Si España e Italia no se plantan nos arrasarán

La final ya oficial de la Eurocopa 2012 fue una premonición. España e Italia se verán, y muy a gusto, las caras en Kiev una vez que la escuadra “azzurra” expulsó del campeonato a la presuntuosa Alemania que pretendía no solo la hegemonía política y económica en el seno de la UE sino también en el fútbol europeo. Bien, pues ayer fue un pésimo día para la canciller Merkel, perdió Alemania frente a Italia la semifinal de la Eurocopa 2012 y Rajoy y Monti le echaron un pulso final en la UE y Alemania, asustada y sorprendida por el desafío, finalmente tuvo que ceder.

Rajoy llegaba a la cumbre de Bruselas como oveja al matadero y en un bolsillo llevaba el tarjetón de Rubalcaba que le dice: “Mariano el PSOE está contigo”. Y eso era casi todo amén de unas palmaditas en la espalda que Hollande le dio a Rajoy a la entrada del Consejo Europeo donde el francés no se atrevía a desafiar a Merkel ni a denunciar sus aspiraciones hegemónicas en el seno de la UE. Las que por otra parte rompen el espíritu del llamado Tratado del Eliseo, que ahora cumple 50 años y que firmaron De Gaulle y Adenauer, en 1963, doce años después del Tratado de París que en 1951 dio luz a la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), embrión del Tratado de Roma de la CE, y de la actual Unión Europea.

Pero estaba claro que si la cumbre europea de Bruselas no hablaba de política sino solo de números, ajustes, déficits, raquíticas políticas de crecimiento y del sálvese quien pueda en la crisis financiera y frente a la furia de los mercados, los españoles y los italianos estábamos perdidos. Y, con nosotros, deberían también estar perdidos el euro y todo lo demás, siempre que los primeros mandatarios de España e Italia, Rajoy y Monti, no se humillaran ante Merkel y no aceptaran limosnas para solventar las crisis de liquidez de la banca y de financiación de los Estados, una pobre respiración asistida, en lugar de exigir un tratamiento de choque frente al ataque infame y selectivo de los mercados. Lo dijo Rajoy al llegar a Bruselas: “a estos precios no nos podemos financiar”. Pues si eso era así no le quedaba otra salida que romper la baraja en el Consejo Europeo con la ayuda de Italia y de otras naciones afectadas. Y esto -que lo pedíamos en esta página en la tarde/noche del jueves- es lo que por fin ocurrió en la madrugada del viernes y lo que obligó a Merkel a rendirse y a ceder, por primera vez y después que Hollande se sumó a las justas peticiones de España e Italia, sobre todo cuando el francés vio en peligro su plan de crecimiento y una gran crisis del euro y de la UE como la que amenazaban con poner en marcha Roma y Madrid.

La unión hace la fuerza. Monti había pretendido ir solo y cortejar a Berlín y París en pos de un “triunvirato” que no le ha funcionado, y Rajoy no tenía ni tiene política exterior (ni la tuvieron Aznar ni Zapatero) y estaba dispuesto a dar y conceder todo lo que le pidan en ajustes, soberanía e intervención de las cuentas del Estado por la troika de la CE, BCE y FMI. Y así, de rodillas, no era nada fácil salir bien parados de la cumbre de Bruselas que finalmente accedió a las pretensiones de España e Italia de ayudas directas a los bancos y a las deudas de los Estados, lo que veremos que efecto causa a corto plazo en los mercados porque los acuerdos de la cumbre tardarán unos meses en convertirse en realidad y habrá que ver la letra pequeña de los mismos, porque Merkel los querrá controlar.

Lo peor de esta intransigencia de Merkel es que la postración de España e Italia (y resto de los “piigs”, Grecia, Irlanda y Portugal) no solo no le preocupa a Berlín sino que le conviene. Porque la mala situación de nuestras naciones impide que se revalúe el euro y eso mejora las exportaciones alemanas. Asimismo, estos problemas nos mantienen en recesión, con duros ajustes e implorando ayudas de la UE que debe autorizar Berlín, lo que implica ceder nuestra soberanía a la hegemonía de Alemania como si de los nuevos Sudetes de tan perversa invasión financiera germana se tratara. Y para colmo Alemania se lleva los ahorros del Sur y de los grandes fondos internacionales a su deuda y a sus bancos, e incluso a nuestros jóvenes diplomados a trabajar en sus industrias y servicios, como si “la bruja” Merkel parodiara al flautista de Hamelin.

España e Italia deben plantear, desde ahora, conjuntamente una concertada y decidida acción política y diplomática contra Merkel, y contra sus aliados (Finlandia, Austria y Holanda), a ver si Hollande se anima a dar la cara y romper la pretendida hegemonía de Alemania, cosa que al día de hoy no parece que vaya a hacerlo, sino más bien al contrario porque París hará ajustes y reformas como le pide Merkel y se pondrá a la sombra de Berlín para que los mercados no sospechen de Francia y ataquen su deuda como lo hacen en Roma y Madrid, aunque el plante de Rajoy y Monti frente a Merkel le puede insuflar algo de audacia a Hollande para distanciarse de Berlín.

El debate de la UE no es sobre unión fiscal y bancaria aunque ello se convierta ahora en la prioridad, ni en la limosna de crecimiento que Merkel le quiere ofrecer a Hollande (120.000 millones no son nada). La crisis es sobre todo política y democrática. Y esconde en su doble fondo una demencial e insolidaria ambición imperial del gobierno alemán. Y ese es un peligro mucho mayor que el de los mercados como la Historia reciente de Europa nos lo enseña. Y hace bien, en estas circunstancias, el primer ministro Cameron desde Gran Bretaña de no aceptar la unión fiscal ni bancaria, ni el superministerio de finanzas que Merkel pretende imponer bajo su liderazgo, imaginamos que recordando el inglés la firmeza de Winston Churchill en aquellos cinco días de mayo de 1940 que luego resultaron cruciales y en los que Londres, afortunadamente, dijo no a un pacto con Berlín.