Elecciones vascas, la hora de Urkullu

Patxi López ha decidido adelantar las elecciones del País Vasco al día 21 de octubre, en pleno otoño socialmente caliente, y una vez que considera que ETA no anunciará el fin de la violencia y la entrega de las armas mientras en Euskadi gobierne un socialista (o un españolista). Y cuando sabe López que al nuevo lehendakari que triunfe en estos comicios tendrá que hacer nuevos ajustes del gasto público para cumplir con los objetivos de déficit, y que eso desgastaría mas su posición ya bastante debilitada tras los últimos desencuentros con el PP.

Todos, PSE-PSOE, PP y PNV están satisfechos con la decisión de López que seguramente esconde claves como el convencimiento de que el tiempo corre a favor de los abertzales del entorno de ETA y por ello los tres partidos consideran importante frenar esa progresión a ver si con ello evitan que las huestes que lidera desde la cárcel Arnaldo Otegui no consigan ni el triunfo electoral ni una segunda posición. La que pondría al PNV en una situación difícil y ante la opción de una coalición con los nacionalistas radicales, al estilo de la que se fraguó en Cataluña con ERC y que tan mala ha resultado para los catalanes tanto en estabilidad política como en la económica y social.

Sobre todo ahora que toda España está inmersa en una grave crisis económica, social y financiera, y que una integración de los extremistas vascos en el gobierno de Vitoria podría tener serias y pésima consecuencias económicas y financieras para el país, por la posible fuga de capitales y de empresas, a pesar de las ventajas fiscales del concierto vasco. El dinero continua siendo, tanto en Cataluña como en el País Vasco, el primer anclaje y argumento de la integración de ambas comunidades en España, al margen de las reivindicaciones soberanistas, y por mas que CiU en Cataluña haya utilizado la crisis, con fraudulento oportunismo, para culpar al gobierno central de los problemas catalanes y reivindicar mas autogobierno fiscal y político, olvidando que la balanza comercial y de servicios catalana en el seno de España -algo que nadie dice desde Madrid- es mas favorable a Cataluña que la propia fiscal de la que tanto se quejan.

Sin perder de vista, todos ellos, que sin la cohesión de España el país no podrá salir de la crisis y correrá el riesgo de la ruptura del euro y del regreso a la peseta, lo que no quiere nadie en España. De ahí que el empeño de los nacionalistas en jugar con el fuego del soberanismo y la independencia se puede convertir en algo peligroso para todos, y especialmente para los vascos que son los que mejor soportan esta crisis gracias a su poderío industrial.

En eso tiene razón Patxi López cuando asegura que el País Vasco es la Comunidad económicamente mas fuerte y la que mejor ha soportado la crisis, como también es cierto que bajo su mandato en Vitoria ETA anuncio una tregua indefinida, aunque no el fin de la violencia, ni la entrega de las armas. Asunto este espinoso y confuso que depende, a juicio de ETA, de una pretendida y nueva negociación entre la banda y el Gobierno de Rajoy o, en su defecto, de concesiones paulatinas de Madrid en el ámbito de los presos de ETA, como ahora se ve en el caso del etarra enfermo Bolinaga.

En todo caso, lo que sí parece claro es que el PNV –según todas las encuestas preelectorales del País Vasco- ganará los comicios y que Urkullu, un político mas moderado y sensato que Ibarretxe, llegará a partir del 21 de octubre al palacio de Ajuriaenea de Vitoria. Pero no en solitario sino necesitado de una coalición o de apoyos de otros partidos (presumiblemente el PSE), aunque sin duda tendrá sobre la mesa la oferta de una coalición de la nueva formación o el nuevo disfraz de Batasuna (EH Bildu). Una tentación de pacto nacionalista y soberanista a la sombra de ETA que podría tener impredecibles consecuencias en el País Vasco y resto de España, y por el que abogará el sector mas radical del PNV que lidera Eguibar desde Guipúzcoa.

Por si algo faltara en este complejo escenario nacional y vasco, será en el otoño cuando regresen las protestas sociales y cuando el Gobierno de Rajoy debe anunciar la petición del segundo rescate a la UE, cosa que se haría imposible si en el País Vasco surgiera un gobierno de corte independentista con grandes pretensiones de soberanía y desacato a la Constitución como las que pretendió años atrás Ibarretxe, en un escenario económico y social mucho mas estable y ajeno a la vigente crisis nacional, europea y también internacional.