El “Eccehomo” de los 400 euros

Mientras vemos pelar en Berlín las barbas del primer ministro de Grecia, Andonis Samarás, al que Merkel le exige que cumpla con los ajustes comprometidos para continuar con el rescate de la economía helena, y mientras se anuncian para los primeros días de septiembre la presencia en Madrid de la propia Merkel y del presidente de Francia, François Hollande, en el palacio de la Moncloa no se registra mayor actividad que los llamados flecos del verano. Con iniciativas tardías y de poca monta que se anunciaron días atrás como algo muy importante y que han quedado reducidas al caso “miserable” de los 400 euros y de los desahucios de pisos de alquiler que los inquilinos no pagan. ¿Y estos eran los asuntos de Estado tan importantes que Rajoy fue a informar al Rey, para que el monarca se hiciera unas fotos?

El Gobierno de Rajoy sigue de vacaciones y más valía que no hubiera vuelto ni hecho nada de nada en todos estos días pasados porque el apaño que ha montado con la subvención de los 400 euros para los parados sin empleo es una chapuza indecente. La que coloca en las manos de personas mayores jubiladas el peso y la responsabilidad de dar un mínimo sustento a los miembros de su familia sin recursos.

¡Que paguen los abuelos! dice el Gobierno sin pudor desde las tumbonas del largo y cálido verano, haciendo una chapuza similar a la del patético “Eccehomo” que una anciana beata del pueblo zaragozano de Borja acaba de restaurar a su aire para asombro de medio mundo y la mofa de la jauría sarcástica de internet. Una artista improvisada esta Cecilia Giménez, que debería ser la encargada de pintar el cuadro de la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, que se instalará en su ministerio cuando abandone el cargo, lo que esperamos que sea lo antes posible si esta señora sigue actuando como hasta ahora.

Y eso y los desalojos “exprés” de los pisos de alquiler es todo lo que ha trabajado el Gobierno a lo largo del verano, mientras su ministro de Interior, Jorge Fernández, queda desautorizado por los médicos de la Audiencia Nacional que ahora consideran que el tal Bolinaga, el preso etarra que secuestró a Ortega Lara, puede ser tratado en la enfermería de la cárcel del cáncer que padece y que según los médicos no está en fase terminal. Un dictamen que va a provocar una oleada de indignación nacional si finalmente se le concede la libertad a Bolinaga, un personaje cruel y criminal que no tuvo piedad de nadie y al que nadie en el mundo abertzale, que ahora reclama su libertad, le ha recriminado sus crímenes y su crueldad.

Un asunto el de Bolinaga que ha abierto una brecha en el seno del PP entre Mayor Oreja y Fernández Díaz, similar a las disputas de los ministros Montoro y Soria a propósito de la política industrial de las compañías eléctricas y de su desfase y deuda de tarifa, otro enredo que nadie entiende y sobre el que los ministros no logran ponerse de acuerdo. Y la pregunta que surge en todo esto es la de ¿dónde está Rajoy?

Desde luego, donde no está el presidente del Gobierno es en el puente de mando del país, poniendo orden en su Gabinete con un criterio superior al de la simple ocurrencia de Báñez sobre los 400 euros, o al desconcierto del caso Bolinaga que empieza a oler a extrañas maniobras en la oscuridad como si alguien estuviera en plena negociación secreta con ETA a ver si anuncian el final de la violencia y entregan las armas.

Cabría esperar que este último Consejo de Ministros hubiera aprobado importantes medidas que garanticen los objetivos del déficit del Estado, o iniciativas importantes para la creación del empleo y la reactivación del crecimiento. Pero no, Rajoy sigue de vacaciones y sin anunciar la petición del segundo rescate a la Unión Europea, perdiendo un tiempo precioso y crucial, mientras los mercados (y la prima de riesgo) ya están de regreso de sus propias vacaciones y empiezan a agitar el mercado financiero de la deuda y los fantasmas de los pasados meses que tanto temor y tanta incertidumbre pudieron crear.