visto en la tesitura de abordar una lucha desigual con esta hidra de muchas cabezas que amenaza a España. Y no solo en los temas económicos, financieros y sociales, sino también en los de la cohesión nacional –que se tambaleará tras las elecciones del País Vasco-, en el rescate doble de la UE de bancos y deuda del Estado, en el paro creciente y desesperado y en la ausencia de crecimiento y caída de la recaudación del Estado que impide el poder cuadrar las cuentas públicas y lograr los objetivos del 6,3 % del déficit público, que ya veremos como va en lo que queda del año.

Se dice que ahora, tarde como siempre, Rajoy pondrá un poco de orden en el PP a propósito de los presos de ETA y comunicación como Dios manda y autoridad si se confirma el desembarco en la jefatura del partido de Javier Arenas como Coordinador y por encima de Cospedal, la que debe dedicarse a su Comunidad que, según ella misma, está en quiebra motivo porque el que necesita toda su atención, al margen de su desmedida ambición por estar en la política nacional a ver si Rajoy la coloca en el Gobierno antes de las próximas elecciones manchegas que cree que perderá.

En el Gobierno también haría falta una remodelación porque los ministros presuntamente listos y con títulos rimbombantes no han dado el juego que de ellos se esperaba, y algunos están pidiendo el relevo a gritos, a otros les queda grande el cargo y a otros les hace falta uno o dos vicepresidentes que los ponga firmes y que den noticias y comuniquen como se debe hacer, en vez de dejarse ir a sus anchas aprovechando el inmenso poder en los medios que ahora acaba de acumular Rajoy, su Gobierno y el PP. La Sexta era el último bastión televisivo del PSOE que se pasará a la línea PP de Antena 3 TV, donde ya le esperan Telecinco y Cuatro (de Berlusconi) y RTVE. O sea, el copo televisivo nacional.

Sin embargo el dominio de los medios no va a impedir que los ciudadanos sepan lo que ocurre entre otras cosas porque son ellos mismos los que lo están sufriendo directamente en su familia, casa, trabajo, impuestos, etc. Y si ven una versión distinta a la que tienen a su alcance se indignarán mas aún de lo que están. De ahí que el dominio absoluto de la comunicación corre el riesgo de ser un “boomerang” contra el propio gobierno. Pero a nadie amarga un dulce y el gobierno y el PP lo aprovecharán.

Como Rajoy piensa aprovechar la llegada a Madrid de Hollande y Markel para pavonearse entre la élite europea, por mas que ambos gobernantes de Francia y Alemania vienen mas a pedir que a dar, y más bien a exigir medidas y más ajustes urgentes avisando con el posible castigo ejemplar que algunos le quieren dar a Grecia a ver si, con la expulsión de los helenos del euro -que nadie quiere y de la que todos hablan- se advierte a otras naciones como esta España nuestra o a la Italia de Monti, de lo que puede pasar. No en vano están de por medio dos rescates para España el bancario y el de la deuda, lo que Rajoy se niega a llamar por su nombre con la esperanza de no tener que asumir responsabilidades políticas por el fracaso que suponen. Y si asume alguna será con una mas tardía crisis del Gobierno para poner en las espaldas de otros ese fracaso y esa responsabilidad.

Pretende Rajoy que no pasa nada, que todo está bajo control y, sobre todo, que en España nunca pasa nada por muchas cosas que pasen y en eso tiene mucho de razón. Pero si se acumulan muchas cuestiones de alcance y alta tensión a lo mejor empiezan a pasar cosas trascendentes, porque los ciudadanos han pasado de estar en la resignación a la indignación activa como se verá en el otoño que está en la puerta del mes de septiembre. Y entonces se verá de que pasta está hecho Rajoy. Un político al que Aznar auguró una victoria electoral en 2004 para gobernar en tiempo de bonanza de la economía, cosa que no ocurrió por la derrota del PP después de los atentados del 11-mM y de las mentiras y errores de Aznar. Y a Rajoy le toco ejercer de líder de la oposición que no era lo suyo –como se vio en los ocho años de Zapatero-, y ahora de presidente en pleno huracán de la crisis económica y social, lo que tampoco había previsto Aznar.

Y ahí está el hombre, Rajoy, en pleno Cabo de Hornos de esta dolorosa travesía que él confía pasar victorioso porque en España, pensará Rajoy, nunca pasa nada y porque si pasa lo peor luego lo demás será un paseo militar a lomos de la oposición, y pasará a la Historia como el gran reformista español, y patatín y patatán. O sea, optimismo a granel y el otoño caliente a la vuelta de la esquina y a punto de comenzar.