Del rescate bancario a los islamistas de El Cairo

Por si fuera poca la crisis del euro que asola a Europa, y que tiene a España sumida en el paro y la desesperación y presta a solicitar hoy un primer rescate de la banca hispana, que no sabemos si será el último o el preámbulo del rescate total. Por si los europeos no tuviéramos suficientes problemas en nuestro entorno ahora, en la orilla sur del Mediterráneo, los Hermanos Musulmanes acaban de ganar las elecciones presidenciales de Egipto lo que constituye un avance del islamismo en los confines de la UE y en pleno corazón del Oriente Próximo. Algo que abre incógnitas sobre la paz en la zona donde las tensiones entre Irán e Israel no cesan y en donde acaba de ocurrir un grave incidente armado entre Siria y Turquía que está debatiendo la OTAN, “el ejército de los nuevos cruzados”, según el islamismo mas radical.

En las actuales circunstancias, y sin olvidar la masacre islámica en Madrid del 11 de marzo de 2004 y el alto número de musulmanes que habita nuestro país –algunos de los cuales se han integrado en el islamismo radical- convendría decir a este Gobierno de Rajoy que ya está bien de inútil soberbia, mentiras y de cometer errores y de perder el tiempo, porque las horas y los días se han convertido en algo esencial. Y en la UE ya hemos perdido demasiado tiempo con las dudosas políticas de ajustes y reformas y las huidas del rescate financiero de la UE que hoy empezará oficialmente por la banca y que ya veremos si no avanza hacia la deuda del Estado. Y no por causa del contagio de los pretendidos mecanismos de este rescate sino porque es la marca España la que está contaminada, tal y como lo saben muy bien los banqueros y los empresarios.

Sobre todo porque los mercados no se fían de promesas políticas ni de planes a medio y largo plazo, sino que viven al día. Y al día de hoy España en un país en recesión creciente que apenas está en condiciones de cumplir con los objetivos de déficit de la UE. De ahí que, con la ayuda de la oposición o sin ella, el Gobierno de Rajoy debe de marcar un rumbo definitivo para el país, abordar el rescate financiero, completar los ajustes del déficit y empujar las iniciativas europeas en pos del crecimiento y de la unión bancaria, como elementos esenciales de la estabilidad del euro y paraguas de acero para la crisis española. Y si no ¿cuál es la alternativa u otra posible solución?

Si algo parece claro al día de hoy –y lo ocurrido en Egipto así nos lo confirma- es que la Unión Europa y su especial relación con los países occidentales es el marco idóneo para salir de la crisis. Lo que no impide que Alemania tenga que reconocer la gravedad de la situación y facilitar liquidez y financiación a las naciones con problemas de la UE porque la austeridad sin crecimiento y sin la estabilidad financiera sólo conduce a mas recesión y problemas.

A un círculo vicioso e infernal del que resulta imposible escapar y del que España no saldrá sola ni siquiera con la ayuda del rescate a la banca, mientras nuestros bancos sean los únicos compradores de la deuda del Estado español, como se ha visto en los últimos días y meses, porque los fondos de inversión y entidades ajenas a nuestro país no compran deuda de España ni siquiera a los altos e insostenibles tipos de interés del Estado español. Luego España va a necesitar de un rescate total, financiero y político, y para ello antes deberá reforzar sus compromisos de déficit atendiendo las nuevas exigencias del FMI y la Comisión Europea (IVA, sueldo de funcionarios, deducción por vivienda, edad de jubilación, etc).

Para ello urge que el Gobierno de Rajoy ponga fin a su mas que absurda soberbia ante la UE y disimulo de fracaso ante España, porque también ha de pagar –por sus errores y no solo por la herencia recibida- un precio ante los españoles, diciendo toda la verdad, compareciendo ante los medios de comunicación y ante el Parlamento, y dejando de huir de la dura realidad. Y si hace todo esto los españoles lo agradecerán. Y cuanto antes mejor, porque todo va muy deprisa y lo que acaba de ocurrir en Egipto es una señal a la que nadie debe restar importancia y minusvalorar.