Política Exterior y “una hermosa amistad”

(Carta abierta al ministro español de Asuntos Exteriores, don Jose Manuel García-Margallo)

No echemos todas las campanas al vuelo con los acuerdos financieros de la pasada cumbre de la UE por las ayudas directas a la banca y a la deuda de España e Italia, porque faltan por ver los famosos mecanismos de control que impondrá Alemania y vigilarán el BCE, FMI y la Comisión Europea para el desarrollo y puesta en marcha de los logros que España e Italia han conseguido tras enseñarles a Francia y Alemania los dientes afilados de nuestros dos países que actuaron mas como jabalíes que como cerditos de la periferia europea (los “pigs”), amenazando el plan de crecimiento de París y Berlín y sobre todo la estabilidad del euro y la UE. Este “gol” al alimón de España e Italia a la selección conjunta de Alemania y Francia es un buen comienzo para la que debería ser una nueva Política Exterior de España, en estos momentos de dificultad y deterioro de la imagen y de la presencia en el mundo de nuestro país.

Sin embargo y aunque “ladran” en Berlín los españoles e italianos vamos cabalgando y haciendo camino, aunque no a lomos de briosos corceles sino de dos simpáticos rucios, trotones y empecinados a los que la señora Merkel había pretendido llevar del ronzal. Y la clave de este primer éxito ha estado en el secreto y la sorpresa “con nocturnidad” de la operación del plante de España e Italia en plena cumbre del Eurogrupo. Y, por supuesto, en la alianza previa de Rajoy y Monti, los que partiendo de las mutuas necesidades han sacado la virtud de un pacto político y diplomático, como el que veníamos reclamando entre Madrid y Roma desde hace tiempo en estas páginas y que podríamos definir, parodiando el final de la película Casablanca, como “el comienzo de una hermosa amistad”.

En realidad lo que debería comenzar en España es una nueva y soberana y sin complejos Política Exterior, y no solo con ocurrencias sobre la marca de España –en manos de un personaje sin proyección alguna en el mundo internacional y de la comunicación- porque no solo nos están tratando como a los cerditos del cuento, sino que nos han expulsado de las sillas del BCE y de los fondos europeos, lo que culmina la espantada de Rodrigo Rato del FMI que tan cara le ha costado luego a Bankia, sus accionistas , a las cajas fusionadas con Caja Madrid y al conjunto de los españoles por la  costosa nacionalización de esta entidad y de sus distintos organismos.

España lleva demasiados años sin Política Exterior, y los Gobiernos de Aznar y Zapatero han sido un desastre para la acción exterior de España. Los de Aznar por su ridícula prepotencia (explícita en su foto con los pies encima de la mesa de Bush y fumándose un puro) y excesivo atlantismo, en el menoscabo de la “vieja Europa” de la que hablaba su amigo Rumsfeld y que nos llevó a la guerra mentirosa e ilegal de Irak después del encuentro de las Azores del entonces presidente español con Bush y su otro amigo Blair, con el que Aznar no consiguió avanzar nada en la crisis de Gibraltar. Una guerra apoyada por España que tuvo mucho que ver con los atentados islamistas del 11-M de 2004 en Madrid y solo sirvió para que Washington mediara en la crisis de Perejil. Y a no perder de vista las tensiones de Aznar con naciones con las que España tiene una histórica relación como la de Cuba, que el entonces Gobierno del PP sumió en su “bloqueo diplomático” particular para agradar a EEE.UU, los que si mantienen extraordinarias relaciones con países de regímenes comunistas como China, dictaduras medievales como las de Arabia Saudita y demás naciones del golfo pérsico, o potencias que nada respetan la Democracia como Rusia. Actitudes y distintas varas de medir de USA que comparte España a base de renunciar a sus lazos históricos y poner en peligro, como por ejemplo ahora, la cumbre del bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812.

Los Gobiernos de Zapatero no tuvieron mejor suerte en Política Exterior. Arrancó con la retirada no pactada con EE.UU. del despliegue español en Irak (y lo mismo hizo luego en Kósovo), una afrenta a los aliados. Luego se columpió en la inútil Alianza de las Civilizaciones, y finalmente se hundió en la negación de la crisis económica y en el estrepitoso fracaso de España de la que dijo Zapatero que jugaba en la Champions League de la política internacional, que había superado a Italia e iba a pasar a Francia de un momento a otro, y que tenía el mejor sistema financiero del mundo (sic). Zapatero nos dejó, sin debate democrático y por las bravas, en Rota el Escudo Anti Misiles de los Estados Unidos, que incluye otro riesgo frente al terrorismo islámico -como el apoyo español a la guerra de Irak- y todo a cambio de nada y para pagar, con nuestra soberanía nacional, los platos rotos por su intempestiva retirada de Irak.(Léase el último libro del embajador de España Inocencia Arias: “Los presidentes y la diplomacia”, y ya verán).

De los excesos de Aznar y las carencias de Zapatero (ahora dedicado a dar charlas sobre el Humanismo Cristiano) hemos llegado a la diplomacia de Rajoy, en plena tormenta y con numerosos frentes abiertos en Argentina, Bolivia, Venezuela, Cuba, Ecuador, Gibraltar, la UE y la OTAN, y con el regalo herencia de Zapatero del Escudo Anti Misiles, y la retirada reciente del embajador de España en Damasco (puede que cuando más falta hace, una vez que nuestro país -¡desde los Omeyas!- siempre jugó un papel de intermediación en Siria al que ahora acaba de renunciar. Como pendiente está –desde Calvo Sotelo a nuestros días- la absurda presencia de España en la OTAN sin que la Alianza Atlántica garantice la defensa de Ceuta y Melilla que son los puntos débiles de nuestra defensa nacional. Mientras España sí está obligada a defender a Turquía si, por ejemplo, Ankara se enzarza en una guerra con Damasco, por el reciente derribo de un avión como se enzarzó España en la guerra de la OTAN contra Gadafi (el que fuera gran amigo de Aznar) que pusieron en marcha Cameron y Sarkozy, y a pesar de nuestra debilidad económica y militar (con el portaviones Príncipe de Asturias, averiado y navegando en retirada).

Pero ahí tienen Rajoy y su serio y responsable ministro de Exteriores, García-Margallo, la herencia del asunto del Escudo Anti Misiles de Estados Unidos, instalándose en territorio de España, con riesgo claro para la seguridad y la soberanía nacional, y sin la menor de las contrapartidas para ninguno de nuestros problemas candentes como lo son Ceuta y Melilla o Gibraltar. Asunto este último que ha reverdecido por distintos motivos diplomáticos y pesqueros. Y detrás de todo esto está la doble relación militar –y contradictoria en sí misma- de la presencia en la OTAN que no defiende todo el territorio español, y del Tratado Bilateral con Washington que tampoco defiende las dos plazas españolas del norte de África como cabría esperar. De eso se debería de ocupar el embajador de USA en Madrid, el astuto señor Salomon, quien también debería abordar la cuestión de Gibraltar con Gran Bretaña su privilegiado aliado. Y ya que Gibraltar no fue condición –por culpa de Calvo Sotelo- para el ingreso de España en la OTAN si debería serlo para el Escudo anti Misiles de USA (y si no que lo pongan en La Roca, Marruecos o en las Azores de Portugal).

Y para completar las relaciones de clara, y en casos humillante, inferioridad que España mantiene con otras potencias, varias naciones e instituciones internacionales –en la UE no estaban tratando a patadas, al menos hasta la pasada cumbre del Eurogrupo- ahí permanece esa otra relación especial y dependiente con el Vaticano que habría que reformar (como tantas otras cosas) y que equilibrar. Y a no perder de vista la crisis del Sáhara, donde España tiene una responsabilidad histórica, y el caso difícil por lejano que ahora nos parezca de Guinea Ecuatorial.

O sea España necesita una nueva Política Exterior, digna, soberana y firme. Y ese es otro de los muchos retos que le esperan al Gobierno de Rajoy y lo que se suele aplazar “sine díe” o someter al interés de otras potencias y a posiciones de corte ideológico -en este caso conservadoras- al margen del interés y de la dignidad nacional. Desde el inicio de la transición, la acción Exterior y la diplomacia española –salvo con Suárez, que se las tuvo tiesas con Reagan, Giscard y Hassan II y se atrevió a visitar la Cuba de Fidel, mientras Felipe González se tragaba los “euromisiles” de Kohl como un faquir– fue siempre a remolque de otras naciones y haciendo toda clase de malas componendas. Y hora es que retome el pulso, la iniciativa y se gane su independencia. La alianza puntual de España e Italia en la cumbre de la UE es una pequeña pero buena señal y mucho nos tememos que pueda ser un caso aislado. El que nos ha enseñando que todas las buenas alianzas frente a los grandes –”no hay enemigo pequeño” dicen en Portugal- tienen su importancia sobre todo cuando están basadas en la defensa de los justos intereses nacionales y en la verdad.

1 comentario
  1. MikeLeMR says:

    ¿Confundir empresas con Estados está hecho aposta para confundir al personal? Juan Carlos I sólo sigue siendo necesario en sus fantasías de dormitorio señor Peñafiel. Fuera ya la familia real de los negocios! Así es como han amasado su inmensa fortuna al margen del fisco.

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